
(Al fin estamos en Tawang o como me ha dicho Marisa al entrar en la ciudad: “Como decía tu padre: ya tienen perro las monjas”. Porque este era el principal objetivo del viaje de este año a la India (Tawang, no que las monjas tuviesen un perro) y porque ha resultado una carrera de obstáculos siendo la última y no la menor el hacer este viaje desde que entramos en Arunachal y especialmente hoy).
En Dirang ha amanecido un buen día aunque un poco fresco. Nada más salir del hotel un cartel dice que a Tawang hay 138 km. Aunque hemos parado en algún sitio para hacer fotos o para ver alguna cosa interesante a lo largo del camino, incluyendo tés y comida, no habremos parado más de una hora en total; pues hemos salido a las 8 de la mañana y hemos llegado a las 4 y media de la tarde: ocho horas y media para 138 km.
Volvemos a encontrarnos con el río Kameng pero hoy más bravo que ayer pues vamos ascendiendo de altitud al lado de su cauce.

Cuando solo hace una hora que hemos salido paramos para tomar un té. Muy pronto me parece pues casi acabamos de desayunar, pero allí estamos todos los turistas (todos indios menos nosotros) con nuestros coches (alquilados). En ese lugar solo hay unas cuantas chozas que sirven comidas y bebidas; Marisa aprovecha para hacer fotografías en el interior de un de estas, tras pedir permiso. En la calle unos niños juegan con un tablero y unas fichas a un juego que es muy popular por estas tierras. ¿Irán a la escuela? No lo parece.

Y no sé si es una costumbre de los conductores pero a lo largo de todo el recorrido siempre nos vamos encontrando en los mismos lugares, sean cascadas (ayer), sitios para la foto memorable, restaurantes para tomar té o comer o algún templo o monumento. Por eso me sorprende que al llegar a un memorial militar, y con buen aparcamiento, no haya ninguno de los coches “turísticos” y sí varios militares que además te impiden detenerte. Así se lo dicen a nuestro chófer pero al ver que lleva a dos “distinguidos” occidentales, uno con aspecto de jefe le dice que sí, que aparque. Marisa y yo bajamos y nos dirigimos a la entrada del monumento; viene rápidamente un militar y nos dice que está prohibido pasar pero otro con aspecto de mandar mucho más y muy apuesto, le dice que sí, que pasemos.

Hay un grupo de 6 u 8 altos oficiales con una señora muy elegante y arreglada, y soldados inquietos merodeando por allí. En la entrada hay una esterilla roja y luego una alfombra roja a lo largo de todo el recorrido y yo temiendo meter la pata y herir algún sentimiento religioso o patriótico pregunto si tenemos que quitarnos los zapatos. Creo que a los bizarros altos oficiales les he dejado un poco descolocados. Y eso que no se habían fijado en mi calzado: unas “adidas” que mi hermano me dijo que si estuviesen nuevas valdrían una fortuna pues parece que son de esas que llaman “vintage”. (A pesar de su edad con ellas he hecho cosas como subir a los cabezones del monte Nemrut con muchísima nieve y alguna otra cosa más. Creo que las tiraré al regresar a casa). Pues bien, me dicen que no, que pasemos.
Es una suave colina y a lo largo de todo el camino hay soldados y lo curioso es que todos son sijs. Dentro del ejército hay muchos de ellos e imagino que habrá algún regimiento en que todos serán de esa religión.
Se nos acerca un militar muy nervioso pero no le entiendo nada, así que viene otro y me dice algo de las fotos. Entendí que querían que hiciésemos nuestras fotos y nos fuéramos. Así hicimos tras dar las gracias a los superjefes que inquietos estaban esperando a alguien muy importante. Tendré que investigar a quien está dedicado el monumento pero generalmente es porque ha habido una escabechina que con sentido común se podría haber evitado.
En el recorrido hay algún grupo de casas cerca de la carretera que no llega a la categoría de pueblo y veces grupos de casitas hechas con la chapa de los bidones de alquitrán que utilizan para asfaltar el camino. ¿Cómo olerá dentro de esas viviendas? Y es que la carretera está en continua construcción (e imagino que destrucción) y hay grupos de gente que solo se dedican a esto pues las cabañas de chapa están en lugares en los que no hay ningún medio de subsistencia aparente.

La guía dice de esta carretera que “could easily be called the worst road in the world”. Aunque me parece algo exagerado no está mal la descripción. No quiero ni pensar que pasará si llueve pues toda aquella tierra se convertirá en barro y aunque hay algún quitamiedos lo normal es que tengas unas caídas espectaculares. Y es que estamos tan altos que hemos pasado de los bosques tropicales tipo selva a los de tipo alpino y luego a que no haya ningún tipo de árbol. Salimos de Dirang que está a 1620 m y llegamos al paso de Se La que está a 4176 m. Os recuerdo de alguno de mis anteriores viajes que “La”, no sé si en tibetano, en himalayés o en sikimés, significa “puerto de montaña”. Entonces decir “el paso de Se La”, ¿qué es? Pues claro, un pleonasmo.


En Se La hay un arco que pone “Tawang” lleno de banderolas budistas con un pequeño lago al lado. Un lugar precioso donde nos volvemos a encontrar con todos los bengalíes de los otros coches. Siempre hay alguno interesado en nosotros y esta vez ha sido una familia que me ha pedido fotografiarse conmigo. Me han preguntado por todo lo típico y además que qué conocía de la India. No he sacado todas mis plumas de pavo real (macho) pero les he hablado de varios sitios y entonces un adolescente repelentito me ha dicho que si no había estado en Cachemira que era la parte más bonita de la India. Pero eso varias veces y en plan insistente. Entonces delante de su familia le he dicho que había estado en una ciudad que era capital de un estado y que él no conocía: Raipur. Y él ha picado: “que no, que se llama Jaipur”. Al final ha tenido que acudir su padre en su ayuda. Lo de Raipur es un truco que guardo para los listillos y los impertinentes. Y éste era las dos cosas. Al final foto con toda la familia. 
Marisa está preocupada por la carretera y va y me dice: “No sé porqué tuviste que leer algo sobre este sitio”. Estoy convencido de que en Tawang estará encantada haciendo fotografías. Hoy lo estaba con el paisaje aunque cuando se acordaba de que tenía que volver por la misma carretera…A veces aparecen signos preciosos del otoño, si no fuese por los precipicios…Un letrero con un mensaje del BRO me recuerda al famoso “Hurry burry spoils the curry” de Kurseong: “Hurry makes worry”.

Nyukmadung War Memorial.
La placa conmemorativa de este monumento dice que allí se libró una batalla entre la Brigada 62 de Infantería que protegía Se La contra las tropas chinas en noviembre de 1962. Parece que les ordenaron retirarse a Dirang y fueron emboscadas por el enemigo desde las alturas donde está situado ahora el memorial.
13/03/2014 a las 21:56
La carretera es como para quedarse a vivir allí, sólo por no hacerla de bajada. Marisa, eres una heroína.
14/03/2014 a las 12:21
Y ya que lo nombras de donde y el por qué la frase de «ya tienen perro las monjas»??
Esa carreterilla, escalofríos me da.
17/03/2014 a las 05:44
«Ya tienen perro las monjas». Era una frase que utilizaba mi padre siempre que mi madre se salia con la suya tras pedir algo con insistencia. No conozco su origen pero yo pensaba que era una frase habitual hasta que al escribirla en este blog la busque en la web y no obtuve ningun resultado. Asi que quizas era algo local o solo familiar.
Vuelvo a decir lo que acabo de escribir en otro comentario: no tengo acentos en este extraño teclado en el que si puedo escribir en ruso o en georgiano. Una prueba: рщдф йгу ефд уыефыю ყო მუყ ბიენ ყ ყუ.
Y a pesar de que es 17 de marzo esta cayedo una nevada donde estamos ue no se si podremos salir de aqui hoy.
20/03/2014 a las 18:25
Lo de las carreteras es para ponerse nervioso y más.
21/03/2014 a las 19:35
Cuando enviabais postales recuerdo que en una de ellas (no recuerdo de dónde) Marisa decia «esto es precioso, Ángel me va a matar pero vale la pena» así que quedas liberado de toda culpa si Marisa se resbala en esta carretera !cuanto amor y que espíritu de sacrificio recoge la frase! Lo de el perro y las monjas me ha encantado. Besos