Hoy día del Pilar y día en que acabé mi servicio militar en Melilla. O sea que muchas cosas importantes para mí. Y no ha podido empezar mejor: una temperatura ideal, un desayuno estupendo y una música de fondo maravillosa que tiene puesta el propietario del hotel en su ordenador. Y encima no he oído los cánticos budistas matutinos aunque Marisa me dice que sí los ha habido. Y para acabar como hemos dormido con mosquiteros no nos han picado los mosquitos. ¿Entonces de dónde han salido todos los bichos que nos han picado? Marisa teme que hayamos cogido pulgas. Yo creo más bien que deben ser arañas que una vez están dentro del mosquitero no pueden salir las pobres.
Nos vamos del precioso hotel que la guía califica como “homestay”, o sea que es como una pensión pero donde los propietarios viven allí también y tú un poco con ellos.
Cogemos un “three wheels” para ir a la estación de autobuses. Nos pregunta que adonde vamos y él nos propone llevarnos con su motocarro. Además de por el precio el propietario del hotel ya nos había advertido que no se nos ocurriera ir con ese medio de transporte por el peligro que suponía. Eso quiere decir que hay turistas que sí que lo que hacen. Pues a pesar de que sabía donde íbamos y que le he dicho claramente el nombre de la estación nos lleva a otra. Menos mal que la conocíamos que si no nos volvemos tontos buscando el autobús a nuestro destino y además debemos coger otro transporte para la estación de autobuses correcta. Es que no te puedes fiar ni un pelo.
Nada más llegar hay un autobús que sale en cinco minutos para nuestro destino. Está casi lleno y el cobrador nos dice que nos sentemos en la primera fila detrás del conductor en dos asientos que hay libres. Pero es el lugar reservado para curas y similares; rechazo la oferta y me busco otro lugar. Menos mal porque a punto de salir aparece un monje budista que reclama su sitio. Nadie quiere renunciar a sus privilegios. Y encima es un jugador, pues ha subido un vendedor de lotería y ha estado eligiendo cuidadosamente un número entre varios. ¡Además no sabe matemáticas y cree en la numerología!
En esta estación de autobuses hay más vendedores de los que suben a los autobuses que en ninguna otra pero todos llevan una placa identificativa.
El recorrido de hoy asciende de los 500 m de Kandy hasta los casi 1900 de Nuwara Eliya. Así para los 80 km tarda 3 horas. En carreteras como esta aprendí en inglés la palabra “wind” con el significado de “serpentear”. Es un recorrido muy bonito con bosques donde se va perdiendo el trópico y apareciendo árboles alpinos y plantaciones de té, que, como siempre, forman un paisaje precioso. Además aquí cuando la plantación linda con la carretera (que es casi siempre) tienen cultivadas flores a lo largo de esta. Y ya cerca del destino final aparecen huertas con verduras. La guía remarca que estas tierras son famosas por sus vegetales.
Una cosa muy curiosa de estos viajes en autobús es que cuando están ocupados todos los asientos y sube alguien con un niño cualquier pasajero coge al niño y lo sienta en sus rodillas.
Llegamos a la estación de autobuses y desde allí al hotel. Este es de los que la guía clasifica como “historic hotel”. Es una villa colonial con muchas cosas antiguas y con mucho encanto. Además de que todo es amabilidad y sonrisas tienen la perspicacia de ofrecerte un té nada más llegar. No sé si tiene alguna relación pero de los cinco que trabajan allí cuatro son católicos incluido el manager que es tamil.
La habitación no es una maravilla (vale menos de lo que pagamos por ella) pero es espaciosa y limpia. El resto de la casa tiene detalles como una salita de estar donde a las siete de la tarde encienden un fuego de chimenea o un gran comedor donde los huéspedes que quieren cenar lo hacen en una gran mesa todos juntos. Lo dicho: con encanto.
Y se nota que estamos a 1889 metros porque sin llegar a hacer frío está fresco. Nada que ver con los calores de Jaffna o de Anuradhapura.
Tenemos la tarde libre así que nos vamos a ver un parque cercano, el Victoria Park, en el que por supuesto hay que pagar una entrada, pero más normal que la exagerada de Kandy. Nada más entrar un letrero te advierte que un magnolio fue plantado por el Honorable Mahinda Dodampegamage. Aquí los políticos tienen unos nombres que cuando haya una votación nominal en el congreso parecerá un trabalenguas.
Otro letrero te advierte que “Behave Decently” en inglés, tamil y cingalés. Bueno lo de que es lo mismo en los otros dos idiomas obviamente me lo imagino. Y debe ser porque en este país los novios vienen a los parques a achucharse.
Otra placa te avisa que ese gran árbol que está plantado detrás lo fue en conmemoración de la paz el 19 de julio de 1919. ¿De qué paz?
Pasa una pareja con niños y el señor me saluda con lo típico: “¿De dónde eres?”. Le contesto y le pregunto lo mismo. Siempre que lo hago se quedan sorprendidos y pensando que soy idiota y me responden que de Sri Lanka. “¿Pero de qué parte de Sri Lanka?”. “Pues de aquí, de Nuwara Eliya”. Le digo que son tamiles y se queda asombrado de que lo haya sabido. Y es que la señora iba vestida como las hindúes.
Encontramos un grupo de helechos arborescentes y Marisa les dedica una sesión fotográfica. Yo creo que hacía unos 30 años que no veía unos ejemplares así y me vuelvo a quedar maravillado con la naturaleza: la perfección de las hojas cuando salen y se despliegan es algo prodigioso.
Me percato de que nadie fuma, no sé si es que estará prohibido en este parque.
Un señor intenta explicarnos cosas de las flores y los árboles. Confunde un tejo con un ciprés: “Cupressus macrocarpa” dice el letrero. No te puedes fiar.
Vemos a grupos que quizás sean de turistas del país y que me recuerdan a los indios de Calcuta cuando me los encontraba en Darjeeling: parece que vengan a pasar frio aquí. Los de hoy llevan unas orejeras horribles.
Desde el parque nos vamos a ver un mercado con mucho color local pero poco fotogénico. Muchísima gente, cosas para el hogar bastante sencillas y muchos vegetales.
Regresamos al hotel y a la hora de la cena tenemos como compañeros de mesa a tres australianos, dos chicas y un tío enorme, y a una joven pareja china que está de viaje de novios.
Después los chinos se retiran y nosotros pasamos un buen rato charlando con los australianos que están muy interesados en la cocina española, sobre todo en el jamón y los quesos. Ha sido muy agradable.
Mañana visita a unas plantaciones de té si el tiempo colabora pues hay anunciadas lluvias.
Etiquetas: Nuwara Eliya, Sri Lanka






