50. Bali y Lombok 2015. 6 de octubre, lunes. Vigésimo noveno día de viaje. Denpasar. Día 2.

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Ayer por la noche batí un record que no es para aparecer en los estúpidos libros de records pero sí en mi vida viajera: 28 días con la misma camisa. Me reafirmo así en mi idea de que viajo con demasiada ropa pues al final solo utilizo dos camisas, dos pantalones, dos calcetines y unos calzoncillos. Pero por precaución siempre cargo con más aunque nada comparable a los maletones que acostumbro a ver.
El restaurante de este hotel, como el de casi todos en los que hemos estado, está al aire libre y por la mañana hace una temperatura ideal. Un desayuno contenido, aunque hay un montón de cosas de tipo indonesio, pero me conformo con lo típico occidental y compruebo por los pocos comensales que estamos a esa hora, que hay muchos más calvos que en la India y muchos más fumadores, aunque también compruebo que muchos fuman “a lo gay”.
En la televisión que preside el comedor un trío que aporrean unas guitarras. Horrible. La globalización también ha llegado aquí. También compruebo que cuando anuncian un programa dicen la hora de la la región horaria de la que se trata: 10 PM WIR.
Hoy tenemos un día con muchas tareas y empiezan a ir todas mal.
Primero visita a la oficina de Garuda, la línea de bandera de este país, para saber si tengo que pagar tasas de salida en el aeropuerto o en estas oficinas y si tengo que reservar dinero en rupias indonesias o en qué moneda. Tenemos el billete de Air France pero dice “operated by Garuda”. Que no lo pueden saber porque el sistema informático… A mí cuando empiezan con lo del “sistema” me ponen de mala leche.
Mi amigo Fernando trabajaba en un banco y al comienzo de la mecanización si tenía un problema y llamaba a los servicios centrales le decían que “es que se ha caído el sistema”. Y él contestaba: “Por mí como si se desnuca”. Pues lo mismo me hubiese gustado contestarle; porque además del “sistema” están las ganas de ayudarte.
Por cierto, ¿Cómo se dirá “desnucar” en inglés?


Marisa quiere comprar unas telas y vamos a una tiendecita que recomienda la guía. Hay gente que abomina de las guías pero no sé cómo harán para encontrar esta tienda por ejemplo sin esa información. Una vez en Birmania estuvimos en una pensión en el lago Inle y allí coincidimos con una española joven y “muy viajada” que alardeaba que lo hacía sin ninguna guía. ¿Cómo había llegado hasta allí? Yo creo que también hay mucho postureo, como con el café cagado.
Esta tienda de tejidos de batik es algo increíble a pesar de lo pequeña que es, pero tiene un gran problema: los tiene todos. Y entonces es muy difícil elegir. Muy difícil.
En la calle una pintada de complicada interpretación, por lo menos para mí.


Nosotros llevamos las mochilas en algunos viajes metidas dentro de un saco y con el tiempo y el maltrato de algunos transportistas esos sacos se rompen. Antes mi madre me hacía los nuevos pero ahora…Así que pensamos en hacernos uno nuevo aquí. Conseguimos tras muchas pesquisas dar con la tienda donde venden el tejido pero se nos cuela un comisionista. Y me ha cabreado bastante pues esta mañana ya he tenido que espantar a varios. Total que después de la tela viene la búsqueda del que la cosa, aquí un “taylor”. Y hemos dado un montón de vueltas inútilmente tras muchas, muchas preguntas por la calle y por las tiendas: “Do you know where there is a taylor?”.
Cansados de tanto buscar y de no conseguir nada decidimos darnos un masaje.
Marisa lleva varios días diciendo que le gustaría probar un masaje balinés, actividad que se anuncia en muchos reclamos turísticos y hoy es la última oportunidad. La guía recomienda en esta ciudad uno patrocinado por el gobierno para proporcionar trabajo a los ciegos que son quienes te lo dan.
Cogemos un taxi, le decimos el lugar y la dirección y resulta que ha sido el taxista más torpe de Denpasar, pero al final damos con el sitio. Solo este viaje, “carrera” en el lenguaje “taxístico”, daría para una crónica larga de las peripecias que nos han sucedido.
La guía relaciona un conjunto de terapias que puedes escoger, lo que no te dice es que allí nadie habla una palabra de inglés. Sí he entendido el precio y la duración: una hora. El problema es que solo había un joven ciego y luego hemos entendido que para Marisa hacía falta una joven ciega.
El masaje ha sido estupendo pero con alguna diferencia con lo que estoy acostumbrado. La primera es que el joven, que era realmente muy amable, me ha dicho en inglés: “¿Habla indonesio? Yo no hablo inglés.” Me han dado ganas de contestarle que yo ni indonesio, ni inglés, pues el mío es bastante patatero. Por cierto, ¿cómo se dirá “patatero” en inglés? Porque los anglófonos lo tienen fácil: melocotón, “peach”, melocotonero, “peach tree”, pero ¿y el patatar? Porque, aunque muchos no lo sepáis, las patatas no se cultivan en unas bolsas de plástico preciosas que tienen escritas en letras pequeñas “Pepsico”, ni en mallas del Carrefour, que es un producto vegetal que se cultiva bajo tierra, como los topos y las lombrices, así que no es “potato tree”.
Sí ha acertado a preguntarme mi nombre. Y nada más. Así que como yo no sabía el protocolo, cuando tenía que moverme me empujaba para que me diera la vuelta. Luego ha entrado Marisa con una masajista en la misma habitación y ha empezado una sesión en una camilla contigua. Y los dos jóvenes no han parado de hablar ni un momento. Quizás tengas pocas oportunidades de trabajar juntos. Pero aunque no paraba de charlar no por eso dejaba de martirizarme, porque ese chico tenía los dedos de bronce, pues parecía imposible que con un dedo humano se pudiese hacer tanto daño. Porque esa ha sido la característica más diferente de los masajes que he recibido hasta ahora: cuando te hacen daño si has tenido una educación como la que yo he recibido no te puedes quejar, pero la cara no puede dejar de reflejarlo. Y entonces te dicen: “¿Te hago daño, verdad?” Y en aquel momento baja el nivel del martirio. Pero ese jodido no me veía y con sus dedos de bronce me hacía un daño terrible.


Una vez me dio un masaje una rusa (seguramente procedía de la KGB) por consejo de mi hermano, gran entendido en esos menesteres, y debí poner tal cara de sufrimiento que me dijo con su fuerte acento eslavo, ese que imitan en las pelis: “Puedes gritar, muchos lo hacen”. Pero yo no habría gritado aunque me hubiesen aplicado la bota malaya, pues recibía el masaje en la trastienda de una peluquería de señoras y luego al salir habrían cuchicheado entre ellas: “Ahí va ese trozo de mariquita”. Así que yo “impasible el ademán” (“y están presentes en nuestro afán”). Entonces y ahora.


Y como el joven invidente no veía (¡toma pleonasmo!) tampoco supo que tengo sindactilia en mi pie derecho, vaya, los dos dedos pequeños unidos, así que cuando ha empezado a hacerme putadas en los dedos de los pies yo ya me lo imaginaba: “Primer dedo, segundo dedo, tercer dedo, cuarto dedo,… ¡joder, ya me he olvidado un dedo!” Y ha empezado otra vez con el primero y así en el segundo recuento ya se ha percatado de mi defecto de fabricación.


Siempre pienso que en un accidente de aviación reconocerían mi pie aunque el aparato estuviese hecho fosfatina. ¡Qué diablos será la fosfatina?
Y para acabar me ha hecho sentar en la camilla, me ha trabajado los hombros y el cuello para concluir con un masaje en la cabeza que pensé que me la iba separar del tronco. Pero lo peor ha sido que todo el proceso finalizaba con unos golpes en el occipital y como no se daba cuenta de donde estaba exactamente mi cráneo me los ha dado tan fuertes que pensé que me iba a arrancar la cabeza.


Pero muy bien. Casi tan bien como Maricarmen.
También hemos encontrado un sastre para el saco, que yo creía que sería mejor un guarnicionero, pero de nuevo la cuestión: ¿guarnicionero en inglés? Y tampoco serviría pues necesitaba la palabra en bahasa. Por cierto que cuando hemos regresado para buscar el saco, el sastre estaba encima de una alfombra rezando mientras su mujer estaba barriendo. Así que las musulmanas además de no rezar en la mezquita tampoco lo hacen en casa, o por lo menos cuando marca la hora en que deberían hacerlo como estaba el piadoso sastre.
Acabamos en el hotel dándonos un baño estupendo en la piscina. Me percato de que hemos estado un mes en Bali y nos hemos bañado en tres piscinas de tres hoteles, aunque la de Bingin era solo piscinita, pero ninguna vez en el mar.


Por cierto que esta piscina tiene unas estatuas de señoritas que sorprenden en un país así, aunque aquí tienen la coartada de que marcan la profundidad del agua. La de la foto 0,8 metros.


Después de comer nos hemos vuelto a encontrar con un ciego que debía ser el jefe de la organización de los masajes. Este hombre valeroso estaba en una ancha calle para cruzarla. Bien es verdad que estaba en un sitio donde hay un semáforo, pero este no tiene señales acústicas y los vehículos que siguen rectos se paran cuando lleva 15 segundos rojo para ellos, pero los que giran siguen y a toda leche. Y te recuerdo que hay miles de motos circulando. Y como nadie va a pie, nadie ayudaba a aquel hombre. Lo he hecho yo y creo que me ha reconocido al final. Y una persona así en una ciudad como esta me deja sorprendido por el valor que hay que tener: circulación densísima, miles de motos, acera de 30 a 50 cm de alta. Agujeros mil en esas aceras y árboles de troncos retorcidos que invaden la acera. Hay gente muy, muy valiente.


Volvemos al supermercado del primer día para finiquitar las compras, cenamos allí y vuelta al hotel.


En la plaza de Puputan de nuevo hay niños ensayando con la música del gamelan y las danzas de lelong. Y lo hacen muy bien. Ha sido una suerte poder asistir a estas pruebas.


Mañana fin de Bali.

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2 comentarios to “50. Bali y Lombok 2015. 6 de octubre, lunes. Vigésimo noveno día de viaje. Denpasar. Día 2.”

  1. Carmen Says:

    Bueno, bueno, los Lahoz dándose un masaje, pensé Ángel se ha debilitado (utilizo este término en lugar de amariconado, porque muchos maricones tienen gran fortaleza). Sigo leyendo y compruebo que es un masaje de castigo y me tranquilizo.
    Me resulta raro que, en un ligar como Bali no os hayáis bañado en el mar.
    Magnífica la selección de las fotografías tan adecuad al relato

  2. alelsoles Says:

    Carmen, gracias por el cariñoso comentario.
    Lo del mar, si lo vieras, no es extraño. Es un lugar para buceo y surf pero no para el baño o por lo menos a lo que nos han acostumbrado las playas españolas. Además las arenas de coral, aunque preciosas, no son lo más adecuadas para andar descalzos.
    Añadele que hemos vivido muchos años en una playa del Mediterráneo.
    Un beso

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