42. Japón 2015. Décimo octavodía de viaje.16 de marzo, lunes. Kagoshima. Sakurajima I.

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Desayuno de hoy:
-Hamburguesas enanas. Vaya, hemos descubierto que eran hamburguesas al comerlas, porque cogemos de todo aunque no sepamos lo que es. Si solo cogiésemos lo que conocemos muchos días solo desayunaríamos sopa y arroz blanco.
-Tortilla japonesa. Es como si hicieran una gran tortilla francesa y luego la enrollasen como un bizcocho de brazo de gitano y la cortasen a trozos. Creo que es más bien como un postre.
NB. ¿Se puede decir ahora “brazo de gitano”?
-Calabaza amarilla entera. No entera en el sentido de que te pongan una calabaza de 10 kilos, sino porque está cocinada con la corteza.
-Ocra.
-Ensaladilla rusa.
-Dos cosas desconocidas para añadir al arroz, una amarilla y otra roja.
-Bizcocho normal y con chocolate.
-Café, té verde y vinagre con miel. Esto último es una suposición de Marisa, pero que nos bebemos sin saber muy bien qué es.
-Y por supuesto arroz blanco y sopa. Estos dos componentes lo cogen siempre todos los comensales.
Y palillos.
Todos tienen delante un letrero que te explica de qué está compuesto si eres japonés y no lo sabes, porque si no eres japonés y no lo sabes, pues te toca ir probando. Como nosotros. Pero es normal pues es el país donde estamos.
Nada más salir del hotel deja de llover aunque el suelo está todo cubierto de un barrillo negro resultado de mojar las cenizas volcánicas con la lluvia que ha caído. En esta ciudad se tienen que gastar un pastón en limpieza.
Hoy vamos a visitar la isla de Sakurajima y la mejor forma de hacerlo es comprando un bono en la oficina de turismo por 1000¥ que te incluyen todos los transportes de la ciudad, el trasbordador hasta la isla y un recorrido turístico por ella.
Y como todo funciona a la perfección llegamos en poco tiempo. Una curiosidad: cuando cambia el conductor del autobús el que se va recoge una plaquita de plástico que lleva el autobús y que imagino tendrá su nombre y el que viene coloca la suya. Una idea estupenda y además con unos chóferes que conducen de lo más tranquilo.
En algunas de las calles de Kagoshima riegan delante de las tiendas. Esta limpieza me recuerda la historieta de la concha del mar y San Agustín que los devotos Padres Escolapios nos contaban con frecuencia para demostrarnos la imposibilidad de entender el misterio de la Santísima Trinidad. Si hubiesen puesto tanto empeño en explicarnos mecánica cuántica ahora habría varios premios Nobel de física alumnos suyos.
Cuando llegamos al ferry y tenemos enfrente la isla ya nos tememos lo peor: toda cubierta de nubes y niebla. Ni una vista del volcán pero tenemos la esperanza de que quizás mejore.

En la estación de salida del ferry están filmando, bueno como no sé si esa palabra se emplea todavía y como no sé el soporte que utilizan diré “grabando”, una escena con una señorita gordita con gafas y aspecto un poco monjil y una encantadora jovencita y un muñecote desconocido para mí, aunque yo solo conozco los de mi infancia (lo pienso y eso quiere decir ninguno) y Bob Esponja por imposición familiar.

El autobús turístico de la isla realiza paradas como el de ayer pero la frecuencia es de una hora por lo que no se queda nadie en las paradas, pero como están bien pensadas hay tres en las que el autobús espera 5, 8 y 15 minutos aunque hoy como no se veía nada con dos minutos hubiese bastado. Gran decepción en cada parada.

En la primera, el observatorio de Karasujima, no se ve nada pero hay una inscripción que me intriga: un monumento dedicado a una erupción volcánica.

La historia. Antes de la gran erupción de 1914 había un pequeño islote llamado Karasujima a 500 metros de la costa que tenía 20 metros de alto, y una circunferencia de 500 metros. El día 13 de enero de 1914 el monte Sakurajima empezó a echar lava y no paró de hacerlo hasta el día 18. El islote acabó siendo enterrado bajo 20 metros de lava y este fenómeno de que un islote quede consumido por la lava es un fenómeno tan raro que decidieron levantar ese monumento. Mucho mejor eso que a un generalísimo a caballo. Por cierto que esa placa, como casi todas las de esta isla tienen una bonita y sucia capa de ceniza volcánica pegada a ella.
Una curiosidad relacionada con el anterior post: en el islote de Sakurajima el señor de Shimadzu construyó un fortín en 1850 y en la guerra entre Satsuma y los británicos de 1863 colocaron tres cañones con los que bombardearon a la flota enemiga que tuvo que retirarse.

La tercera parada es el punto más cercano al volcán: el observatorio Yunohira. Y la más decepcionante. Lo tenías allá enfrente, cerca de ti y no podías ni imaginarlo porque estábamos dentro de una densa niebla. Incluso hay un edificio con un mirador. Nada de nada. Además este es el punto más alto al que sube la carretera, 373 m.

Así que en una hora volvemos a la estación de embarque del ferry sin haber visto más que nubes, nieblas y polvo de ceniza. Como hay cerca un centro de interpretación vamos a ver si podemos conseguir algo más. Hablo con un simpático joven que por cierto lleva la cara tiznada de negro. No sé si es por despiste o para remarcar su identidad, pues es natural de la isla y no le digo nada. Me explica que hay 4600 habitantes y que ahora la isla es realmente una península. Como es la misma palabra en inglés aprovecho para clavarle una charla de etimología.
En el folleto hemos visto una fotografía de un “torii” que quedó semienterrado en una erupción le pregunto cómo llegar hasta allí y nos proporciona un horario de los autobuses que salen de la misma terminal del ferry.
Regresamos y pasamos al lado de una playa donde compruebo que la arena es del color de la nuestra y que la capa negra es solo superficial. Y como cada día trae su afán nos metemos por error en un gran espacio donde un señor toca un pito y hace grandes aspavientos. Tenía que decir que “nos toca” y “nos hace” pues era a nosotros a quienes se dirigía aunque tardamos en percatarnos de ello. En Japón para decir “no” o “prohibido” por señas, cruzan los brazos. Pues aquel buen hombre venga a tocar el pito y cruzar los brazos. Resulta que nos habíamos metido en la salida de los coches del transbordador y en aquel momento acababa de atracar uno y salieron un montón de ellos a toda pastilla.

NB
En una de las paradas del recorrido por la isla de Sakurajima hay un monumento con una escultura de un joven que parece que está en el infierno. Entonces puedes pensar que quizás es que se lo tragó una de las erupciones del volcán. Error. Es que allí en agosto del 2004 se celebró el “Tsuyoshi Nagabuchi All-night Concert” que logró reunir a 75 mil personas y que como su nombre indica duró toda la noche y acabó con la salida del sol sobre el volcán. ¡Mira que son raros estos nipones! Hacen un monumento por un concierto que dura hasta el amanecer. Si hiciéramos lo mismo en España habría más monumentos de esos que casas rurales. O casi. Pues bien, el joven al que parece que la lava se le está comiendo los genitales es el tal Tsuyoshi Nagabuchi. Por cierto que no sé qué tendrá el CD que grabaron en tan memorable fecha pero en Amazon cuesta más de 100€ y por la carátula verás que realmente ese joven gritaba como un poseso.

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