51. Japón 2015. Vigésimo primer día de viaje.19 de marzo, jueves. Kanazawa. Segundo día.

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Ya ni me acordaba de San José pero ponemos la SER en el ordenador y dicen que era fiesta en Madrid y por supuesto hicieron una conexión con Valencia. A uno que se declara “fallero” le preguntan que qué representa eso para él. Desgrana todos los lugares comunes valencianos que te puedas imaginar y como debía ser del PP no habla de otro lugar común muy valenciano: sus autoridades y entre ellas las de su exquisita alcaldesa y el “caloret”.
Nuevo desayuno y nuevas incógnitas. Hay una verdura hervida desconocida que al comerla ha resultado ser rábano y algo más. Pero todo muy bueno. Todo menos la lluvia que sigue tan pertinaz como la sequía en España. Y es que esa palabra “pertinaz” no puedo separarla de “sequía”. Y además la oigo en la voz del Sr. Escobedo o en la del Sr. Maldonado, ambos de la única televisión franquista de los 60. Por cierto que ahora la TVE sigue siendo la única televisión franquista. ¿Y Telemadrid? No, esa no, que es “esperancista-aguirrista”.

Vamos hasta la oficina de correos pues queremos enviarle una postal a los nietos. Está en el mismo edifico que la estación de ferrocarril y es un ejemplo, uno más, de orden, eficacia y limpieza. En un pequeño mostrador en la entrada para uso de los clientes hay todo lo que puedas necesitar: los impresos de todos los tipos, un boli, unas tijeras, un reloj, cinta de embalar, esponja húmeda, goma arábiga, celo…Y por supuesto no se lo lleva nadie. ¿Cuánto duraría en una oficina de correos española? Pero no tienen postales. Nos indican que las hay dentro de la estación. Le pregunto al único policía que hay en aquel enorme hall que si lo comparas con la de Atocha, la de Madrid parece que está en estado de sitio. Además aquí no discriminan a los policías pequeñitos: les ponen un escabel y solucionado, ya están por encima del público. Pero este de hoy es joven y alto. Y te das cuenta de porqué aquí todo funciona. En primer lugar en vez de estar hablando con sus compañeros mientras los malhechores actúan como en Madrid o hablando por el teléfono celular como en Delhi, aquí vigila sin descanso. Y como no sabe mucho inglés y no logra explicarme donde está la tienda de las postales nos acompaña hasta ella.

Sigue la lluvia aunque han dicho que parará a las tres de la tarde así que nos vamos a ver el famoso mercado de Omicho que está situado en una galería comercial cubierta. Es realmente muy interesante. Es del tipo del de Kioto con verduras y frutas primorosamente colocadas (estas últimas con unos precios escandalosamente altos) y unos pescados y mariscos todavía más impresionantes y mejor presentados. Y como estamos en Japón mucha gente haciéndose fotografías pero con menos “palos autorretratadores” que en el jardín de ayer.
Uno de los principales atractivos según compruebo es el comer marisco directamente en la tienda donde lo venden. Tienes letreros delante de las cajas de ostras que dicen por ejemplo “500”, “800” y “1000”.

El personal pide una de ellas, la abren, se la preparan y se la comen allí mismo. Así por unos 6€ te puedes comer una ostra de un tamaño considerable.

Además como aquí a nadie se le ocurre beber una copa de cava, de cerveza o de vino el precio no se dispara. También le pegan mucho al erizo: 500¥. Y a los caracoles de mar que son grandes y como pudimos comprobar ayer en la cena muy buenos: 4 piezas 800¥. Y si los quieres calientes algunos puestos tienen en la calle unos microondas para uso de sus clientes. A cambio una naranja te cuesta de 200 a 400¥. ¡Y los tomates! Dos preciosos tomates de unos 100 gr cada uno 550¥, unos 4€.

Llega la hora de comer, sobre la 11 y media, y ya hay cola en algunos restaurantes. Y me imagino que todos pensamos lo mismo. Hay muchos clientes, luego es bueno. Y como consecuencia más cola y eso que la mayoría son cuchitriles por el tamaño, aunque por el contrario el personal no hace sobremesa: comes y sales pitando.

Sigue la lluvia y nos vamos al museo de arte contemporáneo, el “21st Century Museum of Contemporary Art”. A la persona que nos informa allí en inglés le digo que tiene acento italiano: es una joven rumana. En mi pueblo hay muchos rumanos y siempre me sorprende lo bien que hablan castellano. Pero es que esta hablaba japonés.
Marisa descubre aquí lo último en lavabos: dispensador de jabón, agua y secador todo en el mismo sanitario. Y siempre inmaculados.

El museo en sí mismo, el edificio, es algo notable que merece la pena ser visitado aunque la colección está ahora en periodo de renovación. Sí hay una exposición de litografías y en la de cada autor hay una fotografía mostrando como trabajaba. Así descubro que en oriente también hay cantamañanas: uno trabaja con los pies, pero no es un inválido de esos que venden postales de Navidad, no. Es un tipo que hace el dibujo, el cuadro, con los pies pero que tiene dos manos como tú. Para que sepas quien es y no me vayas a comprar un día una obra suya: Kaino Shirage. Para compensar la obra de ToshioTabuchi es preciosa. Y uno que ha debido visitar España con una obra de toros bastante fea: Ichiro Fukuzawa.

En la entrada del museo una exposición temporal de título y contenido estúpido: “Architecture for Dogs”.

Y como decía la previsión meteorológica a las 15:00 para de llover. Que habría que hacerles un monumento por su precisión.
Hoy, como ayer, hemos sacado un abono para los transportes, especialmente los turísticos. Y de nuevo la admiración de lo bien que lo tienen organizado. Hay dos líneas que hacen recorridos circulares, la “Right Loop” (RL) y la “Left Loop” (LL), casi iguales pero en direcciones opuestas y además otra que va y viene directamente desde la estación de ferrocarril al jardín Kenroku-en.
Y así aquí da gusto pues eres un turista más entre la cantidad de turistas nacionales que hay; no eres un bicho raro. Están llenas de japoneses con los mismos problemas que tú. Bueno, ellos un poco menos porque entienden todos los letreros pero en esta ciudad hay mucha información callejera en inglés. Además estos autobuses también funcionan como líneas normales y los cogen los kanazaweños para sus desplazamientos habituales.

Así que con uno de los del “Loop” nos vamos a visitar el barrio de Nagamachi. Este era un lugar donde vivían los samuráis y lo tienen muy bien conservado con callecitas estrechas y casas rodeadas de muros acabados en adornos de azulejos. Además está atravesado por dos canales que le dan un encanto especial. Marisa se queda maravillada de lo bonito que es pero se nos echa el tiempo encima y nos vamos para acabar nuestro recorrido turístico a visitar Higashi-chaya-gai, antiguo barrio donde vivían las geishas y donde podemos ver unos tímidos rayos de sol al atardecer.

Ha sido un día muy bonito y con el premio final de que ha parado al fin de llover.
Mañana a Matsumoto.

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