11. Japón 2016. 5 de marzo, sábado. Quinto día de viaje. Kioto. Día 1.

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Hoy apenas se ven jóvenes encorbatados desayunando y han aparecido familias y turistas japoneses. ¿Síntoma de fin de semana?
Nada más salir a la calle me encuentro con una hormigonera como solo se puede encontrar aquí: parece recién salida de la fábrica con su pintura y cromados inmaculados. ¡En una hormigonera!


Vamos a dedicar la mañana a Kioto, pero nada suntuario. Primero un mercado y luego un museo muy especial.
Camino del mercado pasamos por la calle Shijo-dori, una de las principales que va de este a oeste. Parte importante de esa avenida tiene las aceras cubiertas y está sonando música clásica como de un hilo musical. Bien es verdad que es música facilita pero si lo comparas con el ruido ambiental de nuestras ciudades esto suena a paraíso.
Un excéntrico japonés anda por esa calle. Aunque quizás sea como los que llevan capa en Madrid: alguien que lleva una prenda que tenía sentido cuando Esquilache pero que ahora son solo ganas de llamar la atención.

Aquí es un señor mayor con unas chanclas de madera. Lo extraño para mí es que entre la suela y el suelo lleva un par de paralelepípedos también de madera de unos 10 cm de alto y 2 de ancho.


En el suelo el consabido letrero de “Public nonsmoking area” y otras dos señales que me confunden:

en una de color azul hay un niño en bicicleta con cara de mala leche y el signo de prohibido; en la otra de color rosa es una niña sonriente sin el signo de prohibición y con otra bicicleta.


Al escribir el borrador y volver a ver la foto imagino que es que los niños deben ir con la bicicleta en la mano por esta concurrida calle (por la mañana estaba vacía pero luego está muy llena) y no pedaleando. Pero me sigue pareciendo confusa: ¿es solo para los niños o para los adultos también? ¿Y por qué las niñas representan lo positivo y los niños lo negativo? Imagino que en España siendo el azul el color del partido político mayoritario no se utilizaría una representación así. Además piensa en el cabreo de las feministas con los colores y los roles.

En la calle un “contador” tapado como si fuese a atravesar el polo norte. ¿Qué contará? La verdad es que cada vez que veo a un señor en estas circunstancias me dan ganas de preguntárselo, pero es que además de la barrera del idioma me da pena porque seguro que se descontaría. Además a esta hora apenas hay coches ni peatones.


Llegamos al mercado de Nishiki y lo primero que encuentras es un pequeño santuario shinto. Es una visita que ya hicimos el año pasado y que repetiremos este. El santuario sigue siendo un lugar muy interesante y aunque es pequeño tiene un trasiego de rezadores constante.


La verdad es que los fieles shinto rezan muchas veces, o sea cada vez que encuentran un lugar de culto, pero muy poquito rato; siempre el mismo rito: echan unas monedas en un gran cepillo, dicen un par de jaculatorias que por la brevedad imagino que serán del tipo “Sagrado Corazón de Jesús en vos confío”, dan dos palmadas y a otra cosa mariposa. Todo en 17 segundos. Y muchísimas inclinaciones de cabeza, que para eso son japoneses. Si tuviesen que rezar los 5 misterios del rosario o las 14 estaciones de un Vía Crucis creo que se cambiarían de religión. Aquí todo es práctico. ¿Hay que decirle a Dios (aquí a Amaterasu) que te acuerdas de él? Pues se lo dices y ya está. Que para eso es Dios, que se entera enseguida. Y no hay que darle la tabarra con sabatinas y primeros viernes de mes. Y no te digo nada de los muslimes.

Añade a todo lo anterior que se lavan las dos manos y beben un poquito de agua de la fuente que siempre mana en estos templos.


En éste como debe haber mucho ignorante suelto hay un letrero explicativo del procedimiento. También en este aspecto son más ligeros que las abluciones musulmanas, claro que en las mezquitas solo se lavan los señores, por lo menos a la vista del público.


En este santuario hay una divertida máquina, tipo monstruo comegalletas, que coge un papelito y se lo entrega al fiel (que previamente ha echado el óbolo) con la fortuna que le espera. Que pasan más tiempo con el monstruo y el papelito que rezando.

Y después de este baño religioso nos dedicamos a pasear por el mercado que realmente se compone de una serie de tiendas a lo largo de una arcada que ocupa tres manzanas de una calle paralela a Sijo-dori. Y vuelvo a pensar que es uno de los mercados más bonitos de Japón. Así encuentro de nuevo los pulpitos a los que les han metido un huevo duro de codorniz en la cabeza. ¿Cómo lo harán?

Espero que sea por procedimientos mecánicos después de la muerte del cefalópodo y no por ingeniería genética, o sea una raza mezcla de codorniz y pulpo y tenga el aparato reproductor en la cabeza. Bueno, no sigo por ese camino que me espanta.

Unos pescados preciosos pero que como suelen estar cubiertos de plástico impiden que Marisa los fotografíe. Y las frutas carísimas: un pomelo 400¥, un kiwi 150, un kaki 250. ¡Un caqui 2€! Tengo un amigo que tiene un caquero enorme y cuando es el tiempo en que maduran los tiene a cientos por el suelo. Aquí con la cosecha de un año podría pasar el resto viviendo en un crucero de lujo. Y además estos caquis están secos. Aunque el primer puesto de precio exagerado se lo lleva un rabanito minúsculo de wasabi: 1200¥, unos 10€.

Y otra delicia (o debe serlo): una rodaja de pescado repleta de huevas.
Realmente hay muchas cosas apetitosas pero nosotros hace poco que hemos desayunado.
Dejamos el mercado y seguimos nuestro periplo en busca del museo y damos con un patio enorme dentro de un gran edificio. Los baños públicos de una limpieza increíble. Un aparato proporciona un chorrito de un líquido para que al aplicarlo sobre un papel puedas desinfectar el asiento del inodoro. Y por si no está claro las instrucciones con una precisión de la NASA: “Corte 50 cm de papel higiénico…”


Y de nuevo la maravilla del inodoro japonés: 11 botones, más 2 deslizadores, sin contar con el de vaciado de la cisterna. Uno de los deslizadores sirve para aumentar el sonido que quieres que se produzca para enmascarar los tuyos corporales.


Luego volveremos a este centro para comer. Como es un restaurante algo “posh”, por lo menos en comparación con los que acostumbramos a usar, nos ofrecen con un enorme plato de pasta como “guarnición” (?) arroz o pan. El pan ha resultado ser como un bizcocho.
Buscamos el museo y no hay forma de dar con él así que entro en un banco y una encantadora (y supermaquillada) empleada sale a la calle y nos acompaña unos 50 metros hasta que nos lo señala. ¿Te imaginas a un empleado de Caja Madrid en Madrid o de Ibercaja en Aragón haciendo eso?
El museo es el de caleidoscopio, un aparato que fascina a Marisa. Es un lugar muy poco conocido y cuando le preguntó al señor de turismo por su situación se quedó muy sorprendido a pesar de que aparece en el mapa de esta ciudad.
Es un lugar pequeño pero si eres aficionado a ellos te maravillará. Tienen una colección con unos ejemplares preciosos. Y además todos, menos uno, los puedes tocar y ver a través de ellos. Y todavía más interesante: dan clase de como construirte uno. Nosotros no teníamos tiempo para ello (ni nuestro japonés, ni su inglés daba para tanto) pero compramos uno desarmado y con la ayuda de una joven empleada lo montamos allí mismo. Como este era para nuestra nieta Marisa se ha atrevido a comprar otro desarmado. Veremos que pasa al llegar a casa.

Kioto es una ciudad con un turismo internacional muy importante, aunque nada comparado con el nacional. Así te encuentras con información en inglés por doquier pero en cuanto te apartas de los circuitos turísticos habituales, aunque sea en el centro de la ciudad, te encuentras con letreros como este del “Special Lunch” todo en japonés.
En una gran avenida un letrero en el suelo de la acera muestra que los niños deben ir de la mano de sus papás. En España los únicos que llevamos de la mano a los niños somos los abuelos. Generalmente los padres son más providencialistas y creen que un ángel de la guarda vela por sus hijos. Aunque sean ateos.


Encontramos una tienda de imaginería católica cerca del ayuntamiento. Debe ser de origen italiano pues una de sus composiciones se llama “Presepio Giapponese”.


Aquí tienes a la Sagrada familia con aspecto nipón. Eso si los han representado bastante cabezones. Muy cerca la catedral católica encajonada entre altos edificios.

Acabamos el paseo de hoy en Pontocho, lugar que recomienda la guía, pero cuyo mayor encanto parece ser su vida nocturna.


Allí al lado del canal un reducto de irreductibles fumadores.

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3 comentarios to “11. Japón 2016. 5 de marzo, sábado. Quinto día de viaje. Kioto. Día 1.”

  1. Rebeca Says:

    Me encantó el artículo! Me encantaría ir a Japón y entretenerme con su cotidianidad que para nosotros seria una confunsión como explicas jaja saludos!

    • Angel de Japón Says:

      Gracias Rebeca. Seguro que te gustará este país.
      Veo que estás en Sri Lanka. Este país me encantó aunque solo estuve un mes en el 2014. Podrás ver las crónicas de ese viaje en este blog.

      • Rebeca Says:

        Si estuve dos años en Sri Lanka! Ahora estoy en el camino nuevamente, viajando y conociendo. Ya revisaré sobre tus perspectivas sobre Sri Lanka, saludos!

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