Este hotel de Dehradun es bastante recomendable si no te importan los bocinazos matutinos a partir de las seis. O antes.
Desayuno en el cafetín que está al lado del hotel pues éste no tiene tortillas en su desayuno y además extrañamente empieza a servir después de las ocho. Donde voy no es la tortilla de Mussoorie pero no está mal y el precio es imbatible. Por una razón u otra está todas las mañanas lleno. Además aquí, como en toda la India, estos lugares no son centros sociales: el personal come, se bebe su té y se marcha. Solamente se “socializan” los parroquianos habituales estando de pie o en banquitos pero fuera del establecimiento, lo cual no es raro pues en éste cabemos 4 ó 5 personas solamente. Resultado: un buen desayuno (pero sin diamantes).

Antes de coger el tren Marisa quiere volver al Ram Rai Darbar para seguir con su serie fotográfica. Siempre encuentra motivos para las fotografías y hoy antes de llegar al monumento lo ha hecho en edificios antiguos y gente que estaba por allí. Hoy ha sido un “cacahuetero” que se ha mostrado muy satisfecho de posar para ella.

En el exterior del monumento hay un gran mástil enhiesto, de significado desconocido para mí, sobre una pirámide. Los fieles rezan encendiendo una velita. A pesar de que aquel monumento es sij no lo parecen así que no sé si aquello es hindú o es que a estos les encanta rezar en cualquier sitio.
Entramos, tras descalzarnos, en el recinto del Ram Rai Darbar y unos pintores que están encalando unas paredes le piden a Marisa que les fotografíe. Uno de ellos está en cuclillas encima de un alféizar pintando con una mano y con la otra sujeta una cuerda que imagino es toda su seguridad. Si se resbalase se partiría el cuello. Así que sesión fotográfica y al final le dan las gracias.

El lugar es tranquilo y apacible, no hay ningún cura o similar, el personal entra, reza, da un par de vueltas a la capilla donde está la tumba, frota los lados de las jambas de mármol de la puerta (nos quedamos sin saber el motivo) y se van. Solamente un par de señoras mayores están sentadas permanentemente delante de esa puerta. Y deben ser otras que las del primer día pues nos vuelven a invitar a que miremos en su interior. En el jardín que rodea el mausoleo hay otros cuatro más pequeños y sin fieles que les recen, es donde están enterradas las cuatro viudas del finado. Resultado final: paseo bonito y fotos estupendas.
La estación de ferrocarril de Dehradun está muy limpia y despejada y nuestro vagón casi vacío. Viajamos en clase 3AC y es más caro que el autobús pero éste se coge en la estación ISBT que está a 5 km del centro y la del tren la tenemos al lado y además la de Haridwar también está al lado del hotel donde queremos ir. Y sobre todo el viaje en tren es más seguro, tranquilo y no se pasa nada de miedo.

Este convoy va de Dehradun a Delhi, el “Dehradun Express”, y quizás por eso vamos solos en el departamento, lo que es una novedad pero imagino que en Haridwar subirá el personal. Y como siempre lo sabemos antes de subir porque los nombres, datos personales de cada viajero, como edad y sexo, y número de asiento aparecen en un papel de impresora de ordenador que han pegado al lado de la puerta del vagón y que me gusta comprobar para ver si es ese el lugar donde tenemos el billete.

El lavabo es el más limpio de todos los trenes que hemos cogido e incluso funciona el agua. La mayoría de los pasajeros de los otros departamentos se echan a dormir en las literas en cuanto salimos y eso que lo hemos hecho a las 10:30 de la mañana. No hay gente más dormilona en el mundo que los pasajeros de la Indian Railway. Llegamos, ¡casi a la hora!, a la estación de Haridwar y allí ya vemos a un par de señoras occidentales ”tipo Rishikesh”.
Vamos al hotel de la organización de turismo donde ya estuvimos en otra ocasión. Y como los de este tipo tiene espacios enormes mal aprovechados y los mismo sucede con la habitación: sin ningún encanto pero no está mal y como en otras ocasiones con el calentador eléctrico a unos 20 cm de la alcachofa de la ducha.
¿Qué hay que hacer en esta ciudad si no vas a un centro de yoga, meditación o disciplinas afines? Pues ir a uno de los ghats más famosos de la India, el Har-ki-Pairi, y el motivo por el que vienen aquí multitudes de peregrinos. Sabes que te acercas a esta ciudad porque cada vez encuentras más peregrinos, solos, en pequeños grupos familiares o en grandes del mismo pueblo y santones y colgados de todas las especies.

El camino hacia el ghat pasa por el Bara Bazar, un conjunto de estrechas calles totalmente pobladas de tiendas dedicadas a los productos religiosos, las cosas que comprarían los peregrinos y a pequeños restaurantes y además son casi peatonales. El “casi” es por las malditas motos, que sí transitan por allí.
Encontramos y entramos en un palacete en mal estado. En el patio están amasando una especie de requesón, el queso indio llamado “paneer” que es el habitual en muchos platos vegetarianos.

Lo curioso es que lo pesan cuidadosamente. Como el jefe de aquello nos ve tan interesados nos explica que luego lo mezclan con un almíbar que tienen preparado y hacen las famosas “rasgullas”. Nos muestra orgullosos una habitación llena de dulces que luego, imagino, venderán a restaurantes y confiterías y que nos da a probar. Deliciosos.
Comemos en un restaurante que recomienda la guía y a pesar de que según ellos, los del restaurante, sus platos no tienen ni picantes ni especias ha resultado ser una comida exquisita pero picante, picante.
Pasamos por “Prakash Lok” donde sirven los mejores lassis de esta ciudad y para nosotros de este viaje. Nos tomaremos uno a la ida hacia el ghat y otro a la vuelta (y son enormes) pues ya no tendremos oportunidad de volver a tomarlos. Y como novedad toda la calle está engalanada imagino que por el próximo Diwalli y también quizás por la hora temprana casi vacía de peregrinos.
Los postres caseros.

Puede que tú seas uno de esos que cuando te leen la lista de los postres al final de una comida en un restaurante hacen la típica pregunta: “¿Están hechos en casa?”. Y la respuesta suele ser un “por supuesto, todo casero”. Eso quiere decir que no lleva la etiqueta de Nestle, pero que lo han comprado en Makro y si estás en Haridwar que lo han hecho en un patio como el que estuvimos nosotros. A no ser que tengan el obrador delante del establecimiento. Esto en la India, por supuesto.
El paneer.

En la India te ofrecen platos de comida que tienen unas veces “paneer” o “cheese”. La diferencia: el “cheese” es eso, el queso. Y que como puede tener un componente animal, el cuajo, no es estrictamente vegetariano. El “paneer” se parece al requesón pero mientras éste se hace con el suero sobrante de la fabricación del queso o sea que sigue teniendo contacto animal, por el cuajo, el “paneer” se fabrica cortando la leche hervida con limón y luego separando el suero de la leche. O sea que sin contacto animal, excepto que la leche es un producto de origen animal. Vaya, creo que lo clasifican como lactovegetariano.