16. Nueva Zelanda 2017. 26 de septiembre, martes. Octavo día de viaje. Picton. Primer día. Segunda parte.

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Cerca del puerto un letrero esquemático informa de las condiciones del mar y no te da mucha seguridad.
Me explico. No es que no crea que no sea fiable, es que me parece poco preciso y bastante exagerado.

Consiste en un semicírculo, como el que llevábamos en el colegio (y nunca usamos) que se llamaba “transportador de ángulos”. Está dividido en 5 sectores de 36º cada uno, con las siguientes leyendas: “calm, ligt, moderate, heavy, storm”. Cada una tiene unas ondas a modo de olas que indican la fuerza del mar y cada ondita equivale a olas de un metro. Así hoy, es “moderado” con tres onditas, o sea 3 metros de altura de las olas. Mucho me parece, pero miedo da pensar cuando sea “storm” con olas de 5 metros. Porque ten en cuenta que este “mar” está al final de un larguísimo “sound” donde la fuerza del mar exterior, vaya del océano Pacifico, debería llegar totalmente debilitada. Pero quizás es que ese sencillo medidor no se actualiza ahora y se ha quedado así desde la última vez, hace tiempo ya.
Hay un puerto en la parte izquierda del pueblo a donde llegan los transbordadores de Wellington y otra zona a la derecha con embarcaciones de recreo. Entre ambas una playita de gruesa arena y piedrecitas, que por supuesto, está vacía.
Al lado de la playa un parque con césped y flores y un parque infantil muy bien surtido. Ahora como abuelo pienso en estas instalaciones como algo muy importante en las ciudades. Y como en este mis nietos se lo pasarían en grande.
Donde acaba la playa y el parque un monumento a los caídos en las dos guerras mundiales con un arco donde en el lado que da al mar están inscritas las palabras “Peace” y “Perfect Peace” y en lado de la ciudad “A la muerte gloriosa 1914 1918”. Desconozco el significado de esa repetición con la paz.

 

Y en la parte opuesta dos lápidas de mármol con los nombres de los fallecidos bajo la leyenda “Hombres de Picton y de Queen Charlotte Sound que dieron sus vidas por el rey y el país en la gran guerra 1914-1918” con 31 nombres y con 12 nombres en la de 1939-1945.
Y finalmente una placa más sencilla con “En recuerdo de quienes sirvieron y dieron su vida en ‘Korea Malaya Borneo South Vietnam’ para que no los olvidemos”. Y aquí ya no hablan del rey, ni de la patria. Quizás en 1914 sí consideraban “la patria” a Inglaterra, pero en 1964 sería difícil tener esa consideración para Vietnam. Y no hablemos del rey.

Y cerca de ese monumento a la guerra te encuentras con la paz cotidiana, nada de la “perfecta paz”: un restaurante llamado “café cortado”, así en minúsculas, nombre que nunca le pondrías a un establecimiento semejante en España.
Y como dicen ahora los políticos y los famosos, “como no podría ser de otra manera” en su carta una “Paella”. Frase que me pone de mala leche, como no podría ser de otra manera.

Y por si eres neozelandés te explican que ese plato tiene pollo de campo de Waitoa. Y digo lo de neozelandés porque si delante de la palabra pollo te ponen “waitoa” imaginas que es alguna cosa exótica. Como la quinoa antes de 2002 o los boniatos después de 2036. Y no, que “Waitoa” es un pueblecito de ese país, pero también una especie de certificado de calidad de los pollos.

Consejo final: si quiere quedar bien con un natural de por aquí, sea con fines sexuales o solo “para amistad y lo que surja”, no dejes de mostrar tu entusiasmo por los pollos de Waitoa.
Te dejo el enlace para que no metas la pata.

Y acabo con el menú del “café cortado”. La paella tiene, además del famoso “chicken”, marisco y chorizo. Vaya, lo que se conoce como “paella neozelandesa”. Digo yo.


Lo que no es nada español es el letrero que hay en el exterior: “Por favor respeta a nuestros vecinos cuando estés fuera, no haciendo ruido”. Vaya, mucho mejor todavía.


¿Lo has visto en algún restaurante español?

Pero no solo encontramos a los del “cortado”, que luego vemos el famoso toro con la bandera española. Corresponde a un establecimiento para mochileros llamado “Alicante”.

 

 

 

 

 

Acabamos nuestro descubrimiento de la ciudad visitando un supermercado. En la entrada un cartel de esos que te tranquilizan al ver lo bien preparados que están, pero te intranquiliza más al comprobar que aquí puede suceder eso, un terremoto.

El primer letrero dice en grandes letras mayúsculas: “DROP COVER AND HOLD”. ¿Qué significarán esos tres imperativos? Pues te dejo el enlace de la Earthquake Country Alliance” (ECA), donde te explican detalladamente como debes comportarte en esas situaciones con el “drop cover and hold”, bien estés en tu casa, en la cama, en clase, o incluso debajo de una presa. Muy interesante.
El otro letrero te dice que esperes que el meneo acabe para desalojar.
Lo dicho, muy previsores pero que acojona un poco.

Después de cenar nos damos una vuelta por la marina. Estupendos yates, bonitas embarcaciones y un mar placido y tranquilo.

Encuentro unas instrucciones para los pescadores y me fijo en las del bacalao. Y es que con estas gentes no se puede competir: lo tienen todo controlado. Si estás al tanto de los problemas de la “pesca con muerte” y del rechazo que genera la nueva normativa entre los que se dedican al negocio de la pesca, por ejemplo en el embalse de Mequinenza (imagino que será lo mismo en el resto de España) verás como estos de Picton están a años luz de nosotros. Pero por delante, claro.
Te dejo un enlace a una noticia sobre esa lucha entre grupos ecologistas y los del negocio de la pesca para que puedas tener una información adecuada.

Por si no te decides a enterarte del problema te dejo una frase de uno de estos últimos, un pionero alemán en este negocio: “Aquí, la idea de traer gente de fuera, llevarlos a pescar, y tener que matar al animal es horripilante y nada agradable”, pues “nuestros turistas, que son de clase media-alta, podrían empezar a valorar si les conviene más viajar a Francia o Sudáfrica si la pesca aquí acaba obligando a la muerte de especies como la lucioperca o el siluro”.

Pues bien, si vienes a pescar bacalao por estas aguas debes cumplir entre otros los siguientes requisitos:
-Dos piezas como máximo por pescador y por día.
-Debes desembarcar con el pez entero o todo lo más eviscerado.
-El bacalao no debe ser fileteado en el mar a menos que te lo comas inmediatamente. Si lo haces así, esa pieza cuenta para el cómputo total.
-Si pescas durante más de un día o fuera de la zona marcada en las normas, puedes tener hasta 4 piezas que debes poder probar que fueron pescadas legalmente y que no has sobrepasado el límite diario.

Oye, que da risa.
“Mire, señor guardia civil de Seprona, solo he pescado estos 4 bacalaos en toda la semana. Y le juro por mi yerno que no me he comido ninguno”.

Además lo tienen tan bien organizado que te puedes descargar en tu teléfono celular una aplicación con las normas que rigen para la pesca, “aunque no tengas cobertura”.

 

 

 

 

 

Además de los barcos y yates del puerto que le dan un aspecto tranquilo y elegante a la población hay unas casitas preciosas a lo largo de la marina.


Vaya que es una monada de pueblo.

NB
Acabo de escribir esto y me percato que el pez al que se refieren no es exactamente el bacalao, o sea el “Gadus morhua”, que aquí hablan del “bacalao azul”, el “Parapercis colias”, pescado muy apreciado en este país como puedes comprobar en los “fish & chips” y que no tiene nada que ver con el “nuestro”.

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