24. Bali y Lombok 2015. 20 de septiembre, domingo. Decimotercer día de viaje. Senggigi. Primera parte.

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Anoche me quedé dormido después de escribir, pero Marisa me dice que la cercana música duró hasta la 3 ó 4 de la mañana. ¡Todo sea por el impulso turístico!
Vamos a desayunar y todos los empleados –o los que lo parecen- que nos encontramos están con el puto teléfono. Creo que la decadencia de este hotel se ha debido a los teléfonos inteligentes. Nadie parece interesado ni en trabajar ni en atenderte. Y además, que este hotel es uno de los menos seguros que he estado en mucho tiempo. Aquí cualquiera podría entrar hasta el jardín donde están los bungalós y nadie se daría cuenta. Aunque pasase por una docena de empleados.
Si crees que tus hijos, tu pareja o cualquier ser querido está enganchado al teléfono tendrías que ver esto. Ah, al teléfono y al tabaco. Menos mal que debe estar mal visto que las chicas fumen porque no se ve a ninguna de ellas haciéndolo. La primera vez que la discriminación sirve para algo bueno.
Pero al llegar a la playa se invierte la ecuación: ellos, niños, jóvenes y mayores en traje de baño y ellas vestidas de los pies a la cabeza, porque la mayoría se bañan con el pañuelo puesto, o con una especie de verdugo que hace el mismo papel y que imagino sirve para que no se les caiga. Lo que no he visto es a ninguna con niqab. Sería gracioso.


Y como hoy es domingo hay bastantes familias pasando aquí el día. Hay varios chiringuitos consistentes en cañas de bambú sosteniendo unas lonas y con el suelo cubierto de unas esterillas donde se sientan los grupos a comer o descansar.


En la playa hay barcas varadas como las de Gili Air con su estrechísimo casco y dos grandes cañas de bambú que hacen de flotadores.


Algunas se dedican a ofrecer viajes los turistas occidentales pero la mayor parte son todavía de pescadores de verdad. Hemos visto como acababan de sacar los últimos peces de una red y han llenado un gran cubo. Eran verdeles, o sea caballas. Aprovechando el poco inglés de uno que miraba como yo, he sabido que lo venden por grupos de cinco y que por ellos cobraban 12 mil rupias. Unos 75 céntimos de euro.
Y lo de “cinco” como unidad me ha dejado sorprendido. En castellano existe “cinquena” pero creo que como novena y septena, usándolo como sustantivo solo lo he oído con fines religiosos.


Al final de esta playa, hacia el norte se encuentra el Sheraton famoso (y, cómo no, Marisa me ha recordado a nuestro amigo Luis, usuario compulsivo de esta cadena) y aunque parece que no tiene una playa privada como tal, allí no había ningún indonesio ni bañándose ni sentados en la arena. Imagino que es que no les gustará estar cerca de las desnudeces occidentales. No es nuestro caso pues vamos vestidos y calzados paseando por allí como los moros en la costa mediterránea española. Bueno, quizás eso era antes porque este verano he visto a alguno bañándose como los cristianos.
Aquí sí he visto unos bañadores que deben ser especiales para chicas musulmanas, francamente curiosos. Una mezcla entre estilismo monjil y el programa “Cámbiame” de Tele 5.


Hay un puesto de alquiler de cámaras de neumáticos. Y parece que tiene mucha aceptación dado el número de niños que se bañan con alguna de ellas.


La playa y sus aledaños está llena de vendedores de baratijas. Hoy he visto a una señora sentada en la mesa de un bar en la playa que era como el capo mafioso que repartía y controlaba la mercancía de todos aquellos pobres mercaderes.
Hay tantos que incluso encuentro un letrero con las normas de conducta para ellos. Es curioso porque en España las advertencias son para los compradores, pues aquí para los vendedores, a los cuales llama “hawkers” palabra que parece muy fea pero que designa a los vendedores ambulantes.


“No ofrezcan las mercancías y/o servicios a los clientes cuando estos están:
1. Descansado en las tumbonas o en la playa.
2. Tomando el sol en las tumbonas o en la playa.
3. Leyendo en las tumbonas o en las terrazas de sus habitaciones.
4. Mientas estén charlando.
5. Si están comiendo o bebiendo en la playa o en el restaurante. “
Por lo tanto solo les queda a los sufridos vendedores cazar a los clientes al vuelo, o sea a los que como nosotros van paseando, y como éramos los únicos todos nos ofrecían sus mercancías. Lo que no sé es si conocen las normas y las siguen.


He colocado una fotografía con ellas en inglés pero debajo -Perhatian-estaba en indonesio.
Otro detalle especial: un magnífico monolito dice que no hay vigilante en la playa. Es tan ingenuo…Como si fuese habitual encontrarte con uno de ellos.
Vemos a una espléndida rubia en una tumbona leyendo. Quizás lo hacía para evitar a los vendedores. Es una buena idea: “Joven no me moleste, ¿no ve que estoy leyendo la Divina Comedia?”. Además de la foto de la lectora te dejo la prohibición en indonesio por si estás en esa circunstancia: “Membaka buku dikursi pantai”.


Paso al lado de una familia de cuatro miembros y todos están enganchados a alguna red social. Ya lo hubiese dicho el padre Peyton: “Familia que wasapea unida permanece unida”.


Los buenos padres escolapios nos repetían su eslogan: “La familia que reza unida, permanece unida.” Bueno, él decía: “The family that prays together stays together”. Un gran tipo. Aunque su movimiento, Family Rosary Crusade, parece que fue utilizado por la CIA en América Latina para contrarrestar la influencia izquierdista durante la guerra fría. ¡Qué cosas!
En aquella playa hay una especie de mirador y embarcadero y vemos a un grupo de extranjeros que desembarcan y otros que van a embarcar, y como siempre todos jóvenes o muy jóvenes y con mochilas. De esta manera descubrimos que desde este lugar, muy cercano al hotel, salen los barcos rápidos que van a Bali.

Porque desde aquí hay dos formas de ir allí: coger un ferry en el puerto Lembar que te deja en Padangbai o bien un barco rápido. Así que compramos el billete para mañana desde aquí. Estos servicios tienen la gracia que ellos mismos desde Padangbai te llevan con autobús a una serie de ciudades de Bali pero todas en el sur de la isla que es donde se concentra el turismo occidental, pero nosotros queremos ir hacia el norte.

Acabamos la mañana en un bonito restaurante donde somos los únicos comensales. ¿Será que se llenará en las cenas? Si no es así no sé como se mantienen. El jovencito que nos ha atendido era un aprendiz (eso estaba escrito en su identificador) al cual le han debido explicar que la servilleta (este ha sido el primer restaurante con servilleta) hay que colocársela al cliente en el halda.

La primera vez en mi vida.
La comida deliciosa.
Luego descanso en el hotel pues aquí, a diferencia de Sembalun, ya estamos en terreno cálido.

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