49. Bali y Lombok 2015. 5 de octubre, lunes. Vigésimo octavo día de viaje. Denpasar. Día 1.

by

Hoy vamos a empezar nuestro circuito de compras que siempre dejamos para el final para no ir más cargados durante el viaje y porque además esperamos que aquí, en Denpasar, menos turística que las otras ciudades en que hemos estado, los productos sean más normales, aunque a veces nos ocurre que lo que buscamos no son los “productos normales” sino los de turistas y en sitio como este no se encuentran.


La primera visita es al “Pasar Badung”. La guía dice de él que es el más grande mercado de comida de Bali y que aquí podrás encontrar productos de toda la isla así como todo lo necesario para hacer ofrendas y que rechaces los ofrecimientos de los guías. Aunque dice que los “ignores” lo que debes hacer es “rechazarlos” y no a “los guías” sino a “las guías”. Porque estás en un puesto, te interesas por algo y de repente surge una señora que tú te crees que es la vendedora y caes en sus redes: es un gancho que hincha el precio para llevarse esa comisión.


En nuestro caso ha sido una que creíamos amiga de una bella carnicera a la que Marisa ha fotografiado y que nos ha seguido más de media hora, como si ella no fuese ella. (Que parece una frase del Sr. Rajoy). Y Marisa venga a hacer fotografías y sin preguntar por nada. Al final ha visto a otra pareja de extranjeros y se ha ido en su caza y captura. La verdad es que yo quería echarla pero Marisa no me ha dejado. Más tarde nos han seguido otras dos y yo ya estaba harto de la persecución: “Por favor no me sigas”. La primera vez. Y luego: “¿Es que te quieres casar conmigo?”. Eso las ha dejado descolocadas y se han ido. No me gusta ser borde de forma gratuita (bueno, a veces un poco) pero es que te agotan.


Encontramos un grupo de vendedoras de flores y de canastillas de ofrendas. Bueno, más que de flores eran de pétalos. Que si no fuese por el aspecto más bien menesteroso de esas señoras sería una profesión casi como un poema: “¿A qué te dedicas?”. “Vendo pétalos”.
Compara la frase de la respuesta con una vendedora de oreja de cerdo, como la guapa a la que fotografió Marisa. E incluso con una vendedora de sépalos, en el caso de que existiera.


El pescado no era importante aquí, sobre todo después de haber visto el de Jimbaran y el de carne como todos de esos productos no tiene ningún encanto: vísceras por doquier, pollos macilentos, cabezas de cabrito cortadas por la mitad pero no como en España en que muestran, o mostraban, media cabeza simétrica, aquí solo veías un paladar rugoso. Lo siento carnívoros pero es difícil sacar belleza de tanta muerte.
Y aunque muertos, incluso más muertos que esos mamíferos y esas aves están los salazones pero su olor me recuerda a la infancia y me encanta. Aquí solo estaban representados por algunos montones de sardinas y otros pececillos.


Y en este mercado, a diferencia de otros, carnicerías y pescaderías estaban mezcladas.


La mayoría de puestos están llevados por señoras y cuando no venden no paran de hacer cestillos para las ofrendas. No sé si también tendrán en su religiosidad hindú algún precepto semejante al católico de que el ocio es enemigo de la virtud.


Vemos también a alguna señora que ha comprado a la que acompaña una porteadora con un gran cesto en la cabeza. Yo tengo que confesar que en un momento de mi vida también utilicé los servicios de porteadores, y además infantiles. Es una de las situaciones más absurdas que he vivido: hice el servicio militar en Melilla y por alguna razón desconocida, pero seguramente estúpida, ningún soldado cuando salía a pasear por la ciudad (y allí era obligatorio hacerlo de uniforme) podía llevar nada en las manos excepto una carterita que casi formaba parte del uniforme, donde apenas te cabía una libreta o un periódico y que todavía conservo, pero nada más. Así si comprabas algo tenías que contratar los servicios de un morito que te llevaba la mercancía. Vaya, todo muy colonial. Y muy ridículo.
Conociendo el espíritu militar español (el resto los desconozco) no me extraña que algún comandante en plaza considerase poco marcial que un soldado español llevase una cajita con un transistor japonés en la mano: el producto más comprado por la tropa. Y eso que yo no me puedo quejar porque en la mili fui multiempleado: tuve tres “trabajos”. Pero esa es otra historia.
Desde el “Pasar Badung” nos vamos al cercano “Pasar Kumbasari”, dedicado a la artesanía, chinerías y “obras de arte”. Así como el primero está totalmente ocupado y con mucha vida, este está medio vacío y en algunos establecimientos pone que se dedican a la “venta al por mayor”. Allí compramos algunas fruslerías siempre con la espada de Damocles del peso. E iba a escribir con la “espalda de Damocles”, porque ese es el problema: la carga, o sea el peso y el volumen. Esa situación nos lleva a alguna discusión de pareja que se soluciona pronto. Porque en la mochila cabe lo que cabe, y nuestra espalda puede acarrear lo que puede acarrear, pero siempre acabamos pasándonos.
Nos vamos a cambiar a un banco que nos recomienda una vendedora y es una entidad un tanto extraña. En la entrada hay un vigilante y una puerta de ascensor y según la gestión que quieras realizar vas a un piso u otro. El nuestro, el segundo, solo tenía chicas. Les pregunto la razón y no me la han dado pero sí el resultado: en el segundo solo hay chicas, en el tercero solo chicos y en el cuarto chicos y chicas. Las cambistas han sido rápidas y eficaces pero el cambio peor que en Sanur y es que se nota aquí la falta de turistas y de competencia.
Comemos en un restaurante chino cercano: una de las mejores comidas de todo el viaje, tanto que nos planteamos ir a visitar Hong Kong que es el nombre del establecimiento. ¿Por qué serán tan denostados los chinos en España? Y cuando digo “chinos” me refiero a ellos y a sus negocios.
De regreso al hotel nos topamos por casualidad con una pequeña tienda donde venden café y que también dispone de una pequeña cafetería, lo que en inglés se llama “storefront”, y que no sé si hay traducción normal al español. Solo hay tres pequeñas mesas que además se ven ocupadas por los parroquianos habituales.


Aprovecho para indagar en el mundo del café indonesio: aunque sea la tienda de una marca no venden café en grano, solo molido. Vaya, sí que tienen unos paquetitos en grano, pero como venta de productos de lujo, o sea que el personal que no para de entrar a comprar lo hace a granel, pero en polvo. Los precios van de 110 mil rupias la clase A (6,8€/kilo) a 44 mil la C (2,7€/kilo). Pero lo que te hace caer de culo es el precio del famoso “Luwak”, el que se come y caga la mangosta, de la que por cierto hay allí un ejemplar disecado lo que le da un aire tétrico. Es como si para demostrar que un hospital es bueno colocasen en “admisiones” a un cirujano en formol. Pues bien, 50 gr de arábica molido cuestan 165 mil rupias, o sea a 200€ el kilo; si es de robusta en grano solamente 132 mil, que dan 160€ el kilo. Claro que un magnífico café te cuesta 8000 rupias, medio euro pero si es el de la cagada 100 mil, o sea 6€.


Creo que fue en mi viaje a Camboya donde leí que el mejor durian (la fruta más exquisita y rara que te puedas imaginar) era el que una vez comido por un elefante este lo vomitaba. Pues eso, que a mí no me daría asco beberme ese café, aunque cuando lo vimos en su estado natural era algo repulsivo, pero creo que hay mucho teatro alrededor de todo eso, que si te lo dan y te explican de donde viene y que cuesta lo mismo que el de recolección normal, quizás no te lo beberías. Como dicen ahora: hay mucho postureo.
Breve descanso en el hotel y de nuevo paseo por la cercana plaza de Puputan. Otra vez familias, pero menos que ayer, y pequeños grupos de jóvenes y adolescentes jugando al fútbol. Donde vimos ayer a los grupos de “Coros y danzas” hoy también había otros, he preguntado y solo estaban ensayando.


En el otro extremo del parque jugadores de ajedrez y al lado tres jóvenes macarras con el monopatín intentando romper los bordes de una acera y haciendo todo el ruido que pueden: como si estuviésemos en Madrid.


Nos acercamos al museo que iremos a visitar pasado mañana y hay un monitor dando una clase de dibujo a unos niños que están con sus madres.


Le pregunto al empleado con el que charlo si esa clase era solo para musulmanes pues todas las mamás llevan la cabeza tapada y se sorprende de la pregunta: “No, no, es para todos”. “Pero los niños son solo musulmanes”. “En Bali son una minoría pero todos somos iguales”. Le digo que en Pemuteran hay muchos como en toda la costa norte y que dentro de 20 años serán mayoría en Bali. Pone los ojos como platos, sonríe y me dice algo así como “espero que no”. O sea que buen rollito pero que no les sobrepasen.


En el hotel aprovechamos las instalaciones y nos bañamos solos en la magnífica piscina cuando es ya casi de noche.
Mañana más compras.

Anuncios

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s