4. Japón 2016. 2 de marzo, miércoles. Segundo día de viaje. De Doha a Kioto. Parte primera.

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El aeropuerto de Doha es moderno, grande y con demasiado personal. Por lo menos a medianoche. Mucho personal moreno. Un gran grupo de ellos está embarcando por una puerta cuyo destino dice “Kozhikade”. Ni idea de donde está aunque parecen bangladesíes. (Al pasar el borrador al ordenador compruebo que está en el sur de la India. ¡Cuánta ignorancia!).

Pasamos por delante de una sala con magníficas tumbonas como las de la playa donde 30 ó 40 hombres están echados descansando. Hay una gran puerta de vidrio y un letrero indica que es una sala para descansar los hombres. Marisa rápidamente: “¿Y las mujeres?”. Pues estaba muy cerca pero con la diferencia que la de ellas tenía las puertas de vidrio esmerilado y no se veía su interior ¡Siempre las diferencias!
En un gran hall central hay una figura enorme que parece un oso amarillo con una lámpara en la cabeza. Pregunto a un empleado su significado: “No lo sé. Es que soy nuevo aquí”.

Pruebo con una joven: “El oso lámpara”. Que parecía el título de un cuadro de Tapies: “Materia sobre tela y collage de papel”. Que es un título real. Y aunque parezca un mal chiste lo de “real” me ha recordado que el Sr. Tapies recibió el Marquesado de Tápies en el 2010 del Rey de España Juan Carlos I. ¿La futura república catalana le quitará el título? Por lo menos le quitarán el acento abierto de su nombre.
Y otra pregunta: ¿el Sr. Savall hubiese aceptado un marquesado del mismo monarca del mismo reino?
La sala de embarque nuestra no se parece a las del resto. No se ven indostaníes, ni árabes. Sí hay gente con la mascarilla higiénica puesta.
En la información del vuelo veo que hay 6 horas de diferencia con Qatar y por lo tanto 8 con España. Es una locura de cambios pues llegaremos en 9 horas cuando en Tokio sean las 5 de la tarde y por lo tanto en España las 9 de la mañana.
Al poco de salir nos vuelven a poner el vídeo de seguridad con el “raquítico” y compañía. No solamente es una patochada (y si lo comparas con el de Air France una “patochada cutre”) sino que demás es machista, machista. Pasa un futbolista (que no es Messi, que a ese lo conozco) por delante de un gran grupo de señoras y estas se comportan con el mismo ardor adolescente que las niñas de los 60 delante de los Beatles. Y solo hay señoras cayéndoseles la baba al ver al futbolista.
Luego nos dan la carta con el menú. Y de nuevo la sensación de que estoy hecho para vivir en un avión y si te dan la opción de elegir una bandeja con un menú japonés pues todavía mejor.
En este vuelo hay azafatas japonesas que son extraordinariamente atentas. La nuestra es de Kioto y se alegra de verdad al saber lo mucho que nos gusta su ciudad.
Con una hábil maniobra he logrado que el tercer pasajero de nuestra fila se vaya a otro asiento y así podremos tener todo el espacio para nosotros solos. No será como el de mi amiga que viaja en “Business” pero estará muy bien. Claro que como teníamos la segunda fila de la “económica” he visto como estaban los privilegiados de las clases superiores y…bueno no voy a ser rencoroso. Además el ambiente de ellos tenían un tono de iluminación rojo (debe ser el carmesí corporativo de la compañía) que hacía que aquello pareciese un puticlub de carretera. Vaya, por lo que he visto en las pelis españolas.
Antes de dormir veo en el mapa del recorrido algunos lugares poco recomendables como Islamabad.

Un buen sueño del que nos despiertan para ofrecernos un “brunch” y nunca mejor definido pues son las 2 de la tarde hora japonesa pero las 6 de la mañana hora española. Y además al estar en territorio japonés una de las opciones es pescado con salsa “yuzu”. Ni idea de esa salsa pero está buenísimo y además adornado con un par de bisaltos, vegetal que para mí tiene el recuerdo de la niñez pues entonces se comían y ahora es una rareza. Como las naranjas sanguinas. Y encima al pie de página te dicen que todos los platos están preparados de acuerdo con los principios islámicos. ¡Joder con las religiones siempre tan puntillosas con sus cosas! ¿Por qué no estarán hechos también de acuerdo con los principios budistas, o cristianos o sintoístas? ¿Y cuáles serán esos principios islámicos que me deben tranquilizar?
En la información del recorrido cuando aparece la brújula ya no dice “Meca” como en el vuelo anterior pero sí se muestra un cubo negro que imagino que será la Kaaba. ¡Qué trajín llevan estos muslimes con la geografía!
Cuando estamos cerca de Tokio aparece a lo lejos el monte Fuji: realmente espectacular todo nevado.
Y a las nueve horas y cuarto de viaje aterrizamos y en el bien organizado Japón empiezan a pasarnos pequeñas cosas que nos complican un poco el viaje.
Primero nos dicen que nos sentemos de nuevo cuando ya está todo el pasaje de pie y a punto de salir. Por lo que he entendido tenían algún tipo de atención médica y debía ser de alguien de la clase “business”. Así que los ricos también se ponen malos. Un buen rato esperando. Luego las maletas han tardado bastante. Y cuando vamos a pasar el control de aduanas el funcionario decide investigar qué hay en la maleta de Marisa. En Japón, como en otros países, debes rellenar un formulario donde dice que no llevas las cosas prohibidas, ni tampoco las “restringidas”. Las primeras simplemente no las puedes introducir en el país, las segundas debes declararlas e ir a un departamento donde te dicen que las pases o no o que se quedan en cuarentena.
Y el aduanero, muy puntilloso él, nos pregunta si nos hemos leído el formulario y donde hemos marcado “No”, si es que no llevábamos nada. A mí en una ocasión incluso me sacaron un papel en castellano para que confirmase que lo había entendido bien. Como parece que nos quería dedicar tiempo les ha dicho a los que estaban detrás nuestro que se fuesen a otra cola; ha abierto la maleta, ha hurgado y obviamente no ha encontrado nada. Pero imagina que llevas unos sobres de cecina (por supuesto envasados al vacío) o un par de trufas de Sarrión porque no puedes pasar sin echar unas ralladuras cuando te comes unos huevos fritos. Pues cagada. Que no sé cómo tratan a los mentirosos pero con lo estrictos que son igual te devuelven con el primer vuelo. Vaya, hubiesen devuelto a Marisa. Yo tendría que haber modificado las reservas de los hoteles para que no me cobrasen habitación doble.
Pero ya estamos en Japón.

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3 comentarios to “4. Japón 2016. 2 de marzo, miércoles. Segundo día de viaje. De Doha a Kioto. Parte primera.”

  1. Marisa Says:

    No te mereces viajar en “Business” ¡Mira que decir que devolverías a Marisa y tu única preocupación es que no te cobren la habitación doble! No pongo el calificativo que se me ocurre porque… sé que es broma.
    Gracias de nuevo por proporcionarnos estas queridas crónicas

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