33. Bali y Lombok 2015. 25 de septiembre, viernes. Decimoctavo día de viaje. Pemuteran. Segunda parte.

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Hoy he visto un grupo de gente cocinando cerca de la carretera debajo de un sombrajo y en la casa cercana palmas y adornos en la puerta. He preguntado en la oficina de cambio y me han explicado que esa fiesta se celebraba a los tres meses del nacimiento de un niño. Se llama “tiga bulan”, pues “tiga” es tres. Imagino que eso tendría sentido antes cuando había una gran mortalidad perinatal y así cuando cumplían los tres meses ya se consideraba que estaban a salvo. Pero esa es una teoría personal. Lo bueno es que es una fiesta que celebran igual sea niño o niña el recién nacido.
Nos vamos a pasar la tarde de nuevo a la playa y no vemos a ningún bañista (uno, pero era “local”) y a media docena tomando el sol o la sombra en las hamacas de los hoteles y solamente a un par en la arena. ¿Quién quiere estar en la playa rodeado de pequeñas basuras e inmundicias? Me refiero a bolsas de plástico, restos de algas, hojas secas de los árboles… Cosas sin importancia pero a las que nos hemos desacostumbrado en nuestras impolutas playas mediterráneas.


A unos metros de la orilla está amarrada una bonita embarcación de madera llena de botellas para bucear.


Contrasta con una barca de pesca que da lástima por su estado aunque he visto en un par de sitios gente arreglando las barcas de pesca. Imagino que si los turistas vamos a más los pescadores se transformarán en empleados de las agencias de buceo y tendrán unas embarcaciones primorosamente pintadas.


Ayer y hoy he visto una barca con un nombre evocador: “Fortuna”. Lo que pasa es que aquí no es un yate real (¡qué vergüenza D. Juan Carlos!) sino que son dos palabras: “For tuna”.
Vemos a una pareja francesa de unos 40-50 años con los que hemos coincidido en el restaurante de la comida que van con tres niños bastante pequeños y que estos están jugando en la arena al lado de un desagüe que no sé si será de aguas limpias (no creo) o contaminadas. Esos padres me ponen de mala leche. ¿Qué hacen si un niño coge una infección? Si sus abuelos los viesen se morirían del susto.
Paseando llegamos a la preciosa “The Glass House”. Esta mañana nos habían dicho que esperaban invitados de Yakarta y que si queríamos unirnos a ellos tomando una bebida. No conozco las fórmulas de cortesía oriental y no me lo he tomado como una invitación formal pero desde luego los invitados, que creo que eran todo señoras, iban elegantemente vestidos.


Hemos encontrado un trozo de vidrio de la casa semienterrado en la arena y Marisa ha hecho bonitas fotografías del bodegón.


Esta mañana y también esta tarde nos hemos preguntado (y lástima que no se lo hemos dicho a la señora japonesa) cómo solucionarán el problema de la seguridad. Vaya, no solo en el futuro sino también en el pasado, pues si llevan 10 años con las obras no quiero ni pensar como estaría una edificación así en nuestra civilizada España, sin vallas y toda de vidrio. Imagínate los artistas (?) callejeros a los que les encanta rayar (ellos dicen “rallar”) los vidrios de los cristales de los vagones de los trenes de cercanías: tener toda una casa para “rallar”.


También he pensado qué pasará con las compañías de seguros. Imagínate la escena:
-Buenos días que venía a asegurar mi casa.
-¿Dónde está situada?
-En la playa, sin verjas, ni cercas, ni muros y sin ninguna limitación de acceso.
-¿De qué material está construida?
-Toda de vidrio.
Aquí viene el momento cuando tu agente de seguros de Mapfre se cae de la silla. Creo que lo probaré con la mía, Carmen.


Y se pone el sol y en la mezquita donde oraban al mediodía se ponen a rezar por los altavoces y en el pequeño oratorio de la playa, que está en la misma arena, son unos niños pequeños quienes cantan por la megafonía. Veo que hay una niña pequeña cubierta por una toquilla y luego entra su madre, también cubierta y por supuesto ambas se quedan pegadas a la pared trasera de la habitación. Claro que no era una discriminación familiar pues su hermanito sí estaba con su papá en la primera fila. Que para eso son hombres. Por cierto que en la mezquita del mediodía a pesar del “overflow” no había ninguna mujer.
Y viendo y oyendo aquel oratorio y sobre todo los fuertes cantos del muecín de la mezquita grande he pensado que tú te estás tomando una cerveza en un romántico atardecer balinés y a las 6 de la tarde empieza una salmodia, que a ti te suena como “Aaaaaaa” que no para en una hora. ¿Te gustaría? Te aseguro que los dos primeros minutos pueden parecerte interesantes y si eres multiculturalista hasta los cuatro, pero luego…Y no te digo nada si el refresco (estás en un país musulmán y para no herir susceptibilidades evitas las bebidas alcohólicas) lo estás acompañando con las suites para violonchelo de Bach.
De verdad que no entiendo a mucha gente y sus vacaciones playeras en Bali.
Nos vamos a cenar al restaurante donde comimos ayer y pregunto por el pescado fresco. Nos ofrecen un bicharraco enorme que nos comemos entre los dos y que ha estado buenísimo. Pregunto por el nombre por si tienes oportunidad: “ikan kakap”, siendo “ikan “ pescado.
Regresamos al hotel andando por la peligrosa carretera pues en este pueblo todo está a lo largo de ella.
Mañana a Munduk en el interior. Tendremos que probar en el sur de la isla para ver las delicias marinas de Bali.
NB
En el paseo matutino y antes de encontrarnos con la maravilla de “The Glass House” Marisa dice que podríamos crear en Flickr un álbum que se llamase “Bali profundo” por el contraste entre lo que estamos viendo y los folletos reales o imaginarios sobre esta isla.

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