18. Japón 2016. 10 de marzo, jueves. Décimo día de viaje. Hakodate. Día 1. Primera parte.

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¿Por qué hemos venido aquí? Estuve en mi viaje del 2009 y creí que era una ciudad que le gustaría a Marisa por sus particularidades, pues tiene un sabor diferente del resto de las ciudades que hemos visitado. A la única que le puedo encontrar algún parecido es a Nagasaki, donde estuve en el 2008 pero a la que no he vuelto. Y es que estas dos ciudades así como Yokohama fueron de las primeras que se abrieron en Japón al comercio exterior por la presión de las potencias occidentales. Concretamente Hakodate lo fue por el tratado de Kanagawa en 1884 entre Estados Unidos y Japón. Ello trajo consigo una comunidad extranjera e influencia cristiana y por tanto la construcción de iglesias y un mayor negocio para las lumis como atestigua un monumento dedicado a ellas en la zona de los cementerios extranjeros. Y no sé si el tranvía que recorre la ciudad también tiene que ver con ello. Me refiero, claro, a los extranjeros no a las señoritas lumias (forma correcta según el DRAE y no lumi, que yo empleo).
Y además de a nosotros la ciudad atrae a muchos turistas japoneses que compran como locos.


Una ventaja de este hotel es que está situado muy cerca de la estación, tres minutos andando, y casi pegado al “Mercado de pescado de la mañana” que será nuestra primera visita. La guía recomienda ir temprano pues dice que a partir de las ocho está casi todo cerrado. En este hotel, como en casi todos de esta cadena, el desayuno lo sirven de 6 a 9 así que nos vamos a visitarlo antes de desayunar. Y es tan malo hacerlo en ayunas como recién desayunado (como en Kioto) pues hay un montón de cosas apetitosas que te comerías. En mi anterior visita había dos mercados diferentes: una nave, verdadero mercado de pescado y marisco, pero sobre todo de algas y otro en las callejuelas adyacentes con puestecillos en la calle pero que suelen tener un par de mesas en su interior. Así el personal compra cosas para llevarse o bien se lo preparan allí mismo y se lo comen en el acto. Y son todos turistas y a veces en grupos numerosos.


Pues bien ahora ese mercado de verdad ha desaparecido y hay en su lugar una galería comercial, llamada así “Morning Market”. Y no digo que sea solo un “atrapa-turistas”, que un poco lo es, pero no sé dónde compran el pescado los habitantes de Hakodate porque yo no vi a nadie “normal” comprando.


Y al ser un mercado turístico a los vendedores ya no les importan las fotos e incluso uno nos ha mostrado un par de frascos con unos bichitos en su interior para que los fotografiásemos; que yo creía que eran crías de calamares, pero luego indagando he sabido que eran “sea angels”, que no conozco su nombre en español y no tengo ni idea de que son, pero parecen babosas marinas enanas.

Y además del preciado y caro marisco, venden fresas y el personal las compra a pesar de su precio: una cajita de 8 fresas de tamaño intermedio unos 10€.


Una manzana hermosa, pero manzana, casi 4€. Una tajadita de melón de unos 15 cm casi 5€. Y claro, tú eres un turista de Honshu y vienes aquí y ¿cómo no te vas a comer un meloncito tan apetitoso? Bueno el meloncito entero te costaría un riñón, pero una tajada…una vez en la vida…Y es que lo que cuesta es la escasez. Imagínate los mejillones a 500€ el kilo, ¿no te comprarías uno por 7€? O el calamar fresco a 5€ el kilo, ¿no comerías todos los días?


Regresamos rápidamente al “free breakfast” del hotel que es más variado que el de otros en que hemos estado. Y entre las cosas desconocidas una que podrían ser trocitos de calamar con una salsa gelatinosa. El aspecto es un poco repugnante pero está muy bueno, aunque son jodidamente difíciles de coger con los palillos.
En el hotel un joven con unos pantalones a media pierna a pesar del frío que hace en esta ciudad. La explicación: lleva un tatuaje en la pantorrilla y debe exhibirlo.
Y tras el estupendo desayuno nos lanzamos de nuevo a la dura vida del turista. En la oficina de información nos recomendaron coger el autobús hasta la base del teleférico y eso hacemos aunque luego comprobamos que esa es una distancia que habitualmente recorremos andando. El informador nos debió ver tan machacados…
Imagino que en verano será un infierno de gente pero hoy estamos cuatro gatos esperando el teleférico que funciona con precisión japonesa. Y en un momento llega a la cima del monte Hakodate donde estamos los cuatro gatos que hemos subido ahora y otros cuatro que ya estaban allí. Hay un panel con consejos de como comportarse pero deben ser para otras épocas del año, como por ejemplo que tengas en cuenta que hay más gente que quiere ver el panorama. Y este es espectacular pues se ve la ciudad y las montañas nevadas y el istmo que forma la península donde estamos. Y encima todo con nieve aunque la guía y el editor de este blog recomiendan que se suba por la noche.


Un letrero antes de adquirir el billete te advierte que compruebes en una pantalla lo que se ve desde arriba pues si no hay visibilidad una vez comprado no te devuelven el importe.
En Hakodate hay mucha información de ayuda al turista. Lo curioso es que además de en japonés e inglés, y muchas veces en chino y coreano, aquí está también en ruso. No sé si será por los antiguos tiempos o porque siguen habiendo muchas relaciones turísticas y comerciales. Así hoy entre los 8 gatos de la cima del Hakodate había 4 jóvenes rusos.


En el entorno de la parte superior del teleférico hay una lápida dedicada al científico Thomas Wright Blakiston quien definió la línea que lleva su nombre: la línea Blakiston.
Los lavabos de este lugar como los de todos: increíblemente limpios y con instrucciones que pueden parecer obvias pero que quizás no lo sean, como por ejemplo que no te debes poner en cuclillas encima de la taza.


Yo tenía un compañero de trabajo que un día me confesó que se iba a su casa cuando tenía que “obrar” (era muy fino y no utilizaba esa expresión) porque le daban asco los de la oficina (que estaban limpísimos), pero había marcas de los pies que indicaban que había quien sí se ponía en cuclillas. Con lo peligroso que debe ser. Imagínate que te caes y sales del retrete con la cara ensangrentada y con los pantalones a medio subir. ¿Cómo les explicas a tus compañeros que utilizas la posición de la gallina para ese menester?
Salimos de allí y nos vamos a pasear por Motomachi.

Nota geográfica.
Este istmo al pie del monte Hakodate es de los llamados tómbolos.

La línea Blakiston.


Thomas Wright Blakiston, militar, explorador y hombre de negocios, descubrió que los animales de Hokkaido eran diferentes de los de la isla de Honshu, pero parecidos a los de las islas situadas más al norte de Hokkaido que pertenecen a la familia norasiática. Esto lo atribuyó a la barrera que representa, y más importante, que representó, el estrecho de Tsugaru como una frontera de separación de las especies. Así en algunos estudios de biología se le conoce al estrecho como de Blakiston.


Mis lectores del viaje a Bali quizás recuerden un fenómeno y descubrimiento semejante entre las islas de Bali y Lombok: la línea Wallace.
Blakiston le ha dado además su nombre a un búho (Bubo blakistoni) y una montaña en Canadá de 2091 metros también lleva su nombre.

¡Loor a Thomas Wright Blakiston!

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3 comentarios to “18. Japón 2016. 10 de marzo, jueves. Décimo día de viaje. Hakodate. Día 1. Primera parte.”

  1. Carmen Says:

    ¿Por qué el monumento a las lumias está en los cementerios de extranjeros? ¿Los extranjeros transmitían a las pobres lumias enfermedades mortales?

  2. Carmen Says:

    ¿En qué inmoderación podría incurrir mi comentario?

    • Angel de Japón Says:

      Querida Carmen: es que no quiero repetirme sobre todo por respeto a los lectores habituales y sobre este hecho escribí en mi crónica japonesa del 2009:
      https://elsoles.com/2009/07/16/26-hakodate-dia-2-primera-parte/
      Allí decía que ese monumento fue pagado por los dueños de los prostíbulos.
      Esto es lo que ponía en la lápida y que trascribí: ” “este monumento nos recuerda el hecho de que entre las sombras del puerto, cuando se abría una nueva época, existían mujeres que no tenían otra elección que trabajar hasta el final de sus días como prostitutas”.
      Un beso (esto es mío para ti, no de la lápida).

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