23. La India 2013. 10 de octubre. De Shillong a Guwahati. Primera parte.

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Hoy vamos a regresar a Guwahati así que después de un desayuno ligero en el hotel nos vamos a la estación de autobuses.  La ciudad se está despertando pero cuando llegamos hay una cola increíble delante de una ventanilla que afortunadamente no es la nuestra  pues es una “cola india”: unas 20 personas pugnando por meter la mano dentro de la estrecha ranura de la ventanilla apretándose de una manera que no te puedes imaginar si no lo has visto. Y en un lado de la “melée” cuatro señoras intentando sacar también un billete sin que las estrujen demasiado.  Lo curioso es que detrás de este montón  hay una cola bien hecha de 15 ó 20 personas más. En esta ciudad en la que te encuentras un policía o un militar cada 2 metros a nadie se le ocurre  organizar una cola  “como Dios manda”,  como diría nuestro presi. Y eso que son cristianos.

Marisa dice de la cola que están “íntimamente unidos”. Y es curioso porque alguna de nuestras fotos que tienen más vistas en Flickr son precisamente las de indios haciendo cola.

Nuestro vehículo es de la MTC (Meghalaya Transport Corporation) y sale a las 9 de la mañana. Como son solo 100 kms hasta Guwahati y en muchos tramos de la carretera son de cuatro carriles, dos en cada sentido, imagino que en dos o tres horas llegaremos, aunque empiezo a pensar que serán algo más pues la salida de la ciudad es tan caótica como la entrada. Tardó más de una hora y cuando estamos a 18 kilómetros de la salida ya llevamos 90 minutos.

Vemos que están montando “pandals”  por muchas partes y un compañero de viaje que es de Calcuta me dice que esta es una palabra bengalí pero que se utiliza en toda la India y que está incluida hasta en el inglés. Tendré que comprobarlo.

Como vamos tan despacito y parando tantas veces podemos ver todo lo que pasa en la calle. Así en un almacén han coronado la tapia que lo rodea con una sierra metálica en lugar de los típicos trozos de botella rota que se empleaban en mi niñez y que a mí me provocaban bastante desasosiego porque además impedían el paso a sitios sin ningún interés especial, pero al que esa prohibición les  daba un carácter de lugar interesante.

Cuando llegamos al Paltan Bazar, el lugar desde donde salimos para Sohra y adonde regresamos ayer volvemos a ver un caos  que no te puedes imaginar en una ciudad que además tiene tal cantidad de personas dedicadas al orden o a la milicia.

En una de esas paradas vemos a un señor con un cerdo muerto al hombro (cerdo en canal pero cosido) y con las tripas del animal en la otra mano. Una estampa como de la edad media. Llega a un carromato y lo tira encima de la caja metálica.

También me percato de que toda la publicidad callejera  está solo en inglés y que el hindi aparece solo en algunos letreros oficiales.

Desde que sales de Shillong y casi hasta la llegada a Guwahati es una cuesta abajo que no se acaba nunca. Nuestro autobús no tiene mal aspecto pero cuando frena, y lo debe hacer continuamente, chilla como debían hacer en las mitologías antiguas las madres que parían a gigantes.
También nos damos cuenta que en esta ciudad es la que hemos visto más señoras con el pelo corto, cosa rarísima en la India, y también chicas jóvenes con faldas por la rodilla.

Por el camino vemos en algún pueblecito letreros que dicen “3500”. Ya sabemos a qué se refiere.

Así llegamos a Guwahati y a su caos de entrada. Cuando llegamos a la estación de autobuses son las dos de la tarde: 5 horas para 100 km. Así que un consejo para los viajeros intrépidos: no te fíes de los horarios y no pienses que puedes hacer un trasbordo fácilmente.  Que esto no es Japón.  (Marisa me dice que cuando vayamos a Japón quizás ya no quiera volver a la India. Miedo me da).

Cuando llegamos al hotel y a pesar de que solo hace dos o tres días que lo dejamos tenemos que volver a rellenar todos los formularios y nos vuelven a hacer fotocopias de los pasaportes.  Claro que ahora ya sé donde van a parar  todos los formularios e impresos que rellenamos.  Lo que no me creo es que alguien los coteje, los compruebe y los organice para obtener algún resultado, porque, por ejemplo, a mí me reconocen por el nombre, nada de apellidos.

Volvemos a la agencia de viajes donde nos dicen que sí, que tienen nuestro permiso para entrar en Arunachal, así que todo resuelto.

El camino desde el hotel a la zona de transportes donde tiene su oficina la agencia le pone a Marisa un poco nerviosa. Desde luego es un lugar de un tráfico de  personas y vehículos enorme y con un ambiente poco agradable, por decirlo suavemente.

En el hotel nos volvemos a encontrar con nuestros recepcionistas favoritos y a mi pregunta de los posibles problemas de entendimiento con los clientes de otras partes de la India uno de ellos me explica que el asamés es parecido al bengalí pero anterior a éste.  Pero tiene un mal final la conversación: la tomatina.

Deberían prohibir su publicidad solo por lo difícil que es explicarle a alguien de un país como éste que la diversión (?)  consiste en despilfarrar un montón de comida, vaya varias toneladas. Y además  creen que eso es algo general así que les digo que eso solo sucede en una ciudad y que muchos no estamos de acuerdo con ello.  Y eso que no han visto los vídeos de internet de este año: creo que no he visto  tontería más grande en mi vida. Y aunque ya lo sabía me ha dado la clave de su amplio conocimiento en este país: una película india de gran éxito el año pasado donde un joven indio asistía a la tomatina. Pues bien, tuvo tanta publicidad que me dijo que las navidades pasadas hubo una “Tomatina Night” en Bangalore en algún local de fiestas. ¡Vaya forma de ser conocidos!

PD
Hoy al final me he rendido y he ido a una farmacia. Les explico como puedo  los síntomas y me dan cuatro pastillas. Podrían haberme dado 20 como en España pero son sensatos y honestos. Confío en que den resultado pues según Marisa me voy a quedar como si hubiese ido a una clínica de la Costa del Sol donde van los famosos.

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