56. Corea 2017. 11 de abril, martes. Trigésimo día de viaje. Seúl, día séptimo. Primera parte.

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Ayer por la noche a través de una información de este blog descubrí que una opinión mía de un viaje a Japón publicada aquí había aparecido en una sección (o algo así) del periódico El País llamada Verne, y lo curioso es que el enlace me venía a través de una web mejicana llamada “Así noticias”. Pues en un principio encuentro estimulante que alguien que no es amigo mío me haya leído y considere mi opinión sobre la vida japonesa. Lo que ya no me gustó nada es que parte de mi frase se la apoderasen como propia. Cosas de la fama. ¿A ver si tengo que comprarme una peluca y gafas de sol para andar por la calle?


Hoy vamos a ir a Suwón, ciudad cercana a Seúl y que la guía recomienda. Ayer por la tarde después de nuestra visita palaciega encontré una caseta de información turística y pregunté por la mejor manera de ir a esa ciudad. “¿Dónde está usted en Seúl y a qué parte de la ciudad de Suwón quiere ir?”. “Pues a Suwón”, contesté como un idiota, pues hasta que llegué al hotel no me percaté de que tiene más de un millón de habitantes y no es lo mismo ir a una zona que otra, sobre todo si tienes en cuenta que vas desde Seúl, que como sabes es enorme. Afortunadamente el informador no tuvo en cuenta mi torpeza, me insistió y yo saqué la guía donde estaba el mapa solo de la parte histórica: ” pues aquí”. Y me recomendó ir en metro y autobús.

Por si vienes:
A Suwón desde Seúl se puede ir directamente en metro con la línea 1 que te deja en la estación de Suwón y desde allí con un autobús urbano hasta la zona histórica. O con tren desde la estación de Seúl, a donde llegarás seguramente con metro, y de nuevo desde la estación de Suwón con autobús. O en nuestro caso en metro hasta una estación “rara”, Seonbawi, pues no tiene ningún elemento turístico cercano, y desde allí por la salida 6 a la calle donde cogeremos el autobús número 3000 que nos dejará directamente en Hwaseong, según nos escribió el muchacho informador.
Pues ha sido el viaje donde hemos recibido más ayuda, sin pedirla y a veces en exceso. Y es que los coreanos son estupendos y misericordiosos. Recuerda de tus enseñanzas religiosas las famosas (antes por lo menos lo eran) “obras de misericordia”: “Dar buen consejo al que lo ha de menester”. Que me he pasado media vida intentado comprender que significaba ese “al que lo ha de menester” y ahora estaba yo allí, en Seúl, siendo el sujeto de tan extraña alocución, o sea el “menesteroso”.
El primer problema es que aunque en principio el metro era directo desde la parada cercana a nuestro hotel, a mitad de camino los pocos pasajeros que quedaban han abandonado el convoy tras recibir unas instrucciones por megafonía. Y nosotros también. Esta es una circunstancia que debes tener en cuenta cuando vengas a Seúl: hay líneas de metro tan largas que solo unos cuantos convoyes hacen el recorrido completo, y algunos (o muchos, no sé) solo lo hacen parcialmente. Y en nuestro caso la información por la megafonía fue solo en coreano, como es normal. Pero es fácil: si todos se bajan, tú también. O para los robots chinos que me leen: ”when in Rome…”
De nuevo en el andén nos disponemos a esperar al siguiente convoy sin saber seguro si irá a donde nosotros queremos ir. Y allí empiezan las ayudas y todas de gente mayor, vaya, jubilados. Una señora nos pregunta que adónde vamos. Sí, allí es donde debemos coger de nuevo el metro. Pero luego para el autobús que debemos coger a continuación ya no está tan segura y como buena coreana saca su teléfono y lo busca. ¡Maldición no consigue conectar! Yo creo que es por culpa del protegepantallas, y ella también. Así que se lo quita. Pues tampoco. Entonces utiliza una técnica para mí desconocida para que haga contacto el dedo con el icono de la pantalla: se moja con saliva la punta del dedo. Pues tampoco surte efecto. Y como el metro está a punto de llegar la señora se pone más nerviosa y le pide a otro señor que lo busque. Llega el metro y todos entramos, pero la búsqueda sigue. La señora nos dice que no debemos bajarnos allí, donde nos habían dicho, sino en otra parada. El señor no opina lo mismo. Yo cada vez estoy más confundido, pero pienso seguir las instrucciones del de turismo. Al final acuden a un joven, pues hasta entonces toda la conversación entre nosotros y ellos era en coreano y creen que el joven habla inglés. Además se había añadido otro amable abuelo que sabía 4 ó 5 palabras en inglés, pero que desgraciadamente no podía leer la información del teléfono por algo de la vista. Y al joven aludido casi le da un ataque de pánico, pero sí saca su teléfono, busca la información y se la dice al señor que no podía leer y nos confirma que la que teníamos era la buena. ¡Gran alegría entre el pasaje de jubilados! Porque a todo esto en ese vagón no había letreros de las estaciones con caracteres latinos y estábamos bastante inquietos con no pasarnos.
Pero lo dicho: todos nos han querido ayudar. Y encima uno al preguntarnos por nuestra procedencia nos ha dicho con una amplia sonrisa que “very good”. Da gusto ser españoles.
Salimos a la calle y allí está en efecto la parada del autobús 3000 con tan mala fortuna que el mapa del recorrido está solo en coreano excepto 4 paradas que lo está también en latín pero ninguna es la nuestra. Vuelta a preguntar pues no vaya a ser que cojamos el autobús en la dirección opuesta. Vamos bien.


Llega el bus y pregunto al conductor de nuevo que si va a Suwon. Que sí. Y una vez aposentados le pregunto por la parada que nos dijo el de turismo. Aprovecho los semáforos pero el hombre se hace un lío pues como es habitual el personal no está acostumbrado, aunque parezca mentira, a leer los nombres de los lugares sino es en coreano. La guía lo pone de ambas maneras pero no logramos entendernos. El de turismo me dijo que era en la parada número 12 pero me temo que a veces si no hay pasajeros no para. Así que no me sirve de mucho. Al final veo otro lugar de pronunciación más clara que también está en el entorno histórico y se lo digo. Es que es más fácil para mí pronunciar ”Paldalmun” que “Hwaseong Haenggung”.
Solucionado, aunque debo ser el turista más pesado de Corea.

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