14. Bali y Lombok 2015. 15 de septiembre, martes. Octavo día de viaje. Gili Air. Segunda parte.

by

Las barcas típicas de aquí son una preciosidad aunque todas las que he visto, incluida la del “recoge papeles”, iban a motor: un casco muy estrecho y dos flotadores, uno a cada lado que están formados por una gruesa caña de bambú que han recubierto con fibra de vidrio, imagino que para asegurarse la estanqueidad.
Parecen como arácnidos de cuatro patas. Te recuerdo por si no fuiste a clase ese día o eres aracnófobo, que los de verdad tienen 8 patas, o 4 pares, como se dice habitualmente.


Cuando vamos por el “paseo” vemos a veces a jóvenes con maletas de ruedas. Si vienes a esta isla nunca viajes así. Imagínate que lo confías todo a la facilidad de mover (arrastrar) un maletón de 23 kg (máximo permitido sin pagar exceso de equipaje) porque tiene ruedas y te encuentras un camino de arena fina, fina. Claro que aquí las mochilas son mayoría pero siempre hay algún despistado, o alguien a quien han regalado las maletas para el viaje de novios y no quiere desairar al donante.
Encontramos muchos jóvenes franceses. ¿Por qué vendrán a Bali y a estas islas? Bueno digo “franceses” y tendría que decir “francófonos”, aunque pensándolo bien aparte de media docena de suizos y unos cuantos “québécoises”, tan queridos y mencionados por los independentistas catalanes (que no se han leído su referéndum), pues ya no quedan más francófonos en el mundo. Bueno, sí, están los del África negra, pero esos no vienen de vacaciones por aquí. Además los distingo por el acento (y por el aspecto).


Pasamos por delante de un restaurante que tiene una gran pizarra anunciando “tapas”, aunque parece más bien el nombre del local, pues la primera especialidad se llama “Albondigas”, así sin acento, que si vuelvo a pasar mañana les explicaré su errata. Y la segunda se llama “Potato Croquette”. ¡Joder con las tapas!
Lo que sí es una especialidad en estas islas es el buceo. Alquilan gafas y tubos para hacerlo a pulmón y así ves a algunos cerca de la playa pues el agua es muy transparente. Y después están los del submarinismo con botellas. Hay un montón de centros dedicados ello y algunos tienen sus propios alojamientos para los alumnos.
Y finalmente otra particularidad de esta isla (no sé si será así en las otras dos) al lado de la inexistencia de motos es que no hay chicas gordas. Ya dije que en el autobús de Ubud a Padangbai todos eran muy jóvenes y que en el barco lo eran el 98% (Marisa y yo éramos el 2% restante). Pues aquí igual: no hay mayores ni medianos. Todos muy jóvenes y ellas además delgadas. Así que ya sabes, si eres gordita o claramente gorda, aquí serás un ejemplar exótico y ya sabes que eso siempre tiene un premio. No es broma: en día y medio que llevamos aquí solo hemos visto a una gorda.
A punto de acabar el recorrido matutino y ya cerca del embarcadero encontramos un restaurante o similar que se llama “Caballito de mar” y así como el mejicano era revolucionario este es elitista. En la entrada un letrero muestra las ”House rules” y además de decirte que solo pueden entrar adultos y que si eres menor de 18 años (no hemos visto muchos de esa condición aquí) debes ir acompañado de un adulto. También que los niños deberán estar supervisados por un adulto “at all times”. Que muchas veces los papás sueltan a los tiernos infantes sin percatarse del daño que causan sus retoños a la tranquilidad e integridad de otros seres humanos. O si se percatan les importa un pimiento.


También dicen las normas que no puedes llevar armas, lo que me parece una gran tontería, que no puedes comer, ni beber, ni fumar en la piscina, aunque lo mejor es la parte económica: si te sientas en el restaurante debes gastar por lo menos 30.000 idr (por lo visto no vale lo de “solo una manzanilla que tengo mal el estómago”) y que si te sientas en las tumbonas debes consumir por lo menos 100 mil rupias. Eso ya es una exageración.


Claro que para hacerme una idea le echo una ojeada a la carta y dado su nombre español confío que la comida tenga tal carácter patrio. Así tienen una “White sangria” y una “Red sangria”, ambas de medio litro. Como una cuesta 275 mil rupias, con esa consumición ya puede la pareja ocupar sendos “sunbeds”. Otro detalle español: gazpacho. En este caso con queso feta lo que no sé qué pensarán en Andalucía de ese añadido.
Comida en un restaurante que recomienda la guía. Ha estado muy bien pero se han sentado dos parejas de jóvenes y uno de los muchachos quizás era sordo y no debía darse cuenta del volumen al que hablaba. Y es que tengo el defecto de creer que los maleducados, macarras y desconsiderados solo habitan en nuestro país y qué cuando uno va a hablar en inglés o francés lo va a hacer en un susurro o a recitar a Verlaine o a Keats. Error. Al gritón lo he vuelto a ver por la tarde paseando por la playa con los otros tres y seguía gritando y mostrando su tatuado cuerpo así como un artístico moño. A lo mejor era un samurái o un torero.
Descanso un rato en el hotel y después damos un paseo de norte a oeste para acabar el tramo que nos queda por recorrer de la isla. Es la parte menos desarrollada turísticamente. Como nosotros, otros occidentales pasean pero ninguno se baña. Al fondo se oyen las olas rompiendo en una barrera de coral que está a unos 100 metros.


El paseo es precioso pero de vez en cuando el “cataplúm chispún” de algún chiringuito rompe todo el encanto. ¿Por qué creerán que la repetición de un ruido, de ese ruido, es bello? Quizás pertenezcan a una secta de sado-masoquistas. Ya sabes, gozan haciendo daño al prójimo y también lo hacen consigo mismos.


Nos encontramos a dos parejas de españoles –españoles todavía, veremos que pasará el domingo- de Mataró.
Puesta de sol y cena en el mismo restaurante que ayer.


Regresamos al hotel para dejar el equipaje fotográfico y dentro de la habitación, al lado de la puerta, descubro una cagada de un par de centímetros. No es de rata y al recogerla la huelo para ver si es de murciélago. No lo es. Vaya, sí que es un excremento pero desconozco el origen. Hubiera preferido que Marisa no la hubiese visto para que no se preocupase pero ha sido imposible ocultarla.
Doy una batida por la habitación y no encuentro nada, además de que las puertas estaban cerradas, así que concluimos que debe ser de algún murciélago que ha entrado por el techo. Afortunadamente encuentro al dueño y me dice que debe ser de un lagarto de esos pequeños que andan por las paredes. La verdad es que en Ubud sí los había (sin cagadas) pero como aquí la pared es de caña o de madera no los he visto. Desde luego sí es eso, es un dragoncito cagón pues los que hay habitualmente no tienen más de 10 cm.
Paseo hasta el borde del mar. Todos los chiringuitos están vacíos o con un par de clientes. Imaginamos que el ambiente estará en la costa este cercana al embarcadero. Me pregunto cómo se mantendrán todos estos. Y tampoco trasnochan porque nos hemos sentado en uno de ellos y cierran a las 9 de la noche.
Vuelta a dormir al hotel y con la tranquilidad de saber qué animalito tenemos de inquilino.
Mañana a Gili Meno.

Anuncios

Etiquetas: ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s