29. Japón 2016. 19 de marzo, sábado. Decimonoveno día de viaje. De Wakkanai a Sapporo.

by

Ayer me percaté de que la máquina que suministra fichas para el VOD (video on demand) que en nuestros hoteles habituales está en un rincón de la recepción, aquí estaba en la misma planta de las habitaciones. Como en este magnífico establecimiento no hay rincones en la entrada para ocultar los actos vergonzantes han colocado las máquinas en los pasillos de las plantas. De esta manera nadie ve quien saca una ficha para ver pelis porno. Porque de eso se trata el gran adelanto tecnológico que fue el VOD. Yo trabajaba en un departamento que tenía que ver con eso, vaya con la transmisión de datos y sus protocolos, no con el porno, y cuando hablaban del VOD lo hacían con la fe en la tecnología que permitiría un ocio a la medida de cada consumidor y cuando él lo decidiera. Y ya ves: ahora “cine para adultos”, de los que no te puedo trascribir los títulos porque están todos en japonés; parece, además, que para entender el argumento no hay que saber nada de la trama pues en todas las carátulas siempre hay una simpática señorita que suele tener una estrella de 5 puntas entre las piernas y a veces dos. En alguna ocasión tiene estrellas hasta en la boca. Desconozco si es una indicación sutil de algo del alma nipona que se me escapa o es un zafio comentario.
Otra más del hotel: en la recepción hay un cartel con las bebidas alcohólicas que puedes tomar en el bar; entre los nombres exóticos una copa llamada “Almeria” ¿Qué supondrá en el imaginario colectivo nipón ese nombre?


La última del hotel: en el ascensor hay una silla de comedor tapizada de raso. ¿Hay alguien tan agotado que necesite sentarse para subir tres pisos?


Cuando nos hemos ido del hotel estaba en la recepción el mismo señor que me ayudó a entender el mapa de los horarios de los autobuses y ha salido hasta la puerta a despedirnos. En mi vida había recibido tantas inclinaciones ni yo había devuelto tantas, que si fuera por él seguro que todavía estaríamos allí con su “arigato” y yo con “más arigato”.


Hoy vamos a ir de Wakkanai hasta Sapporo. El día ha amanecido muy negro, tanto que hay anunciada nevada vespertina.
Vamos a coger el tren a las 7 y media y aunque desde el hotel hasta la estación solo hay 5 minutos debemos desayunar muy pronto. La sorpresa agradable es que en este lugar empiezan los desayunos a las 6 de la mañana. Creo que es la primera vez que veo un servicio tan temprano. Además el buffet es de tipo “Sheraton”, pero con las mil pequeñas cosas japonesas, tantas que no das abasto para poder probarlas todas.
Llegas a la estación y todavía está cerrado el acceso al andén, pero allí hacemos fila ordenadamente los pasajeros.


Y es algo que me sigue sorprendiendo que muchos fotografíen la parte delantera de la máquina de tren. Y yo también.


Es un recorrido larguito, de 5 horas, pues en Hokkaido no hay todavía trenes tipo shinkansen. Los habrá a partir del próximo sábado como se encarga la renfe japonesa de anunciar por todos lados.


El camino es común en parte al que hicimos de Asahikawa a Wakkanai y como cuando vinimos está todo cubierto de nieve y con muchos ríos helados que cuando ves las fotos parecen el cuadro “Blanco sobre blanco” de Malevich. Y me siguen sorprendiendo los montones de nieve que se ven en los núcleos habitados. Hoy he visto uno que sería como un edificio de tres plantas.


Y en medio de todos estos pensamientos ferroviarios me percato de que hoy es San José. Y nosotros sin enterarnos. A veces por las mañanas, mientras nos levantamos oímos “Hora 25” por la radio, pero hoy no hemos tenido tiempo, así que me he perdido la efemérides del día. ¿Qué hará la Sra. Rita?
Leo en la guía la información sobre nuestro próximo destino. Dice que proviene de un nombre de origen ainu, “Sari-poro-betsu”, y que significaba “un río que discurre a lo largo de una llanura llena de juncos”. ¡Anda ya! Estos antropólogos lingüistas se creen que somos idiotas. Claro que de eso ya me di cuenta en mi adolescencia en las pelis del oeste cuando el apuesto teniente de caballería le preguntaba a la dulce joven sioux:
-¿Cómo te llamas?
-Me llamo Lonse, que significa “gacela feliz que se mueve libremente por la pradera en los días apacibles”.
Pero eso era una licencia poética amatoria, pues el joven teniente se quedaba prendado (y atontado) solo de oír esa explicación.
Cuando falta una hora para llegar al destino el territorio se cubre de niebla. Es un paisaje precioso aunque da miedo pensar en el frío que hará en el exterior. Y en lo duro que debe ser vivir en un entorno así.
Hay veces que lo que se ve es como un lienzo de un blanco sucio.


Llegamos a la estación de Sapporo y nos volvemos a encontrar con un Japón que se parece más al de Tokio o Kioto que al del “salvaje” Hokkaido.

NB
Me pregunto que por qué solo ligaban los tenientes de caballería. ¿Dónde estaban los de infantería y los de artillería? Y ya no te pregunto por los de intendencia, que fue donde hice mi servicio militar.

Anuncios

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s