22. Bali y Lombok 2015. 19 de septiembre, sábado. Duodécimo día de viaje. De Sembalun Lawang a Senggigi. Segunda parte.

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En el viaje nos han vuelto a ofrecer “bantal” (hemos aprendido el nombre de la pasta de arroz y plátano) y fresas que son la especialidad hortofrutícola de Sembalun, junto con el ajo. Afortunadamente no nos han ofrecido de este último. Y de vez en cuando me preguntaban cosas de ciudades españolas, como de Osasuna. Por supuesto me han nombrado a Mesi y a Cristiano Ronaldo e incluso la tomatina pero he hecho como si no hubiese oído esa palabra.
Y luego conversaciones tipo “tattoo no good”, “tobacco no good”,…Menos mal que los tatuajes solo los llevo en el alma y que no fumo.
A la hora de comer hemos parado en una playa, esta sí paradisíaca y solitaria, donde hemos comido lo que han elegido ellos pero pagando nosotros nuestra parte.


Me ha sorprendido que tres de ellos se hayan ido a lavar manos y pies antes de comer y era porque luego han entrado en una choza donde estaba escrita la palabra “Musholla”. Ha resultado ser una pequeña mezquita. ¡Mira que poner un oratorio así al lado del restaurante! Claro que en los viajes en autobús a lo largo de Turquía también las hay en los restaurantes de las zonas de descanso.


Ni idea del lugar excepto que era en el mar de Bali, en la costa noroccidental de Lombok y al sur de Gili Air. Sí que nos han preparado unos pescados fresquísimos y deliciosos.


Curiosamente estaban muy interesados en política internacional pues me han dicho cosas como que en Grecia había una gran crisis y que Bolivia no iba muy bien. Todo con un inglés tipo “Yo Tarzán, tu Jane”, con el yemení haciendo de puente entre Indra y yo.
También que como ellos llevaban la matrícula del coche de color rojo la policía les dejaba pasar en cualquier situación. Han insistido tanto en el color de la matrícula que imagino que debe ser algo muy importante y signo de distinción.
El conductor parecía relajado pero ha hecho un par de adelantamientos que a Marisa, que iba a su lado, le han debido poner los pelos de punta. (No digo lo de la corbata porque no procede). Y es que el jefe le urgía a veces que lo hiciese.
Cuando llegamos a Senggigi el jefe Indra nos dice como lo más normal: “¿Paramos en el Sheraton?” Entonces he pensado en mi amigo Luis que siempre utiliza hoteles de esa categoría (vaya, de esa para arriba), y de que como le hubiese gustado al Sr. Indra que le hubiera dicho: “The Sheraton, of course!”. Y es que ese hotel ocupa un lugar privilegiado en esta ciudad.
Como agradecimiento le he regalado una barra de turrón de mi reserva personal.
Llegamos al hotel que recomienda la guía, hay solo una habitación disponible que ha resultado ser enorme y con la cama más grande donde haya dormido en mi vida.
Es un establecimiento que podría estar muy bien si no fuese por lo mal mantenido que está y eso que la guía lo coloca como el mejor clasificado en esta zona por su relación calidad/precio.
Vemos en una revista de información turística de Lombok que del 17 al 19 de septiembre hay competiciones de “peresean” en esta ciudad y en un lugar público. Y hoy por tanto es el último día. Lo hacen en una especie de parque donde en la entrada hay un grupo de señoras sacando agua de un pozo como en el medievo y lavando la ropa allí mismo.
Hay un escenario donde actúa un grupo musical y parece que es un concurso pero todo muy desangelado. Hay también unos puestos donde creo que venden artesanía y un tiovivo que es el más pequeño que he visto en mi vida.


En un rincón del parque hay unas lonas en el suelo formando un rectángulo de unos 10×15 metros con un grupo de músicos sentados en una de las esquinas, media docena de sillas de plástico, algunas de ellas ocupadas por extranjeros, y el personal sentado en el suelo al estilo oriental, y una fila de gente de pie donde nos colocamos nosotros. Pues hemos tenido la suerte de que en aquel momento empezaba el espectáculo y estábamos situados en la primera fila porque al poco aquello se ha llenado de público.


Ha sido algo tan sorprendente que le dedicaré una crónica entera.
Luego nos vamos hacia la playa para ver la puesta de sol y nos encontramos a la pareja de holandeses con los que llevamos ya varios encuentros a lo largo del viaje y nos hemos parado a charlar con ellos. Nos han dado buenos consejos sobre un par de ciudades que quizás visitemos. Ha sido muy interesante.
Llegamos a la playa y vemos una puesta de sol preciosa.


Luego cenamos muy bien en un restaurante recomendado por la guía y que por lo tanto está lleno de occidentales, aunque también hay alguna mesa con indonesios.
En la habitación del hotel donde escribo el borrador (en el exterior aunque agradable atacan los mosquitos) se oye un catapún chispún que no me hace ninguna gracia. Según a qué hora acabe será una putada.

Musholla.
Resulta que esa palabra es la árabe “mushalla” que se refiere a un lugar de rezo musulmán que no ha sido formalmente reconocido como mezquita.

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