25. Japón 2016. 15 de marzo, martes. Decimoquinto día de viaje. Abashiri

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Pececito risueño llamado funsen-eo.

Ha vuelto a nevar por la noche y esta mañana está todo blanco. Como en Kushiro: está blanco lo poco que ayer no lo estaba, las aceras, pues el resto estaba ayer cubierto totalmente antes de la nevada nocturna. Además el pronóstico del tiempo es bueno y en cuanto a la temperatura no pasaremos de los 2ºC pero tampoco bajaremos de los -2ºC a lo largo de todo el día.
En el desayuno vuelve a aparecer esa cosa tan buena que parece tripa de pescado pero que sigo sin saber qué es, además de macarrones con mayonesa, siendo ambas una de las cosas más difíciles de coger con los palillos.
Aunque vinimos a Abashiri en busca de naturaleza hoy nos vamos a dedicar la cultura, o por lo menos a la “cultura turística”.
Abashiri es conocida en todo el país por su cárcel. No debe pasar como en España que hasta para eso somos regionalistas (“nacionalistas” en las regiones que no quieren ser región): cada una tiene una cárcel de referencia. Aquí Abashiri en todo el país. Y tanto es así que han hecho un museo con la cárcel antigua y, por lo que vimos, muy visitado. Y yo añadiría después de verlo que debería ser de visita obligada para las escuelas porque por un lado está la cárcel antigua y se ven las penalidades que pasaban los internos pero por otra han reproducido unas celdas de la cárcel actual que por cierto está bastante cerca. Sobre esta reconstrucción creo que lo que más horrorizaría a los posibles delincuentes juveniles sería la posibilidad de tener en la celda un aparato de televisión de tubo de 19”.
La visita museística se compone de tres museos que aunque están lejos del centro son fácilmente accesibles por un autobús que pasa por los tres y con un horario fijo. Lo malo es que a partir de hoy se suprimen unos cuantos servicios y tienes que planificarte bien para no estar demasiado tiempo o demasiado poco en alguno de ellos. Otra ventaja es que hay un bono para un día para ese autobús. Y la última es que en uno de los museos no pagamos entrada.
Así que primera parada en la cárcel. Está todo muy cuidado, como un escenario y con una cantidad de nieve que no te imaginas. Hay un recorrido marcado con explicaciones en inglés.


El primer lugar por donde pasas es por el “puente del espejo”. Un letrero informa que por ese puente es por el que cada preso entraba y salía de la cárcel y que “al atravesar el río Abashiri podrían ellos verse reflejados en la superficie del agua, que al mismo tempo reflejaba sus delitos”. Poesía en la desesperación.
Como estamos en Japón y todo está previsto hay una larga hilera de paraguas para uso de los visitantes.


La cárcel fue establecida en la aldea de Abashiri en 1890. En 1900 se estableció un juzgado y ambos hechos jugaron un papel muy importante en la historia de esta zona. Además se ahorraban el traslado: de la sala del juicio a la celda.


Los reclusos de la década de 1890 fueron utilizados para construir la carretera que unió Abashiri con Asakihawa. Fue un trabajo durísimo, murieron muchos y los que sobrevivieron lo hicieron en condiciones muy penosas. Y aquí lo ves no solo porque te lo explican los letreros informativos, es que hay reproducciones con maniquíes que te lo muestran.


Así ves que la almohada era un trozo de tronco de árbol o que a los forajidos de aquella época les gustaba ir tatuados pues se reproduce un baño y allí ves su cuerpo totalmente dibujado.


Otra singularidad es que fue construida en forma radial copiando la de Leuven en Bélgica. Tiene 5 largos radios que confluyen en una garita central de vigilancia.


Este edificio fue construido en 1912 y permaneció en uso hasta 1985, o sea hasta ayer mismo, cuando fue desmantelado y reubicado en la actual situación, también en Abashiri. Por tanto estas celdas actuales (de las que hay una muestra), aunque siguen siendo un lugar de internamiento no tienen el aspecto dramático de las del comienzo del siglo XX.


Otro letrero te informa que la cárcel funcionó como un centro agrícola proporcionando alimentos para el resto de las prisiones del país y que de esta manera la rehabilitación se hacía a través de esas labores agrícolas y que por tanto “cuando eran liberados habían adquirido los suficientes conocimientos del trabajo en explotaciones agrícolas lo que les permitiría mantenerse ellos mismos sin volver a la vida de la delincuencia”.


Total, que ha sido una visita muy interesante, aunque menos dura que la cárcel que visitamos en Camboya y menos fotogénica que la de Turquía.
Desde allí en autobús al “Museo de los Pueblos del Norte”. Y cuando dicen “Norte” se refieren a los que rodean al Polo Norte.
Cuando cogimos el autobús en la estación nos encontramos en la parada con dos abuelas japonesas parlanchinas y muy divertidas. Y como siempre cuando decimos “Spain” se sorprendieron y alegraron. Una de ellas había hecho parte del camino de Santiago y estaban aquí de turismo.


Al ir a entrar en el segundo museo nos las volvemos a encontrar: que era un lugar muy interesante y con el café estupendo a 100¥. Si no nos lo hubiesen dicho no lo habría visto pues no era la típica máquina expendedora de latas y botellas, que también la tenían, sino que era en la mesa de la recepción y del tipo de cápsulas con varias para elegir. Tuvieron razón las abuelitas: un café cojonudo por menos de un euro.


Y encima a entrada gratis para los mayores de 65 y con audioguía también gratuita. Así que estés o no interesado en la etnografía y antropología de los esquimales, inuits, ainús y similares es un museo estupendo y que te recomiendo.


Todo colocado perfectamente y muy instructivo y con unos vídeos de cómo viven esos grupos que te da pena no verlos todos pero es que esta mañana teníamos que seguir el horario del autobús. Así que desde allí al “Okhost Ryu-hyo” o “Museo del hielo a la deriva”.


Este es un edificio muy moderno con muy pocos objetos en exposición pero que creo de obligada visita si vienes a esta ciudad. Su punto fuerte para nosotros ha sido la terraza que hay en el piso superior pues está construido en la cima del monte Tento y aunque solo tiene 270 metros de altitud lo que se divisa desde arriba es una maravilla, por lo menos en esta época del año: grandes cadenas montañosas al fondo y más cerca varios lagos helados.


La otra estrella del museo son tres pequeños acuarios con “cliones”, el animalito que nos enseñó un tendero en Hakodate y que creí eran crías de calamar. Es el llamado “ángel del mar” y que en Abashiri es como la grulla de Kushiro: su animal emblema que aparece por todas partes.


También hay una minipecera con un pescadito, funsen-uo, con una cara muy divertida y que se deja fotografiar dócilmente.


La tercera estrella es una habitación que está a -15ºC con los trozos de hielo que deberíamos haber visto en el mar. A la entrada te proporcionan una toallita húmeda, te dicen que les des vueltas y en pocos segundos está congelada. Una curiosidad es que este hielo no moja. Pero nada, nada.


Hay un vídeo en una sala con una pantalla poliédrica donde se ve el mar de hielo que vinimos a ver y que no vimos.
Con el autobús nos vamos a la estación marítima desde donde sale el Aurora, el rompehielos. Pregunto en la ventanilla y me confirman que sí que sale en 10 minutos pero solo para hacer un pequeño recorrido turístico, pues no hay hielo.


Damos una vuelta por aquel puerto, empieza a hacer frío y a nevar así que nos refugiamos en el hotel.


Ha sido una visita a la ciudad diferente a la prevista pero muy interesante.

Observaciones en el Museo del Hielo.


1. Como hacemos vida de turistas japoneses hemos hecho lo mismo que hacen ellos: comernos un cucurucho de helado en el museo del hielo al que espolvorean con sal azul del mar de Oshotsk. Muy bueno.


2. Marisa me había hecho notar que en los servicios de los museos –no en los de nuestra habitación- hay música para que al sentarte en el inodoro no se oigan tus ruidos corporales sino otros. Así que lo pruebo en el museo del hielo. El botón se llama en inglés “Privacy” y tiene debajo otros dos con el volumen. Yo pensaba que iba a tener por lo menos la Sinfonía de los Planetas de Holst y, éste al menos, lo que reproduce es un ruido de cañerías. Una desilusión.


3. Un cartel anuncia el maratón de Abashiri. Es el 25 de septiembre. Es que tengo en la familia a dos maratonianos (uno bueno y otro fuera de serie) y como la azafata me ve tan interesado me da un folleto. Te dejo la dirección pues debe ser precioso el recorrido: casi siempre al lado del mar o de un lago, que en septiembre ya no estará congelado: Abashiri-marathon.jp.

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