25. Bali y Lombok 2015. 20 de septiembre, domingo. Decimotercer día de viaje. Senggigi. Segunda parte.

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Por la tarde visita a Ampenan, ciudad que junto con Cakranegara y Mataram, la capital, han formado un conjunto único, siendo Ampenan la que está más al norte y el puerto de la ciudad.
La guía dice que hay “bemos”, esas camionetas que son el transporte público, entre Senggigi y Ampenan, así que preguntamos en el hotel. Seguimos con el mismo problema: nadie utiliza el transporte público excepto algunas señoras y algún menesteroso, como luego comprobaremos. Resultado: nadie tiene ni idea de la frecuencia ni del precio del billete. La guía dice que 3000 rupias y yo una de las veces que he preguntado, y lo he hecho hasta a la cajera de un supermercado, he aventurado si serían 5 o 10 mil. Respuesta: “Pues quizá sí”. Senggigi es una carretera pegada a la playa y allí nos situamos en la dirección adecuada. Un vendedor ambulante de fruta muy viejo (el menesteroso al que aludía antes) nos intenta vender los restos que le quedan y finalmente para a un bemo que va en la dirección contraria a la que queremos ir. El abuelo insiste en que subamos pues nos dice quedará la vuelta y nos llevará a Ampenan. De entrada nos pide 30 mil (recuerda que la guía decía 3 mil) y al final accede con 10 mil cada uno.
Pues nos ha pegado un viaje larguísimo hacia el norte cuando nosotros queríamos ir hacia el sur. Así han subido y bajado varias señoras que las pobres no debían tener el carnet de moto, aunque he visto a chavales que no debían tener más de 12 años conduciendo una de ellas.
Al final da la vuelta y nos vamos a nuestro destino. En el camino para en una gasolinera pero no es para él, es para el abuelo frutero: saca una botella vacía de plástico de agua de litro y medio, la llena de gasolina y la guarda cuidadosamente entre media docena de mangos y unos plátanos que no había vendido.
La parada de los bemos es un lugar llamado Kebon Roek, que suena a holandés y que imagino es de la época colonial y allí hay un mercado muy interesante. Lástima que era muy tarde y muchos puestos estaban cerrados, pero Marisa observa que por la mañana no hubiésemos podido pasar pues ahora apenas hay espacio y estamos cuatro gatos.
Y como siempre los puestos más interesantes son los de frutas y los de pescado. Además no ponían ninguna pega para las fotografías e incluso alguna vendedora nos la ha pedido.


Una actividad novedosa para mí han sido unos puestos con cocos totalmente pelados, como un balón de unos 15 cm de diámetro y donde los trituraban con una máquina especial dándole a la compradora el resultado que era una pasta blanca, en una bolsa de plástico.
Las vendedoras eran generalmente señoras mayores y con esa especie de verdugo que parece una toca y que acaba dándole a la portadora el aspecto de una monja. Parecía como si una congregación de dominicas hubiesen invadido el mercado de Ampenan.


Algunos nos querían ensalzar sus productos a pesar de que sabía que nos íbamos a comprar. Así un robusto pescadero se ha colocado delante un gran pez para que lo fotografiásemos con él.


Sí podemos asegurar que el pescado que estaban manipulando era fresco, fresco.


Una vendedora de pescado seco y fruta después de fotografiar su mercancía se ha quedado tan contenta me ha pedido que la fotografiase a ella con una zanahoria. Y cuando ha posado para Marisa se colocado delante media cabeza seca de un pescado en salazón.


Una visita muy interesante.
Para regresar cogemos otro bemo y le insistimos que queremos ir a Senggigi y que antes de llegar nos pare en un templo que coge de camino y en contra de todo pronóstico nos deja delante de Pura Batu Bolong, que era donde le habíamos dicho.
¿Qué tiene de especial este lugar? Pues que en tierra del islam es el centro de referencia de la comunidad balinesa (recuerda que estamos en la isla de Lombok) que viene aquí a hacer sus ofrendas en este templo hindú. En Bali no pudimos entrar en la parte realmente sagrada de ningún templo y solo pudimos estar en los patios exteriores. Aquí un poco más complicado. Solo para entrar en el recinto te hacen poner una banda por la cintura. Realmente hay un letrero en la pared que lo dice, pero esa gansada, porque es una gansada, creo que solo sirve para sacar dinero pues no hay ticket de entrada pero te dejan la banda para que dejes una propina. Pero como solamente se trataba de ponerse un trapo por la cintura yo he sacado el que siempre llevo conmigo por si hay que taparse en algún momento, sea por motivos religiosos, de salud o de inclemencias atmosféricas, pero es que además está lleno de dioses hindúes. Y así aunque ha puesto muy mala cara el portero no ha objetado nada.
Aquel recinto está bien pero no mata aunque hay una zona más elevada, a la que no hemos podio acceder pues un letrero te amenazaba más que advertía: “Atención: prohibido excepto para rezar”. Y tampoco era cuestión de ponerse a discutir con el guardián de la ortodoxia que estaba al final de las escaleras, pues además aquí todos los fieles que acudían con sus ofrendas iban vestidos como obligaba la etiqueta de Bali. Los que solos llevábamos la banda nos quedábamos fuera de ese lugar tan especial: dos parejas de jóvenes occidentales y un grupo de una docena que imagino que eran chinos. Además como aquí en Lombok el personal es musulmán ya sabes que no les gusta demasiado confraternizar con otras religiones así que no hay visitantes locales excepto los rezadores hindúes de origen balinés.
Te dejo la frase en indonesio por si alguna vez te encuentras con ellas y no está en inglés y así evitará el sofoco de ser despedido a las tinieblas exteriores.


En este templo hemos encontrado una de las lámparas de alumbrado público más cutres y baratas de nuestra vida. Y además con una lámpara de bajo consumo.


Vemos desde allí la preciosa puesta de sol y luego seguimos nuestro camino de regreso andando por la playa.


Todavía quedan algunas familias gozando del día de fiesta pero en general lo que encontramos son grupos de jóvenes sentados en las esterillas comiendo mazorcas de maíz asadas o fruslerías similares.

En la parte final del paseo playero hemos pasado por 3 ó 4 establecimientos hoteleros o restaurantes con mucho público joven nacional sentados en pufs frente al mar tomando bebidas y charlando animadamente o consultando compulsivamente sus teléfonos. Nos ha sorprendido bastante.


En el trópico el atardecer se convierte pronto en noche y noto que Marisa empieza a estar preocupada cuando la playa se queda solitaria así que la abandonamos ya noche cerrada y seguimos por la carretera que a mí me parece mucho más peligrosa.
Hemos acabado el día con una cena en un garito donde hemos podido seleccionar los platos directamente de la cocina y no de la carta para evitar sorpresas. Ha sido curioso pues no disponiendo de botellas grandes de agua me han dicho que la fuese a comprar a un supermercado cercano.
En resumen: un día muy variado y completo.

PD
Después de cenar vamos a un supermercado y compro un helado. No sé como pero la cajera ha sabido que era para mí y me dice: “¿Y para la mami no le compras otro?”. Le he dicho que es que estaba muy gorda. Grandes risas.
Me ha parecido un detalle muy bonito que se haya preocupado de Marisa.

NB
Aquí es muy frecuente que nos llamen papá y mamá. Cada vez que me lo dicen pienso en que solo me faltaría tener un hijo aquí, en Indonesia.

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