43. Bali y Lombok 2015. 2 de octubre, viernes. Vigésimo quinto día de viaje. De Jimbaran a Sanur.

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Este es el segundo establecimiento al que se le puede calificar como “hotel” después del de Denpasar y tiene un bufet de desayuno tipo “Imserso liquida jubilados” (para aligerar los gastos de la Seguridad Social).


Está desayunando el mismo grupo de franceses que cenaban ayer, gente de alrededor de 60 años y parece mentira que puedan reírse con esas sonoras carcajadas a las siete y media de la mañana. ¿Qué tónico se habrán tomado al despertarse?
Lo que está claro es que el turismo del sur de esta isla ya no es ni por su edad, ni por su condición del tipo que encontramos en el norte o en las islas pequeñas de Lombok. También compruebo que dada su edad les pasa lo que nos pasa a los españoles: serán franceses pero van muy “pillados” con el inglés. Esta mañana ha venido uno a pedirnos ayuda mientras desayunábamos para poder poner la palabra de acceso al wifi en su teléfono. Y por supuesto en francés. Y eso que nosotros no lo estábamos utilizando.

Ayer vimos el mercado de pescado y nos queda por visitar el “mercado de la mañana” que según la guía está abierto de 6 de la mañana al mediodía. La recepcionista del hotel nos dice que ya estará cerrado aunque solo son las 8. Efectivamente cuando llegamos está casi vacío.


En el camino vemos a un occidental de unos 40 años que va de paquete en una moto y lleva a dos niños pequeños. ¡Más insensatos!
El hotel proporciona transporte a cualquier sitio e intento saber el precio habitual y así le pregunto a un taxista: me pide el doble. Me voy sin contestarle y entonces él me dice que cuanto quiero pagar. Yo en esos casos no entro en ninguna negociación.
Vamos con el transporte del hotel de Jimbaran a Sanur, nuestra última etapa antes de Denpasar, en nuestro intento de conocer el sur que es la zona turística que ha dado fama a esta isla además de Ubud.
Cerca de Sanur pasamos por un “Serenity Spanish Bar”. Me sorprende porque ni el nombre es español, ni la “Serenity” parece una de nuestras virtudes.
En Sanur hemos elegido una “homestay” para alojarnos y el taxista tarde en dar con ella; ha resultado ser de los que no les gusta preguntar.


Sanur es una playa de 5 km de largo que va de norte a sur y que tiene una calle principal con lujosos hoteles que dan a esa playa y restaurantes y tiendas de todo tipo. Además tiene una especie de paseo marítimo que recorre la playa y que contrasta con las escaleras del acantilado de Bingin.
Nuestro alojamiento está en un callejón perpendicular a la calle principal, pero en el lado contrario al de la playa, lo que nos debería asegurar cierta tranquilidad. Y hemos acertado porque tienen un precio estupendo, es limpísimo y parece que nuestra habitación la estrenamos nosotros. Hay muchos turistas por la calle pero es menos agobiante su presencia que en Ubud.
Una de las ventajas de la abundancia de turismo extranjero es que hay muchas casas de cambio. Ayer en Jimbarán donde tuve que hacerlo había solo una. Consecuencia: 1€=16.000 idr. Hoy en Sanur de 16.600 a 17.000. Piensa que cuando llegamos a Denpasar en el aeropuerto (¡cuadrilla de ladrones!) iba a 15.000.
Quizás muchos de vosotros, como mi amiga Carmen, pensáis que “es poca la diferencia”, “da lo mismo”, “total estamos de vacaciones”, “estás solo una vez en la vida en Bali”… Pero para mí es una cuestión matemática: un 13% más. Y de ayer a hoy un 6% más. Y ya sabes lo que la señora Báñez me ha comunicado alegremente que me sube la pensión: una mierda.
La verdad es que el que me ha cambiado con el mejor cambio ha intentado darme 100.000 rupias menos. Y eso que era en una sastrería, profesión que a mí siempre me ha parecido de las más honradas, claro que es difícil ser corrupto o ladrón con ese oficio. Porque cuando te hacías un traje –esto parece ahora de la época mesozoica- llevabas la tela y si le dejabas un príncipe de Gales no te iba a dar tu traje de cheviot. (Seguro que ahora ya no existe ni el príncipe de Gales, ni el cheviot). Al revés, sí los han utilizado los corruptos como los famosos políticos valencianos, excepto la Sra. Rita que viste de confección.
Otro establecimiento que prolifera en Sanur son las lavanderías. Se nota que aquí estamos en los trópicos y se suda más. Yo sigo con mi técnica personal y voy a acabar el mes de estancia con una sola camisa aunque un letrero en la habitación de este hotel conminaba a no lavar: “El lavabo es solamente para lavarse las manos (sin que lo sepan me he lavado también los dientes, espero que no se enteren) y “extremely” (que no sé cómo traducir) no está permitido lavar sus ropas: please don’t push/pull it”, que es la técnica que parece que es la que uso yo. Tendré que investigarlo.
Por lo demás son extraordinariamente amables. Es lo que tienen las “homestay”, que “el ojo del amo engorda el caballo”.

Tras la comida descanso “tropical” en el hotel y después paseo por la playa.
Estamos acostumbrados los últimos días a playas orientadas a poniente y esta lo está a levante por lo que a estas horas hay sombra en gran parte de ella por los grandes árboles que la rodean.


El “paseo marítimo” es una calzada de 2 metros de ancho que discurre por el exterior de la playa que hoy con marea baja era bastante grande aunque no se bañaba nadie, excepto un par de familias indonesias, ni había nadie tumbado en la arena, solo algún huésped de algún resort de lujo echado indolentemente en una hamaca, e incluso he visto a una pareja que estaba en una especie de jaula.
Hemos ido andando hacia el sur donde había un montón de barcas varadas. Esta playa tiene una gran barrera de coral a unos 100 ó 200 metros y, por lo menos esta tarde, el mar entre esa barrera y la playa era como una gran laguna.


Otra cosa notable de esta playa son las cometas. La guía dice que algunas son de hasta 10 metros y que su cola puede llegar a los 160. Y lo peor: que llegan a preocupar a los pilotos. Y no me extraña pues había una como no he visto en mi vida de lo alta que estaba. Por si eres un fanático: hay un “Bali Kite Festival” en julio.
En el paseo encontramos a un señor sentado en la arena en actitud orante o meditativa con varias ofrendas delante de él.


En otro lugar vemos un plano y unas normas para evacuación en caso de tsunami. La verdad es que acojona bastante pues dada la falta de seguridad que hay en todos los sitios si ocurre algo será terrible. Además, como algunas de las normas de seguridad de los museos españoles, parecen hechas por un niño: “Tenga presente que en la parte sur de Sanur no podrá oír las sirenas por lo tanto sintonice la emisora de radio RPKD en los 92,6 de FM donde darán las normas para la evacuación”. O sea que tienes la gran ola encima y entonces si vives en la parte sur de la ciudad buscas el transistor y sintonizas RPKD para que te expliquen como debes marcharte. Lo dicho: como los museos españoles. O como en ARCO, donde tú eres una señora y llevas un bolso donde cabe el Guernica y no te dicen nada, pero llevas una mochila de medio litro de capacidad (realmente era de unos 5 litros) y no te disparan a las piernas porque los de la puerta solo llevan una porra pero te dicen de malas maneras que como intentas entrar con una mochila en aquel sagrado lugar.


Mucho más me ha gustado el letrero de un bar: “No despilfarre agua, beba cerveza”.


Cuando empieza a hacerse de noche regresamos a la calle principal, cena estupenda y a dormir que mañana tenemos mucho que ver.

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