24. La India 2013. 11 de octubre. De Guwahati a Nameri.

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(Este es un sitio increíble para estar escribiendo: un parque natural, noche cerrada aunque es pronto, las cigarras cantando, pero como las nuestras, no como las de Cherrapunji. Es un lugar precioso con un solo inconveniente: no tenemos habitación. Aquí son unas cabañas para familias enteras  y están todas ocupadas por lo que nosotros tenemos que dormir en un “dormitory”, que en inglés quiere decir “dormitorio de colegio”, o sea 20 camas en una gran cabaña aunque nos han asegurado que estaremos solos.  Además de que a Marisa no le gusta nada lo del dormitorio común, cree que tendremos bichos mil pues las  ventanas de la cabaña son unas cañas cruzadas, o sea barrera nula. De todas maneras nos han proporcionado un mosquitero a cada uno. Creo que al final estará todo muy bien. Además hemos conseguido la cena menos especiada de todo el recorrido).

Esta mañana me han despertado los golpes de una pelota de tenis. Si vieras el ambiente que rodea la estación de ferrocarril de Guwahati no te creerías un despertar  así pero como ya he explicado en otra crónica anterior somos vecinos del “India Club”, una sociedad elitista de la gente con pasta de la zona y que además también es vecina del “Reserve Bank of India”. O sea que estamos encajonados entre “la crème de la crème”.

Nos despedimos de nuestro recepcionista favorito y nos vamos a buscar el coche contratado. No nos creemos que vayamos a viajar en esas condiciones. Y, cómo no, nada más salir Marisa me dice: “Viajamos como tu amigo Luis”.  Pero era solo una metáfora;  iba  a decirle que todavía no, que este es un Toyota Innova, muy parecido al modelo Verso que se vende en España, pero más grande.  Seguimos sin viajar “como Luis”.

El chófer es un joven asamés de Dibrugarh, bastante oscuro, que no habla casi inglés pero lo suficiente para nuestras necesidades. Ayer les dije en la  agencia de viajes que si era posible que el conductor no fumase: “durante el trabajo ni fuman ni beben”. Lo que no puedes evitar es que mastiquen “paan”.

Me sorprende que al salir del centro todo esté cerrado pero es que las tiendas abren a las 10 y además en los sitios oficiales tienen fiesta pues comienza la “Durga Puja”.  Seguramente no habrá otro país con mayor diferencia entre los que trabajan en estos sitios y el resto en cuanto a horarios y días laborables. Y no te digo nada de los temas de previsión social totalmente ausentes en las pequeñas empresas.

Una particularidad de esta ciudad o de este estado es que la capital es la desconocida Dispur porque realmente es  como un barrio de Guwahati y está englobada dentro de él.

La salida discurre por la misma carretera que la de Shillong y quizás debido a la hora del día está bastante despejada.

A poco de salir  el chofer, Bitu, me explica que este lado de la carretera es Asam pero que al otro lado de la mediana es Meghalaya. Y sigue así hasta que en una bifurcación una parte sigue hacia Shillong adentrándose en Meghalaya y la otra hacia el interior de Asam, adonde nosotros vamos, a Tezpur.

Paramos a llenar aire en las ruedas y de paso cogemos a un oficial de policía como obligado autoestopista.

La carretera es bastante buena y de dos carriles y somos de los coches más rápidos a pesar de que vamos solo a 90 por hora como máximo.

Me sorprende que no recuerde nada del paisaje de mi anterior visita pues yo creía que eran todos campos de té y lo que veo ahora son grandes extensiones plantadas de arroz con algunas colinas con vegetación tipo selva. A veces grupos de palmeras de esas delgadas y altísimas que le dan un toque de aire tropical al paisaje.

Una particularidad de esta carretera, aunque quizás lo sea de toda la India, es que tiene una mediana partida cada 2 ó 3 kilómetros para que el personal motorizado cruce de un lado al otro.   Pues bien cuando alguien tiene que hacerlo no retrocede hasta el punto de cruce sino que sigue hasta que lo encuentra aunque sea en dirección contraria. Resultado: carretera tipo autovía donde de vez en cuando aparece una moto, una bicicleta o un camión circulando en sentido contrario  por el carril que para ti  debía ser de adelantamiento.  Y eso ya te puedes imaginar qué provoca en el corazón de un conductor occidental cuando tu coche está adelantando a otro y ves aparecer de frente a una moto o a otro coche directamente hacia ti. (Aunque no conduzcas siempre estás vigilante de lo que hace el conductor). A esto añádele que, aunque atadas, hay vacas y cabras en la mediana pero que suelen bajar al carril derecho (se conduce por la izquierda) o sea al del adelantamiento.

Hacemos una parada para beber un coco y luego otra para un té. Estas paradas, para nosotros una novedad,  no tienen nada que ver con las de los transportes públicos que siempre lo hacen en lugares populares. Los que viajan en coche propio, o sea de clase media alta, o alquilado, paran, paramos, en restaurantes de carretera fuera de las ciudades y muy bien arreglados. Y además cuando queremos: todo un lujo.

Y como estamos en la India uno de los animales que cruzan la mediana, pero éstos sí en el sentido correcto, son un par de elefantes.

Dejamos esa “autopista” y entramos en un país totalmente rural con casas y cabañas construidas de forma continua a lo largo de la carretera, con gente andando por ella, bicicletas, cabras y todo el tráfico típico de estos lugares;  un ambiente tropical y ningún campo de té.

Cruzamos el Brahmaputra por un puente larguísimo y aquello parece más un mar que un río.

Paramos en Tezpur  para comer y el chófer nos deja en un restaurante muy fino con comida exquisita y gente elegante, excepto en una mesa donde hay dos sujetos vestidos de negro con gorra también negra y que yo creí que eran turistas japoneses por su tamaño y el corte oriental de sus caras. Al sentarme me percato que llevan un gran pistolón al cinto y un fusil ametrallador entre las piernas pero de un modelo que no tiene nada que ver con lo que he visto hasta ahora que llevan los policías o militares indios. Estos son como los de las pelis de acción.

Acabamos la comida con unos dulces exquisitos en una confitería que hay en la calle. ¡No todo va ser sufrir!

La joven de la agencia de viajes me dijo que en el camino de hoy había un “tea garden” donde nos  podíamos  quedar a dormir pero que era “costly”.  (Why Indian people use much more costly than expensive?). Veo al pasar por la carretera el nombre del pueblo donde estaba ese establecimiento y le pido al chófer que nos lleve. Es una India todavía más rural pero al final tras mucho preguntar y perdernos un par de veces (lo de “mucho preguntar” y “perdernos un par de veces”  es una licencia retórica pues a este conductor, como es aquí común, no le gusta nada preguntar, pero a cambio sí que nos perdimos bastantes veces) damos con el sitio: precioso y elegantísimo. Un detalle que muestra su nivel es que hay una cancela en la entrada y el vigilante tiene que llamar a la recepción y explicar quienes somos antes de dejarnos pasar. Y eso que llevamos un coche estupendo y que si llegas hasta allí es que ya has demostrado un gran interés.

Nos recibe una señora muy distinguida, nos explica el precio y me hace hablar por teléfono  con alguien de Bombay que parece que es quien lleva el bisnes. Yo creo que lo hizo para ver mi (escaso) nivel de inglés.

Si tenemos mucho tiempo a la vuelta y según como andemos de pasta (porque nos dejó muy claro que “sorry, only cash, not credit card”)  quizás nos quedemos un par de días.

Al salir atravesamos una zona llena de instalaciones de los “Assam Rifles”, que parece que estás en un cuento de Kipling. ¡Vaya nombre tan evocador!

Seguimos camino hacia nuestro destino y compruebo que como a lo largo de todo el camino de hoy las carreteras tienen frecuentes controles de policía pero excepto en una, donde sí había un grupo de uniformados sentados y charlando, en el resto solo hay unas barreras metálicas en medio de la calzada sujetas con grandes piedras que obligan a los conductores a realizar un peligroso zigzag. No he visto nada más inútil y con más riesgo.

Así llegamos al parque de Nameri, un sitio precioso donde debido al movimiento de los bengalíes no hemos tenido habitación para nosotros solos.

Mañana a Arunachal.

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