30. Japón 2016. 19 de marzo, sábado. Decimonoveno día de viaje. Sapporo. Llegada.

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El hotel como todos los de esta cadena está a una distancia de la estación que nos permite ir andando y, como en todos, nos sentimos cómodos en él a pesar de su austeridad.
Ha llovido y todo está bastante sucio pues se junta la lluvia con el deshielo de la nieve casi negra que queda en las calles. Imagino que como es sábado hay mucha gente que ha venido al centro e intenta dejar sus coches en los aparcamientos, así que hay todo un servicio de personal en las entradas de ellos en la calle que guía a los coches para que no interrumpan el tráfico. Y además hay tranvías.


Regresamos a la estación que es el centro neurálgico para conseguir información en la oficina de turismo. Esto ya es otro nivel y la señorita nos explica todo lo que queremos saber. Así me cuenta que mañana es el “Green Day”, que se celebra solo en Honshu aunque aquí también tienen fiesta y que “gracias al gobierno” se pasa la fiesta al lunes cuando cae en domingo como sucede mañana. Como veo que eso le parece estupendo le digo (como hice en Kushiro) lo de los “bridges” españoles y le ha parecido el paraíso del obrero. Vaya, eso lo he imaginado por la cara que ha puesto.
Nos vamos en busca de un restaurante donde quiere comer Marisa. Está en una zona alrededor de un mercado de pescado. Debería decir de un “antiguo mercado de pescado” pues parece un lugar donde solo vamos los turistas. No he visto a nadie comprar pescado como un cliente normal de Sapporo. El camino desde la estación hasta el mercado Nijo-Ichiba se puede hacer por la superficie, como hacemos nosotros, o bien, creo, por una galería comercial subterránea larguísima. Y es que esta ciudad está muy preparada para el invierno. Si no vieras las galerías comerciales que hay debajo y alrededor de la estación no te lo creerías. No sé si habrá alguna otra ciudad con algo semejante. La guía hablaba de una galería así de un kilómetro en Asakihawa, pero no la vimos.


Sapporo al ser una ciudad moderna y diseñada con un criterio racional es una cuadrícula perfecta con grandes avenidas en dirección norte-sur y este-oeste. Un largo parque, Odori Koen, de un kilómetro y medio en dirección este-oeste divide así la zona central en una parte al norte y otra al sur, llamándose de esta manera las calles Norte 1, Norte 2,…Sur 1, Sur 2,…


En ese parque se encuentra la torre de la televisión de cuyo piso superior hay una gran vista de la ciudad pero hoy el día no acompaña.
Pasamos por tiendas lujosas y cafeterías exquisitas. Nos recuerda a algún barrio elegante de Tokio y nos hace olvidar las soledades que hemos atravesado estos días. Y además todas esas cafeterías y pastelerías estaban llenas. ¿Será porque hoy es sábado?
Una comida estupenda en un restaurante pequeñito.


Regresamos en plan visita turística. En el jardín Odori Koen nos sorprende ver como lo limpian y los trozos de hielo que permanecen. Los árboles los encuerdan y quedan más elegantes pero los arbustos pierden la poca prestancia que tenían. Llegan a tapar hasta los letreros que indican la especie a la que pertenecen.


Y de repente veo a un ciego. ¡Un ciego! Había visto una pareja en Kioto subiendo hacia un complejo de templos, pero aquellos parecían turistas. Este no, este era un ciego normal que entraba en una tienda de una cadena de “convenience stores”, que como su nombre indica es muy conveniente conocer y utilizar. Pues bien, veo un ciego y luego a una señorita que intenta ayudarlo a entrar en la tienda. Y estaba preocupado por la ausencia de ciegos. No, no es que yo quiera que haya ciegos, pero es que Japón está cubierto totalmente por unas marcas amarillas que cruzan el país para que ellos puedan caminar con la ayuda de su bastón y me parecía un gasto supérfluo. No porque no tengan que darles facilidades pero pensaba que dada su ausencia con la pasta de esas líneas podrían llevar a vivir a esos pocos ciegos a Tenerife y seguramente ellos estarían encantados. Pues bueno, ya he visto a uno.


Insisto: las rayas amarillas con reborde en el suelo llegan a todos los sitios del país incluidos los lavabos. Por cierto, ¿habrá marcas diferentes en relación al sexo?
Ahora solo me falta ver a un ciego con perro lazarillo.
En el paseo veo un letrero en el suelo de prohibido el patinete. Mucho más barato y práctico que cambiar el pavimento, como hacen en algunos sitios en España, para que no anden jodiendo al personal viandante.


En el centro del jardín han limpiado de nieve una especie de anfiteatro pero me extraña que se pueda utilizar pues la nieve forma una muralla a su alrededor.


Llegamos a la torre del reloj, uno de los puntos clave de la visita turística a esta ciudad. Es un edificio pequeñito rodeado, y casi engullido, por enormes torres modernas. Y como les encanta fotografiarse han colocado unas escaleras para que el personal se suba y se hagan un buen retrato.
Marisa me dice alguna vez que no se ven musulmanes. Creo que la última vez fue en Kioto. Pues hoy una familia se ha retratado delante de la torre del reloj. Por su aspecto podrían ser indonesios, filipinos o malayos.


A pesar del frío que hace vemos a algunas jovencitas con atrevidas minifaldas: atrevidas por la temperatura ambiente, que aunque es de 6ºC, con el viento y la humedad debe ser como 0ºC de sensación térmica. Y también a algunas con medias y zapatos de tacón y también con faldas vaporosas que parece que se van a llevar esta primavera.


Algunos jardines tienen los arbustos cubiertos con un enrejado de bambúes muy artístico, imagino que para preservarlos de la nieve. Dará pena quitarlos de lo bonitos que son. Y una cosa especial de todos estos cuidados invernales es que todos los nudos y atados, y hay muchos, los hacen con cuerdas vegetales.


La siguiente parada turística es el edificio de las oficinas del antiguo gobierno de Hokkaido, llamado “Akarenga”, que significa “ladrillo rojo”. Un cartel dice que es de estilo “americano neo-barroco”. ¡Toma ya estilo! Quizás sea un estilo definido y reconocido en los manuales de arte pero yo es la primera vez que veo una obra así definida.


Construido en 1888 era uno de los edificios más grandes y altos de aquella época. Fue reconstruido en 1911 después de un incendio. Ahora forma parte del Museo de Hokkaido y su visita es gratuita. Y a pesar de ser un edificio antiguo y muy bien mantenido se puede visitar calzado. Que es que no me lo podía creer. Y además de lo interesante de ser un edificio de época tiene algunas de sus habitaciones convertidas en salas de exposiciones, que quizás si no eres de esta isla y sabes japonés no te dirán nada pero es que hay una dedicada a los “Territorios del Norte” que ha resultado ser muy interesante. Tanto que le dedicaré un post a ese tema.


Este edificio está rodeado de un precioso parque con un par de estanques pero que ahora está intransitable.
Acabamos el día reconociendo la estación de ferrocarril porque tenemos un pequeño problema: nuestro tren para volver pasado mañana  a Tokio sale a las 7:30 y el desayuno lo empiezan a dar a las 7:00. En mi anterior visita tuve el mismo problema. Así que buscamos el andén exacto desde el que saldremos así como el acceso por la escalera mecánica (“escaleta” en japonés) y cronometramos los tiempos hasta el hotel. Nos irá justito, pero podremos desayunar.


En la estación Marisa capta un bonito anuncio de Chanel.

NB
Eso de distinguir a un ciudadano por su religión en función de su aspecto solo sucede en las religiones que confunden el derecho canónico con el derecho civil. O con el penal, que es peor.

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