44. Bali y Lombok 2015. 3 de octubre, sábado. Vigésimo sexto día de viaje. Sanur. Primera parte.

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Ayer paseando al atardecer por la playa pasamos por varios restaurantes y en todos estaba anunciada una oferta de “Happy hour”, como también lo estaba en casi todos de la calle principal, incluso había uno que anunciaba “Happy Haurs”. Lo primero que me sorprende es que ese singular de “la hora feliz” se refiera a un periodo de tiempo de varias horas, como 3 ó 4. Quizás sea debido a alguna excepcionalidad del idioma inglés respecto al número. Y da la casualidad de que FUNDEU me manda hoy una nota sobre la conveniencia de decir mejor “hora feliz” que “horas felices” o dejarlo en inglés. Yo lo dejaría en inglés pero en plan poético, sin entenderlo en su sentido literal porque a mí me parece una exageración. ¿”Hora feliz” porque te rebajan un 20% la botella de cerveza? ¿”Hora feliz” porque si te tomas dos margaritas te regalan una?
Imagina que vas a DIA a comprarte tu cerveza favorita (de marca blanca, por supuesto) y te dicen que hoy está rebajada un 17%, ¿dirías que eso para ti es la felicidad?
La felicidad es más que eso. Unos la relacionan con la familia, otros con la salud, otros con el amor, todos (excepto los célibes de profesión) con el sexo, ¿pero algún merluzo la relaciona con que la botella de tequila reposado José Cuervo tenga un descuento de un 20% durante tres horas?
Eso es lo que tiene el inglés en la mercadotecnia, que lanzan un mensaje y todos a beber Cocacola. Por cierto, que esa bebida aunque la rebajen mucho tampoco da la felicidad. (Y esto no es un anuncio de “Persi”, aunque haya vivido en Fuenlabrada).
Hoy amanece un día radiante. Hemos tenido mucha suerte con la meteorología pues creo que solo llovió un día y lo hizo por la noche. Mira por donde la polisemia del castellano ha hecho que saliera una frase como de Monterroso: “Solo llovió un día y lo hizo por la noche”. En inglés hubiese sido más precisa pero nada poética: “It rained only one day and it was during the night”. O algo así.
Las palomas, las desagradables palomas, han comenzado su zureo mucho antes de las 6 de la mañana. Deberían prohibirlas.
El desayuno de este hotel no ha estado mal, lo que ha hecho de este establecimiento el de mejor relación precio/calidad de todo el viaje, excluyendo el de Denpasar, del que todavía no me creo lo que pagamos. Mañana volveremos allí e iré con el miedo de que me digan: “Mire, la otra vez nos equivocamos y el precio es 10 veces más”. Veremos.
Aquí como en Ubud las casas tienen dentro del recinto un pequeño templo y capillas varias; vaya, pequeño pero que en su conjunto ocupa tanto espacio como el resto de la casa. Y no solamente es el espacio que ocupa, es también la cantidad de tiempo que le dedican a los menesteres relacionados con las ofrendas. Así esta mañana al salir nos hemos topado con el hijo de la dueña que las estaba preparando: por un lado tenía una gran bandeja con más de 50 cestillos, en cada uno de los cuales había un poquito de arroz, un trocito de vegetal y un pescadito seco enano. Primera pregunta: si es para un dios, o para Dios, ¿para qué cuecen el arroz y los vegetales? Bien entenderán los oferentes que es pura representación y que al Ser Supremo lo que le debe interesar es la intención y la puesta en escena.


Por otro lado tiene en la mesa un montón de cuencos metálicos en cada uno de los cuales ha puesto un vasito de café, un cuenquito con dos bolas de arroz y otro con vegetales y el pescadito. Que parece para un bodegón de un anuncio del Ministerio de Sanidad sobre la alimentación saludable.


Encima este oferente es además un artista sensible que pone los cuencos pequeños del mismo color que el grande que los contiene. Y finalmente ha preparado unas cestitas, mayores que las otras, hechas de hojas verdes de banano que tienen de todo. Son solo media docena que imagino será para los puntos o los dioses principales.


Después de esta complicada tarea de preparación irá repartiéndolos por toda la casa entonando diversas jaculatorias y ejecutando unos cuantos ritos.
Hoy vamos al mercado de Sanur, Pasar Sindhu o “Mercado de noche”, que como su nombre no indica lo abren a las 6 de la mañana. En la entrada las señoras vienen unas detrás de otras a realizar ofrendas delante de…Pues ni idea pero son como unos altarcitos que deben ser muy importantes pues están hasta arriba de cestitas.


Este mercado es uno de los más tranquilos y raros que he visto en mi vida “asiática”. Es una nave bastante grande y luminosa con los puestos hechos de obra y revestidos de azulejos grandes y con amplios pasillos. Aunque casi todos los puestos están ocupados cada uno por una vendedora no hay demasiado movimiento, ni tampoco gran cantidad de productos lo que me hace pensar que habrá algún mercadillo callejero donde las amas de casa se provean de los productos habituales. Lo más curioso es que cada puesto tiene un altarcito sobre una peana, semejante a la que compró la rara de Munduk. Y digo “cada puesto” y no es así: me percato de que uno no lo tiene; su vendedora lleva pañuelo en la cabeza, lo que la califica como musulmana. ¿Estará discriminada por ello? Claro que las musulmanas no pueden levantar altares, pero si hubiese una vendedora católica ¿podría poner uno a Santa Rita de Casia, por ejemplo?


Cuando yo era un niño en época de exámenes alguna mente piadosa nos hacía ir a rezar a esta santa dado que era patrona de los imposibles. O sea que te matabas de estudiar (¡cuánto se estudiaba entonces!) y para darte ánimos te recomendaban que rezases a esa santa patrona de las causas imposibles. ¡Estos católicos siempre tan perturbadores! Yo que no me acuerdo del nombre de la población donde estuve ayer me acuerdo perfectamente donde estaba Santa Rita: al fondo a mano derecha de la nave lateral derecha de la iglesia de mi pueblo.


Y paseando entre los puestos otro feliz encuentro: un tejano muy mayor que vive aquí pero que ha vivido en Japón, en Tailandia y en Méjico. Intenta hablarnos en castellano y se hace un lío metiendo palabras de varios idiomas. Le digo que me recuerda a un monje de “El nombre de la rosa” que hablaba una jerigonza, mezcla de varias lenguas. Afortunadamente no conoce a Eco, ni su obra, pues era un monje poco ejemplar con quien no querrías que te compararan. El tejano tenía ganas de hablar y hemos charlado un rato, hasta del ex presidente Carter. Muy interesante.
En la calle una moto con sidecar ocupada por una pareja occidental talludita. Y ¡es que hay gente pa’tó!


Hoy vamos a visitar un museo que está en la parte norte de Sanur. Te recuerdo que es una playa con un “paseo marítimo” de unos 5 km y que nosotros estamos en el medio del recorrido. Intentamos ir desde la calle principal paralela a la playa hasta esta y es una tarea imposible: todo el frente de la playa está ocupada por grandes establecimientos hoteleros que te impiden el paso (“Customers only”) y así debes andar bastante hasta que encuentras un paso libre. La gente no le da importancia a eso. ¿Por qué? Pues porque nadie va andando (los balineses, quiero decir) y hacer 500 metros más en moto no tiene ninguna importancia.
Al final encontramos una entrada y llegamos a la playa.
Pasamos al lado del “Grand Bali Beach Hotel” que es el único edificio de tamaño importante en Sanur. Les gustó tan poco a los líderes locales que impusieron después como norma de edificación que ningún inmueble fuese más alto que un cocotero. Lo he leído así y parece un poco de risa pues habría que definir esa magnitud: “altura de cocotero”.
Este hotel se parece algo a uno de Sitges pero además el de aquí ocupa una gran extensión frente a la playa.
En el camino un anuncio de la “Oktoberfest” en un restaurante, pero en lugar de las dos semanas de Munich, aquí será solo mañana de 4 a 9 de la tarde. Habrá competición de bebedores de cerveza y visto algunos de los personajes que hay por aquí la disputa puede ser muy dura.


Porque además de los turistas normales como nosotros, se ven algunos señores mayores solos, o formando pequeños grupos, colgados de las barras de algunos bares y restaurantes con su botella de cerveza pases a la hora que pases. Hoy he visto incluso a un grupo anglófono con alguna señora madurita con una bufanda de esas de hinchas de fútbol saliendo de un bar. Mira que hay que ser fanático para venir a Bali y además del traje de baño echar la bufanda en el equipaje.
Más tarde encontramos unos cuantos monstruos disfrazados que parece que vayan camino del desfile del “Orgullo Gay”: ”Monsters’ Gay Parade” . ¡Qué falta de respeto con las creencias!


Pero son casi las 11 de la mañana (y aquí se madruga) y no hay nadie en la playa. Más tarde cuando hagamos el camino de regreso comprobaremos que en las terrazas que dan a la playa de los hoteles, e incluso en las tumbonas en la arena de esos mismos hoteles sí hay clientes, pero nadie en la arena y menos bañándose. Marisa me hace la siguiente observación: “Las playas no se usan, para bañarse están las piscinas”. Parece una visión apocalíptica del futuro.


Al llegar al “Grand Hotel” otra monstruosidad en sus jardines: han construido una especie de poliedro de vidrio azul transparente para utilizarlo en bodas. Se llama “The Diamond Bali Wedding Pavilion”.


Solo de pensar la cantidad de pasta que hará falta para mantener en el trópico una estructura así con “temperatura de boda” me pongo de mala leche. No he visto nada tan hortera y pretencioso en mi vida en el apartado “Bodas, bautizos y comuniones”. Claro que muy cerca veo un montón de basura pero seguramente los novios cegados por tanta fastuosidad no se percatarán de ella.


Pregunta para ganar un viaje allí: Dado que la estructura de vidrio (porque es de vidrio, no de diamante, ¿qué te habías creído?) es de color azul, ¿qué debería hacer el fotógrafo para que los contrayentes e invitados no parezcan hechos de polvo de lapislázuli?


Y así llegamos al museo de Le Mayeur.

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