13. Japón 2015. Séptimo día de viaje.5 de marzo, jueves. Kioto. Primera parte.

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 Ayer fue la parte norte de Higashiyama y hoy visitaremos la sur.
La guía dice que es el principal lugar de visita en Kioto y debería estar en el “top” de tu itinerario. Hay bonitos templos, santuarios, jardines, museos, barrios tradicionales y parques. O sea que no le falta de nada. Veremos.
Y como ayer empezamos nuestro recorrido en autobús y también lleno de turistas como nosotros. Pero japoneses. Y en cuanto te bajas te das cuenta de que aquello es realmente el “top” como dice la guía: mucha, mucha gente. Y también como ayer encontramos macetas y jardineras repletas de flores en las puertas de algunas casas. Y mañana volverán a estar ahí. ¡Qué envidia!

Primero subimos por la calle Chawan-zaka, que como buena zona de turistas está llena de restaurantes y de tiendas de recuerdos: que no solamente los abuelos del IMSERSO compramos cosas inútiles para los nietos. Así llegamos a Kiyomizu-dera, un templo construido en el 798, aunque el actual es una reconstrucción de 1633. Antes de llegar a él te encuentras una preciosa pagoda. A mí es que las pagodas son una de las construcciones que más me maravillan y gustan, aunque nunca he podido entrar dentro de ninguna. Ni sé si hoy tienen algún uso excepto el decorativo exterior.


Antes de entrar en el recinto un gran letrero te advierte que esa es una “Public Non smoking Area”. Bien.
En Kioto, en todos los lugares turísticos, pero especialmente en esta zona, hay muchas jóvenes disfrazadas con los trajes típicos del país. Y digo “muchas” porque son siempre chicas.


Algún árbol, cerezo o ciruelo, no sé, empieza a florecer y el color de sus pétalos mezclado con el rojo-naranja de los templetes dan un tono maravilloso a aquel entorno.


Y así llegamos a Kiyomuzi-dera donde un letrero te informa que este templo pertenece a la escuela Kita Hoso, la cual fue fundada por Ensin, el gran sacerdote, en el año 778. La construcción actual data de 1633 y consiste en una puerta de acceso de dos niveles, Romon, una pagoda de tres alturas, Sanjunoto, y un campanario, Shoro, así como otros edificios. De esta manera le puedo poner nombre a la maravillosa pagoda que he encontrado al entrar, aunque al buscarla en internet el navegador me advierte que quizás lo que quería buscar era “San Juanito Kyoto”. Pues no. ¡Qué cosas tienen los buscadores!
El templo situado en un lugar privilegiado está hoy rodeado de una legión de visitantes, la mayoría jóvenes, que no paran de fotografiarse, o sea más a ellos mismos que a las maravillas que los rodean. Y como jóvenes consumistas también consumen el aspecto exterior de la religión ejecutando todos los ritos, y el primero es poner una barrita de algo que arde en un pebetero y hacer cosas con el humo que sale. ¡Cuánto les gustan los pebeteros a estos nipones!


El segundo rito consumista religioso es sacar un palito de una caja después de agitarla y con el palito ir a un mostrador donde le proporcionan un papelito con su futuro. Este papelito lo anudan cuidadosamente en barras colocadas para ese fin. Creo que me dijeron que solo se anudan las que presagian un futuro aciago. Lo tendré que preguntar y, si es así, también que hacen con las de futuro fausto.


Este templo tiene un precioso mirador desde donde se puede observar debajo la fuente de Otowa-no-taki así como todo el entorno y es el sitio con mayor densidad de jóvenes ataviadas de baturras.


Y por primera vez, y casi la única, encontramos también a chicos disfrazados aunque su vestimenta al revés que lo que ocurre en las aves es mucho más discreta y austera que las de ellas.


El tercer rito, este gratis, se realiza en los alrededores del santuario Jishu-jinja: hay un par de piedras colocadas a unos 20 metros y el personal, normalmente chicas, van de una a otra con los ojos cerrados: si aciertan a dar con la otra piedra tendrán éxito en los amores. Claro que antes “éxito” significaba encontrar el amor de tu vida y ahora quizás sea tener muchos encuentros sexuales o peor aún muchos seguidores en alguna red social.
NB
Digo “peor aún” utilizando esa expresión en sentido figurado pues “peor” es un adjetivo comparativo de malo y así daba por supuesto que los “encuentros sexuales” son algo malo y estoy lejos de pensar eso con respecto a las jovencitas que hacen la ruta de las dos piedras.
Por supuesto después del “paseo ciego en busca del amor” hacen una foto con sus amigas y un palo autorretratador.


El cuarto rito consumista es la compra de amuletos. No he visto en todos mis viajes por este país un lugar con mayor cantidad y más diversos. Y como además algunos estaban también en inglés me he enterado de su finalidad. Y da para hacer una tesis doctoral de antropología cultural. Solo tienes que estar al acecho y ver qué tipo de personas compra cada uno y hacer las correspondientes pirámides poblacionales.


Unos ejemplos: “aprobar el examen”, “éxito en los estudios”, “para tener buena salud”, “ para tener larga vida”, “para encontrar el amor”, “ para tener un parto fácil”, “para tener un viaje seguro”, todos a 500 yenes, pero también había a 1000 “para quedarte embarazada” o “para tener más suerte en el amor”, “para tener un buen matrimonio” o “para tener una relación más profunda” e incluso vi una de 2000 “para amarrar tu amor firmemente”. Y luego un montón más solo en japonés o sea que puedes elegir lo que quieras.
Un placa informa que el santuario Jishu está dedicado a cinco dioses incluido Okuninushi-no-mikoto y sus padres Susanoo-no-mikoto y Kushinadahime. ¿Por qué no nombrarán a los otros dos? Desde luego el panteón celestial hindú es complicado pero los nombres están tirados al lado de estos nipones: compara Shiva o Visnú con los anteriores, por ejemplo.


Este santuario es famoso desde tiempos muy antiguos por la belleza de los cerezos en flor (¡lástima que no los veremos por pocos días!) y Okuninushi-no-mikoto es venerado como dios del amor y de la formación de parejas.
Y además de todo lo anterior es uno de los lugares más fotogénicos de Kioto. Hasta los cacillos del agua son especiales.

Nos bajamos a la fuente Otowa-no-taki. Allí una cola de fieles espera pacientemente para coger un cacillo –este nada fotogénico- y lavarse las manos y darse un trago del agua bendita.


Desde allí hay unas vistas impresionantes de la estructura de madera que soporta el templo allá arriba.

Regresamos a la entrada del recinto y esta vez además de las numerosas jovencitas ataviadas con los trajes regionales nos encontramos con un colegio de chicas haciéndose una foto de grupo y eso en Japón es sinónimo de espectáculo,

sea un colegio, un grupo de excursionistas o los invitados de una boda. Por lo menos si estás interesado en temas fotográficos de carácter humano.

Lo primero es que suelen ir perfectamente uniformados. En este caso van de “marineritas” o algo similar. En segundo lugar suelen hacer un signo de la uve con los dedos índice y medio. Hoy sin embargo están haciendo como una ce, igual que los profesores. En tercer lugar siempre buscan sitios con escaleras como hoy o bien los fotógrafos profesionales disponen de unos bancos corridos a diferentes alturas.

Y en cuarto lugar, y a mí lo que más me sorprende siempre, es la actitud del profesional que las va a retratar. Suelen disponer de un robusto trípode así como de una réflex de gama alta. Y si hay niños en el grupo a fotografiar tienen sonajeros y otros trucos para que les presten atención, lo que hoy no es el caso, pero sí dispone el profesional de un fondo precioso: la puerta de entrada el templo, Romon.

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