8. Bali y Lombok 2015. 12 de septiembre, sábado. Quinto día de viaje. Ubud. Tercera parte.

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Seguimos nuestro periplo y damos con un recinto como el de esta mañana que yo creía que era de reuniones vecinales y que aquí tenía todos los “asientos” con ofrendas y similares. Nueva conversación con uno que había por allí y que ha sido muy interesante.


Esta tarde van a realizar una ceremonia que se llama “petak”, la cual forma parte del rito de la cremación. Ha sido curioso porque me ha dicho (quizás quería decir otra cosa pero me ha dicho eso) que la cremación se realizaba en dos pasos: primero quemaban la parte de arriba y más tarde la de abajo. O sea, como si cortasen al difunto en dos y eso me parecía algo tan extraño que debía haber alguna equivocación. También que era una ceremonia de cremación de 18 personas. Pues habrá habido un accidenté de autobús, aquí que no hay autobuses, o una epidemia. Todo un sinsentido. Pues parece que no. Al muerto lo queman (“lo socarran”, decía mi padre cuando se refería a la cremación) y echan sus restos al río. Y al cabo del tiempo hacen una ceremonia conjunta todos los de aquel entorno con todos sus fallecidos: una ceremonia para la parte de arriba y otra para la de abajo. ¡Lástima de la barrera del idioma! Y de la falta –mi falta- de conocimientos de antropología funeraria de otras culturas y pueblos. ¡Maldito etnocentrismo europeo!


Llegamos tarde a Ubud pero contentos del recorrido y de lo que hemos visto.
Vamos a un restaurante que nos recomendó Geneviève: su especialidad el cochinillo, que aquí llaman “baby guling”. La comida muy buena y el lugar encantador.


Allí encontramos a una pareja de Bilbao y a otra de Cádiz que viajan juntos. Se conocieron a través de una web que parece que se dedica a juntar a viajeros con intereses comunes. Marisa me dice: ”¿tú no harías eso, verdad?”. Pues a mí me daría muchísimo miedo. Porque una cosa es encontrarte en un país con alguien que va a hacer parte del recorrido como el tuyo y te unes dos o tres días y otra cosa es salir de España con la idea de hacer todo juntos. Que no.


Después de la comida en otro recinto religioso encontramos a unos jóvenes montando una extraña decoración.


Pregunto si es para una ceremonia funeraria y acierto. Se llama “ngasti”. Será pasado mañana y mi interlocutor me dice que para entrar habrá que llevar la faldilla tradicional balinesa, ”sarong”. Me temo que algo más que la falda pues hemos pasado por la puerta de un gran templo –cerrado, como todos- y un letrero advierte de la etiquete para entrar.


Estamos dudando si marcharnos hacia el norte y dejar Ubud o hacia unas islitas al oeste de Lombok y al final decidimos apuntarnos a una excursión de un dÍa en la oficina de turismo.
Acabamos la jornada en un restaurante muy especial: Bali Buda. También nos lo había recomendado Geneviève y la guía lo ponía bien pero con alguna información extraña para describir un restaurante: “The bulletin board is packed with idiosyncratic Ubud notices”. Y que tiene una confortable “lounging area” –los jóvenes ya sabéis de qué va ese rollo- y velas por la noche. Pero a pesar de todo decidimos probar.
El sitio una monada, la música de fondo una preciosidad y el ambiente estupendo. En cada mesa hay un periodiquito llamado “Bali Buda. Real food by real people”, con una noticia en primera plana sorprendente cuándo va bien un negocio: cambiar el nombre de “Bali Buda” a “Bali Bunda”. Parece que “bunda” significa “madre”, pero no dicen en qué idioma.
Se acerca solícita la camarera: “Por favor, la carta”. “La tienen en sus manos.” No dijo una frase tan borde pero ese era el resultado, porque tres páginas de ese periódico de ocho eran “la carta”. Me pareció una idea genial aunque con alguna inconsistencia en el contenido como me hace notar Marisa.


Todo muy ecológico y viene marcado cada plato si puede ser “WF” (Wheat Free Option Available) y/o “GF” (Gluten Free option Available) pero en “Healthy Start Breakfast” después de una cuantas opciones “saludables” aparece un “Big Monster Breakfast” que como su nombre indica tiene panceta de ternera (?), salchichas (no dice de qué animal muerto son), dos huevos…
Para esta cena pido para beber “Ultra Enzyme Drink”, pero no tengo ni idea de como se producía lo de “Enzyme” . Creo que en mi vida viajera, que es cuando necesito usar el inglés, nunca he utilizado esa palabra. Así que me limito a señalarle con el dedo: ”esto”. Por si quieres probarlo: papaya, jengibre y limón. Ni idea de su relación con las enzimas.
Pero ha estado todo muy bien. Al final le pregunto a la camarera que qué era una especie de semillas duras como piedras que había en un plato: “cacahuetes”. Seguro que no, pero no quise discutir. Y le mostré otra del tamaño de un guisante: ”¿Y éste”. ”No lo sé”. Yo te lo digo: una piedra de verdad. ¡Joder con los superorgánicos! Se habían dejado una piedra entre todos aquellos vegetales y yo estuve a punto de perder un molar. Pero recomiendo el restaurante aunque debas masticar con cuidado.
PD
Esta mañana hemos vuelto a hacer todo tipo de pruebas con el zoom habitual de Marisa y claramente no funciona el autofoco así que se ha tenido que conformar con el otro zoom que llevamos pero que al ser más potente (mayor longitud focal) no será el más apto para paisajes.
NB
Toda la información sobre las costumbres funerarias balinesas puede ser como lo entendí o quizás no se parezcan en nada dado el nivel de inglés de mi interlocutor y el mío de comprensión y desconocimiento del tema. Lo dicho, necesito un antropólogo cultural a mi lado.

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