19. Japón 2016. 10 de marzo, jueves. Décimo día de viaje. Hakodate. Día 1. Segunda parte.

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Retrete imperial

Motomachi es un barrio con mucho carácter situado en la ladera del monte Hakodate y que por tanto tiene las calles en cuesta, las llamadas “slopes” de Motomachi. Lo curioso es que al lado de cada “slope” hay un poste con la información sobre porqué se llama así.


En este barrio están los edificios históricos, las iglesias extranjeras (cristianas) y las residencias el siglo XIX y principios del XX. Y aunque también hay edificios modernos suelen ser casitas pequeñas y construidas con un gusto exquisito y a veces de alegres colores. Y por supuesto (estamos en Japón) algún templo budista o shinto. Y no me olvido de las preciosas vistas de la bahía, que aunque no tan espectaculares como las de la cima del teleférico siguen siendo preciosas, especialmente las que hay desde el cementerio de los extranjeros.


Vemos por el exterior y fotografiamos la curiosa iglesia anglicana de San Juan con su estilo de Bauhaus y luego vamos a ver la más fotogénica iglesia ortodoxa de la “Sagrada Resurrección” que está cerrada.


En mi primera visita la puede visitar e incluso me interesé por el número de fieles. Me hubiese gustado volver a hacerlo y ver si iban en regresión o mejoraban las cifras de seguidores.
Y es curioso que aunque muchas calles y cuestas tienen la información en ruso, esta iglesia, “The Russian Ortodox Church”, solo esté en japonés e inglés. Quizás piensen los piadosos ortodoxos que estos rusos de ahora son ateos y que les den. A pesar de no poder entrar al verla, aquel entorno nevado le da un toque diferente.


Para un gran coche (en Japón no son muy habituales) delante de la cancela principal y la señorita acompañante baja el vidrio de su ventanilla y hace una foto con su teléfono. Seguramente la enviará a sus seres queridos de Facebook con el mensaje: “¡Preciosa foto de Hakodate!” Y muchos emoticonos.


Es la hora de comer y vemos un restaurante con toda la información de la calle en japonés, lo que es habitual pero lo diferente es que en medio está con caracteres latinos la palabra “Set” y un poco más abajo “etc”. Lástima que lo único que entendemos no sea comestible.


Llegamos al “Old Public Hall of the Hakodate Ward”. Es un precioso edificio que ardió en un incendio en 1907 pero que gracias a la generosidad de un comerciante se reconstruyó en 1910.


Es un edificio de estructura simétrica con dos pisos y estilo occidental y con una gran y hermosa balconada en el piso superior encima de la puerta principal. Cuando llegamos había un grupo de jovencitas vestidas de época en el gran balcón e iban con los hombros desnudos a pesar de que en aquel momento estaba nevando.


Y es que una de las gracias de este edificio es que te alquilan trajes y complementos para disfrazarte y que te puedas fotografiar en sus estancias. Porque este palacete sirvió de hotel cuando el príncipe Yoshihito, futuro emperador Taisho, estuvo en esta ciudad en 1911 y luego el príncipe Hirohito, futuro emperador Sowa (a este si lo he conocido) en 1922. De esta manera las habitaciones tienen explicaciones de su uso por estos príncipes.
Y como en todo lugar púbico que se precie hay un tampón para poder registrar en tu libreta de viaje que has estado allí. Y el de aquí es de los mejores.


Tampoco podía fallar el detalle escatológico: cuando vino el príncipe Yoshihito se construyó un cuarto de baño. La información dice que debajo del baño (imagino que quieren decir inodoro) se construyó una caja que contenía arena y hojas de cedro. Después de su utilización (quiero creer que de uso exclusivo de su majestad) el chambelán cogía esa caja y la llevaba para su estudio al médico de la corte. El suelo estaba cubierto de un tatami de juncos con dobladillos blancos y negros. La taza del váter estaba hecha de madera de ciprés y otras partes de madera de pícea. O sea todo muy imperial pero poco higiénico me parece. Claro que solo estuvo tres días. Y quizás al príncipe también se lo parecía pues dice la información que no había bañera en el cuarto de baño dado que se trajo la suya. Quizás lo de traerse la taza no le pareció adecuado.


También hay una gran sala de conciertos que se sigue utilizando hoy en día.
Una estancia especial es un estudio fotográfico donde unas máquinas antiguas volverían loco a cualquier aficionado a la fotografía: el estudio Kobayashi de 1907.
Durante el recorrido yo me aprovecho de una debilidad japonesa para hacer retratos del personal, o colaboro para que Marisa se los haga: debe ser una falta de educación pedir a alguien que te haga una foto y así cuando intentan hacerse autorretratos se colocan en las posiciones más extrañas ellos y las máquinas. A veces me piden que les fotografíe y otras me ofrezco voluntariamente para ello. Con la mejor de mis sonrisas les digo: “Hola encanto, ¿quieres que te haga la foto?”. Entonces sonríen felices, me dan la máquina (fácil) o el teléfono (difícil) y en este caso no funciona a la primera y a veces le hago una ráfaga de 100 ó 200 fotografías. Y así aprovecho para decirles: “Ahora mi señora os va a hacer también una foto”.


Detalle japonés: la visita la debes realizar con las zapatillas que te proporcionan en la entrada.
Allí al lado está el “Prefectural Government’s Ols Branch Office” en Hakodate, antiguo edifico que hoy sirve como museo de la fotografía pero que debido a la hora dejamos para mañana.
Regresamos para comer en el “Morning Market” pero como son casi las tres de la tarde está casi todo cerrado. Encontramos un pequeño restaurante con un par de clientes y allí comemos. Además de las mesas normales hay un parte más elegante con tarima de madera y sillas sin patas. Las vimos el año pasado en Matsumoto y para los ojos de un occidental resultan bastante extrañas y, por lo menos para mí, imposibles de usar: acabaría con las piernas gangrenadas.


En este local tienen una carta en japonés que se complementa con fotografías en la pared con el plato, su nombre en japonés y el precio.


Así hemos acertado, pero de casualidad. Para venir a Japón, además de tener un buen manejo de palillos, debes ser un omnívoro total, que no te importe comer las exquisiteces que te pongan delante al no saber a veces qué es lo que has pedido.


Al final de la tarde un paseo por el “Red-brick Warehouse District”. Este barrio fue construido en 1907 y está en el paseo marítimo entre el mercado de la mañana y el distrito de Motmachi. Y esos antiguos tinglados están convertidos en cafés y tiendas donde están ahora los turistas que por la mañana estaban en el mercado. Ya es un poco tarde para la sesión fotográfica (y hace un frío que pela) así que volveremos mañana.


Un día muy completo pero dado el tiempo y el frío decidimos cambiar algo de lo que pensábamos dedicar al turismo de naturaleza pues anuncian nieve por todos los lados. Así que reordenamos el viaje y a confiar que la meteorología nos sea más propicia.

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2 comentarios to “19. Japón 2016. 10 de marzo, jueves. Décimo día de viaje. Hakodate. Día 1. Segunda parte.”

  1. CASTEJON Says:

    Con tus explicaciones parece que lo estoy viendo en persona. Enhorabuena Angel.

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