34. Bali y Lombok 2015. 26 de septiembre, sábado. Decimonoveno día de viaje. De Pemúteran a Munduk.

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Nos despedimos del hotel donde hemos estado tan bien. Es una mañana estupenda y los muslimes llevan un rato cantando desde su mezquita. Imagino a los clientes de un par de “resort de luxe” que están a su lado. Nosotros lo hemos padecido alguna vez pero era un día o dos y en una ocasión por culpa (¿gracia?) de la melopea cantarina de un templo hindú en Delhi.

En aquella ocasión hasta nos cambiamos de hotel y el dueño del establecimiento no se lo creía y pensaba que la causa era que habíamos encontrado otro hotel más barato. Hasta donde llegaba su fe.
Hoy vamos a coger un autobús desde la carretera que está a 50 metros del hotel. Nos llevará hasta Seririt en el este y desde allí otro hasta Munduk, nuestro próximo destino. Y no hay nada como una mochila roja en el arcén de la carretera, pues enseguida nos para un bemo pero que va en dirección contraria y al poco una furgonetilla Suzuki con quien tras un breve regateo contratamos el viaje hasta Munduk. En estas condiciones sigo el consejo que me dio Geneviève cuando veníamos desde Ámsterdam a Denpasar: regatear pero sin asfixiar al otro.
Ha resultado ser un conductor muy locuaz y gracias a él he sabido que un futbolista llamado Ronaldo (explico las características pues aspiro a que este blog dure 50 años y dentro de ese tiempo nadie lo recordará) vino a Bali cuando el tsunami azotó Aceh (costa occidental de Sumatra) en 2004 y se encontró con un huérfano que llevaba su camiseta. Si hubiese sido una política de PP (recuerda aquello de que si tiene whatsapp no es pobre) habría pensado que “si lleva una camiseta con mi nombre no debe estar muy apurado pues si lo estuviese iría desnudo”. Pero el futbolista que parece que tiene un alma delicada cogió al niño (¿lo adoptará?) y se lo llevó a España, donde ahora juega al fútbol. Así me lo ha contado el conductor. Le podría haber dicho que en mi país todos juegan al fútbol, pero no he querido herir su orgullo patrio.
Echa gasolina: 7.400 idr el litro. Al cambio de ayer a 0,46€.
También hemos hablado del tema musulmán de forma tangencial y tampoco le gustan. ¡Hay alguien en la tierra que sin ser musulmán les guste? Incluso quitaría lo de musulmán, porque mira cómo se matan entre ellos. Esta fue una de las razones que adujo el chófer para opinar que el islam no se extendería por el mundo. Eso y las avalanchas que se producen en La Meca con su famosa peregrinación. Me explica que han muerto mil hace unos días y que les paso eso porque eran africanos (y tres indonesios) y no entendían el árabe ni el inglés. Creo que relacionaba esa carencia con el no entender las instrucciones a seguir en esos casos.
Sobre la natalidad me dice que los chinos en China solo tienen un hijo pero que aquí en Indonesia tienen más de seis. Que solo se casan entre ellos y que tienen los ojos rasgados de tanto contar dinero. Imagino que debe ser un chiste indonesio sobre los chinos.
También que es viudo y que tiene 2 hijos. Su mujer murió de cáncer hace dos años y él tuvo que vender su casa para pagar el tratamiento y la cremación.
Tenía que haberle grabado toda la historia.
Mientras escribo este borrador en la terraza del hotel un empleado se sube a un árbol muy alto con un calzado especial: unas chanclas. Que da miedo verlo.


Atravesamos Seririt y recuerda mucho a la India: calles y aceras totalmente ocupadas por tiendas y motos. Muchas motos. La diferencia es que no encuentras en Bali a nadie andando. Lo que ya he explicado en alguna otra crónica: los que aquí no tienen moto o están en casa si son mayores porque no pueden llevarla y si son jóvenes por el baldón de no tenerla.
Cuando dejamos la costa la carretera va ascendiendo hasta los 800 metros de Munduk y empiezan a verse arrozales y bosques y el territorio es mucho más bonito que en la costa. Además al pasar por los pueblos estos huelen a especias, sobre todo a clavo.
Y el conductor me dice que en Bali se siguen las fiestas hindúes y también las musulmanas (imagino que estas en toda la nación) y las cristianas como Navidad y Año Nuevo pero que a los musulmanes no les gustan más que sus propias fiestas.
Llegamos a Munduk y tenemos habitación en el primer hotel elegido. Es un sitio encantador situado en una antigua casa colonial holandesa y nosotros tenemos una habitación de aquella época.


Antes de comer damos una vuelta por el pueblo que consiste solamente en una hilera de casitas, algunas de aquella época, situadas a ambos lados de la carretera durante unos 100 metros.
Vemos a una turista occidental con aspecto de rara y entra en una tienda donde venden los altarcitos de madera que suele haber en las puertas de las casas. Es un armatoste, pequeño pero armatoste, de unos 40 cm por 30 por 20. Pues al rato la hemos visto en la calle con uno de ellos. Ahora entiendo porqué algunas mujeres cuando vienen a Bali necesitan esos maletones: para llevar altares de madera. A mí me ocuparía 7/8 de la mochila. Pero como he dicho antes era rara.


Por cierto que en nuestro deambular por la calle-carretera del pueblo hemos visto una de esas ofrendas que ponen en las puertas de las casas: habían colocado un café con pastitas. ¿Se lo beberán luego como hacían mis padres con las copas de coñac y de anís de los reyes magos?


En la calle varias tiendas de “bensin” con las clásicas botellas sin marca y con tapones de plástico que me hacen recordar a las de los sueros de los hospitales. Ayer vimos en Pemuteran un puesto donde las botellas de gasolina eran de Campari lo que les daba un aspecto un tanto extraño.


Un bajorrelieve en la carretera muestra a una madre amamantando a un bebé con el eslogan en grandes letras de ASI. Pienso que también podría servir en España en una campaña a favor o en contra de la lactancia materna pues la mamá solo muestra un diente: ”Si das de mamar te quedarás desdentada como ella. No le des teta, solo Pelargón”. Tendré que investigar el resto del mensaje: “Makanan Bayiterbaik”.


En la calle, secándose al sol, un montón de clavos de especia qué perfuman el ambiente.


Buscamos y encontramos un restaurante precioso con una maravillosa vista sobre el valle que visitaremos estos días.


Hemos visto a algunos turistas occidentales, siempre en parejas, menos la rara del altarcito, así que aquí venimos pero pocos en comparación con los de la costa y nadie si lo haces con Ubud.
Breve descanso y té en el hotel. Es curioso porque en Indonesia lo famoso es el café y no solamente el de las cagadas de las mangostas, pero también producen té y el de esta tarde ha sido francamente bueno. Además el ambiente está fresquito y si piensas en la playa esto es una delicia.


Damos una vuelta como una avanzadilla de lo que haremos mañana. En una casa estaban trabajando el clavo y hemos entrado para verlo. Son unas inflorescencias (o eso me ha parecido a mí) y sacan la pieza de la especia de uno en uno. He aprovechado para charlar con el joven mientras Marisa hacía las fotos de rigor y ya sé cuál será mi entrada para esas conversaciones pues sino están demasiado atentos a la cámara y por un lado pueden estar incómodos y por otro no están naturales. Así que yo haciéndome el simpático aunque alguna vez me tenga que comer un boniato. Que me lo he comido.
El tema de conversación que ha arrancado carcajadas ha sido decirles que en 20 años ellos rezarán como los musulmanes y ellas llevarán la cabeza tapada. Me dicen que no, que no, y se ríen mucho. Me gustaría poder explicarles como he visto hace 30 años como estaban las mujeres en Argelia o en Egipto y como están ahora.


En el camino hemos encontrado unas cañas de bambú muy largas a las que han acoplado unos travesaños. Se utilizan para subirse a los árboles del clavo para su recolección, cosa que se hace de junio a octubre, antes de que comience la estación de las lluvias.


Regreso al hotel y puesta de sol nada especial pues está bastante nublado.
Cena en el restaurante de nuestro hotel.
Antes de recogernos aprovecho para preguntarle al recepcionista por los bajorrelieves de esta mañana. Efectivamente son mensajes saludables. El de la señora amamantando que dice ASI significa “Air” (agua), “Susu” (leche) e “Ibu” (madre). No sé cómo se compondrá el eslogan en indonesio pero no acierto a darle un significado sin añadirme un verbo.
Y debajo “Makanan”, alimento, “Bayi”, bebé y “Terbaik”, bueno o mucho mejor.
Acaba diciendo que debes comer de los cinco tipos de alimentos para tener una vida saludable y por último que “Dos hijos son suficientes”: ”Keluarga Berecana”.
Muy instructivo.

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2 comentarios to “34. Bali y Lombok 2015. 26 de septiembre, sábado. Decimonoveno día de viaje. De Pemúteran a Munduk.”

  1. Carmen Says:

    Qué tranquilidad me da ver que hacéis viajes turísticos y dormís en cama de sábanas blancas con grandes toallas.

    • alelsoles Says:

      Ya ves, querida Carmen, a veces es suave y tranquila la vida del turista. Y aquí, además, con el ambiente perfumado por el clavo.
      Una delicia.

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