26. Japón 2016. 16 de marzo, miércoles. Decimosexto día de viaje. De Abashiri a Asahikawa.

by

La de hoy ha sido una etapa improvisada. Cuando vimos las combinaciones ferroviarias para ir desde Abashiri a Wakkanai y las nevadas de la primera, decidimos cambiar un día de esta ciudad y hacer una escala intermedia en Asahikawa, ciudad de la que apenas tenemos información pero de la que creía que podríamos obtener algo a través de la habitualmente eficaz oficina de turismo.
Hoy no ha nevado por la noche y amanece un día precioso y despejado con 0ºC de temperatura.
El recorrido del tren es todo por el interior de la región y no dejas de ver todo cubierto de nieve desde que sales hasta que llegas al destino.


A mitad de recorrido te avisan por megafonía que el convoy va cambiar de dirección y entonces todos nos levantamos y giramos nuestros asientos para ir en la dirección de la marcha. Vaya, en este tren no hay letreros luminosos y la megafonía era todo en japonés pero nosotros hemos hecho lo que hemos visto hacer. Ya sabes: “Cum Romae fueritis, Romano vivite more”. ¡A qué te gusta en latín!
A las 11:30 nuestros compañeros de fila, una pareja mayor, saca sus cajitas y se ponen a comer. No les he oído rechistar en todo el viaje.


A veces pasamos por pueblos donde hay montones enorme de nieve. Debe ser que cada vez que nieva fuerte sacan sus máquinas quitanieves y limpian calzadas y aceras y la acumulan a los lados. Y como esto debe ser frecuente y la temperatura siempre es muy baja al final el montón acumulado es colosal.
Así llegamos a Asahikawa.
Esta ciudad es la segunda de Hokkaido por población después de la capital, Sapporo, con unos 350 mil habitantes. Es famosa en todo el país porque en 1902 (desde que se tienen registros meteorológicos) alcanzó -41ºC: la temperatura más baja de la historia de Japón.
Dice el folleto oficial de la ciudad que esta tiene más de 170 ríos y que los atraviesan con 760 puentes. Muchos me parecen, los ríos y los puentes, pero es que eso de “más de 170 puentes” es de lo menos científico que conozco. ¿Qué pasa, que cuando llegaron a 170 se cansaron de contar?
Al llegar a la estación hemos ido a la oficina de turismo. La estación más que amplia es enorme y en la oficina de turismo hay 5 empleados aunque dos de ellos parecen jubilados que deben estar allí en plan de voluntarios como ya he visto en otras ciudades. Pues ninguno habla inglés, así que nuestro gozo en un pozo, pues confiaba que fuesen como los de Kushiro y me explicasen tantas cosas que me dieran ganas de quedarme allí un día más. Así que me he limitado a preguntarles por las direcciones que había en mi guía. La verdad es que me han dado todo tipo de mapas.
Vamos al hotel, dejamos el equipaje y allí la joven recepcionista, que sí habla un poco de inglés, me explica que de los dos sitios que recomienda la guía como restaurantes uno es solo para cenas y el otro está hoy lleno por una gran reserva. Nos recomienda un tercero y con el folleto en la mano vamos en su busca. El folleto está solo en japonés y también todos los nombres de los establecimientos por lo que tengo que acudir a la ayuda ciudadana y un amable señor, que aunque no lo conoce sí sabe leer japonés, lo busca y nos lleva hasta la puerta.
Una sopa ramen estupenda.


Después nos vamos en autobús a la única visita turística que recomienda la guía: una fábrica de sake que es también un museo. Una pequeña desilusión pues es un “atrapa-turistas”: llegan con autocares (los de hoy parecían chinos), entran en la tienda, les dan un culito de sake y compran unas botellas. Ni uno subió al segundo piso que es donde estaba el pequeño museo.


Un detalle curioso es que en cuanto entras allí dan por supuesto que vas directamente a la cata gratuita y a la compra y te preguntan en qué medio de transporte has llegado. Primero pensé que era con fines estadísticos pero parece que es porque si eres el conductor no te dan a beber nada o quizás te sermonean previamente.
Regresamos al centro y nos dedicamos a ver la estación y a dar una vuelta por la sección del supermercado de alimentación de unos grandes almacenes.


Nos recuerdan a los lujosos de Tokio. Veo cava Freixenet a unos 11€ la botella. Nada exagerado. Una sorpresa ha sido una máquina para rellenar garrafas de agua mineral: 2 litros por 150¥ y 5 litros por 300¥.


Empieza a refrescar y nos refugiamos en el hotel.
Mañana a Wakkanai.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s