12. Bali y Lombok 2015. 14 de septiembre, lunes. Séptimo día de viaje. De Ubud a Gili Air. Segunda parte.

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Pero al final llega nuestro barco y allí estamos haciendo cola unos 100 jóvenes y nosotros. Al entrar en el barco te preguntas a dónde vas y según el destino te colocan el equipaje.


El viaje va de incómodo a desagradable. Cuando desembarcamos veo que el barco va propulsado por 8 enormes motores fuera borda. Debe ser como los de los contrabandistas del Estrecho. Además tiene un bordo tan bajo que el agua de las olas, bastante pequeñas, cubren las ventanillas. Estos no son los placeres de un viaje por mar.


Veo que hay muchos chalecos salvavidas embutidos en unos agujeros de la pared. Por supuesto no dan ninguna instrucción de cómo y cuándo usarlos. En los aviones, por el contrario, aunque vueles de Teruel a Soria te explican lo de los chalecos y lo de “en caso de despresurización de la cabina”, pero aquí nasty de plasty. Si pasa algo, todos muertos. Por lo menos espero que no haya tiburones.
Marisa me pregunta la hora: “Son las tres”. “Ahora los niños deben estar a punto de entrar en el cole. Es su primer día”. ¡Ah, los abuelos! Estamos surcando el océano Índico en un barquito rápido que se mueve como una atracción de feria y Marisa pensando en los nietos.
El barco para primero en Trawangan y allí se bajan 80 de los 100. Iba a decir “atraca” pero es que bajan directamente en la arena de la playa y eso me suena que no es “atracar”. Vemos otro barco cercano que llega cargado de pasajeros y como hay otro grupo presto para embarcar.


Es un tráfico muy interesante.


Así llegamos a nuestro destino: Gili Air. A pesar de ser la más pequeña de las tres sí dispone de un embarcadero y eso para nosotros es una bendición. La isla tiene forma de un trapezoide y el embarcadero está en el sur y nuestro hotel, vaya al que queremos ir, está en el norte. Cargados como vamos atravesamos la isla para llevarnos la sorpresa de que el hotel está lleno. Ese y todos los que lo rodean. Porque aquí no hay hoteles como tales sino que son todos bungalós o cabañitas o similares. Y, obviamente, los que están dando al mar son los más buscados. Así que nos apartamos de ese lugar y encontramos uno adecuado. Como ya estamos en Lombok aquí son musulmanes y al dueño de nuestro hotel lo delata la barbita. Y el nombre: Amil. Su mujer, que va sin velo ni trapo en la cabeza (aquí las musulmanas no llevan velo pero sí la cabeza cubierta) es de Lombok y también musulmana así que a esta pareja no les pasará como al porteador de Padangbai. Y como tierra de rezadores se oye al muecín al fondo, pero es un canto ligero y como en sordina. No creo que nos despierte.


Vamos a la cercana playa para ver la preciosa puesta de sol. La playa está llena de trozos de coral. Después nos vamos a cenar al centro. Bueno, yo le llamo centro a la zona alrededor del embarcadero. Encontramos un restaurante de esos populares donde nadie se queda a cenar, excepto nosotros, pero que tiene un trasiego constante de clientes que entran para comprar la cena: un gran trozo de arroz hervido y algo más por encima que envuelven en un gran cucurucho de papel. Es algo como los curries tan habituales en Asia.
Ha sido una cena estupenda pues en lugar de elegir de la carta platos que no conocíamos, lo hemos hecho directamente de lo que tenían ya cocinado que era lo que se llevaba la gente y además le han dejado probar a Marisa para así elegir el que menos picaba. Que lo hacían todos. Al final hemos cenado muy bien.
Volvemos a pasar por la zona donde no hemos encontrado hotel y que está llena de restaurantes al lado de la playa y nos hemos encontrado con la desagradable sorpresa de que había música en vivo. No, la música en vivo no es desagradable por el hecho de serlo y además el cantante lo hacía bastante bien pero el “bum, bum” de la batería se oía desde nuestro hotel que estaba bastante lejos de allí.
Vemos un cartel que anuncia que es desde las 4 de la tarde hasta las 11 de la noche y afortunadamente cumplen el horario. No quiero ni pensar en los bungalós cercanos. Porque la palabra “bungalow” significa etimológicamente eso: ”bunga: poco o nulo aislante acústico y térmico” y “low: que pueden entrar todo tipo de bichos y criaturas del averno”.
Mañana a visitar la isla.

Más diccionario.
Ante la duda de “atracar” acudo al DRAE, que por cierto ahora lleva publicidad y que es de una entidad catalana por lo que cuando llegue la independencia no sé qué pasará. ¿Tendremos que pagar derechos de autor a la Generalidad para utilizar correctamente el castellano?
De “atracar” en su primera acepción dice que es “Arrimar unas embarcaciones a otras, o a tierra”.
O sea que en este caso de Gili Trawangan sí “atracamos”, aunque yo diría más bien que “embarrancamos”. Pero lo busco y dice que es “Varar con violencia encallando en el fondo” y en este caso no hubo violencia. Así que lo correcto sería decir que “varamos en la playa”
Por cierto que en una acepción de “atracar” usada en Chile es “Besar y acariciar eróticamente a alguien”. Lo que no sé es si se utilizará la frase típica entre los seres queridos de “¡Esto es un atraco!”, cuando se dan un buen repaso.

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