13. Día 8. Chipre 2018. 8 de octubre, domingo. Sexto día de viaje. Salamis y Famagusta. Y alfombras. Segunda parte.

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Vamos a Famagusta y comemos en el restaurante con la decoración más rara que recuerde.


Una construcción que debió ser gótica con lámparas de colores tipo araña, unas flores de plástico por las paredes tipo pop-art y unos rincones que parecen sacados del “boudoir” del marqués de Sade.


Y la comida, a pesar de que era igual a la de todos los días, en este caso con una presentación primorosa. Que hasta el nombre era especial “ROUGE!21”.


Un lugar realmente curioso.


Y ya estamos en la última etapa de nuestro viaje.

Famagusta.
Ahora llamada Gazimağusa o simplemente Mağusa. Te recuerdo el gusto turco por añadirle prefijos heroicos a los nombres de las ciudades.
Si bien la ciudad tuvo un temprano origen, quizás en el siglo III AC, posteriormente hubo dos momentos de especial impulso. El primero cuando la cercana Salamis fue abandonada en el año 684 y parte de sus habitantes se trasladaron allí; más tarde con el comienzo de los Lusignan y especialmente en el 1291 cuando Acre cayó en manos sarracenas. Tú no te acuerdas, pero ese hecho fue muy importante en la historia de la llamada Tierra Santa y en la de los reinos cristianos de esa época y región. Así tras esa pérdida acudieron a Chipre muchos cristianos de esa zona y sobre todo a Famagusta que vio de esa manera incrementar su población y su riqueza. Según Wikipedia un autor alemán del siglo XIV dijo de ella que “Su riqueza sobrepasaba la de Constantinopla y Venecia. Santa Brígida de Suecia, en sus revelaciones, la compara con Sodoma y Gomorra”. Ese esplendor de la ciudad acabó cuando los genoveses se apoderaron de ella. Más tarde pasó a poder de los venecianos quienes construyeron su famosa muralla. Y finalmente los otomanos la conquistaron en el 1571. Y esta victoria tuvo como consecuencia la famosa batalla de Lepanto. Porque la toma de los otomanos no fue algo “normal”, si las guerras tienen algo de normal, y menos en aquella época.


Mientras en Famagusta los nuevos gobernantes transformaron las iglesias en mezquitas, así la catedral de San Nicolás se convirtió en la mezquita de Lala Mustafa Pasha (el conquistador y desollador otomano), los llamados “latinos” (los que quedaron vivos) fueron expulsados de la ciudad, a los “griegos chipriotas” se les permitió quedarse, pero fuera del recinto amurallado, por lo que empezaron a construir un nuevo barrio llamado Varosha y finalmente llegaron emigrantes turcos desde Anatolia. Y la ciudad entró en decadencia.
Cuando llegaron los británicos Famagusta volvió a renacer, el puerto recuperó su importancia y nuevos desarrollos urbanísticos tuvieron lugar en Varosha. Y así siguió cuando llego la independencia de la isla en 1960 y Famagusta, y especialmente Varosha, se convirtió en un centro turístico con casi la mitad de toda la industria hotelera de la isla. Y lo mismo sucedió con su puerto: el principal de la isla y con la mitad de la actividad total del país. Pero llegó agosto de 1974 y la aviación turca bombardeó la ciudad, y sus tropas la tomaron en dos días. Ahora no estaba el valiente Bragadin.
Los griegos chipriotas, que eran la mayoría de la población, huyeron y, a diferencia de otras ciudades, el distrito de Varosha fue vallado por el ejército turco y así permanece hoy: una ciudad fantasma. ¿Por qué? Pues porque la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de mayo de 1984 dice que “considera inadmisibles los intentos de poblar cualquier parte de Varosha con personas distintas de sus habitantes” y por lo tanto el ejército turco, que es quien corta el bacalao en la zona, lo ha dejado abandonado.
Como te creo un seguidor de los dictámenes de la ONU te dejo el enlace para que puedas leerlo completo.
Cuando nos vamos pasamos con el autobús cerca de ese distrito y el guía nos advierte que no se pueden tomar fotografías. El paisaje es desolador y algunos grandes edificios parece que acabarán mal si no se toman medidas urgentes. Es especialmente notable un gran hotel donde se alojaron personajes importantes en los años de esplendor.


Nosotros hemos comenzado la visita turística con la catedral de San Nicolás, ahora mezquita de Lala Mustafa Pasha. Tiene una fachada imponente adornada discretamente con un pequeño minarete y con un interior semejante al de la catedral de Nicosia pero algo más pequeño y con la misma desnudez ornamental.

Un letrero informativo en la puerta nos explica que fue construida entre 1298 y 1312 y que es uno de los más bellos edificios del Mediterráneo. Realmente es precioso, pero un poco exagerada me parece la apreciación. También que fue utilizada para la coronación de los Lusignan como reyes de Jerusalén y Armenia después de que fuesen coronados como reyes de Chipre en la catedral de Santa Sofía en Nicosia.
Es de estilo “gótico radiante” (del francés “rayonnant”) típico de la arquitectura gótica francesa. Imagino que los iconoclastas musulmanes no solo “limpiaron” la catedral de estatuas y otros adornos píos, sino que también destruyeron los vitrales y viendo aquellas enormes y alargadas ventanas piensas en lo maravilloso que sería con la fuerte luz del Mediterráneo.


En el entorno de la catedral más ruinas, entre ellas las de un palacio veneciano y llegamos a la iglesia de San Pedro y San Pablo del siglo XIV, ahora mezquita de Sinan Pasha, y, según un letrero de la puerta, en restauración.


Está medio abierta e intentamos entrar: “lo siento pero están con una actuación de derviches giróvagos”. Empezaba en aquel momento, pero debíamos regresar pronto al autobús y no nos daba tiempo. Entonces una señora que se distinguió durante todo el viaje por sus especiales comentarios, que a mí personalmente me parecían graciosos, le dice a la joven que controlaba la entrada medio en señas, medio en inglés o algo así, si podía pasar solo para ver la iglesia, la joven le dice que no y ella le contesta en perfecto castellano: “ Es que somos españoles”. Por supuesto la portera no le entendió. Afortunadamente. Que parecía un chiste.
Desde allí a las murallas venecianas para subir a la famosa torre de Otelo, por la obra de Shakespeare, pues aunque este no citó a Famagusta sí a un puerto de Chipre y como esta ciudad tenía el puerto más importante en la época de ahí deducen que era Famagusta. ¡Todo sea por el turismo! La vista desde arriba es un poco decepcionante, pues apenas se ve nada.


Lo que si hay son varios leones de piedra que estaban colocados en la entrada de puertas y puentes demostrando el poderío de Venecia.

Las murallas son impresionantes pero requieren de una visita más sosegada, como el resto de la ciudad.

Antes de subir al autobús nos cruzamos con una poderosa novia chipriota vestida para la ocasión. Bueno, no sé si iba a casarse o solo a una sesión de fotografías.
Regreso al hotel.

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