Hoy tenemos por delante la principal tarea en esta ciudad: conseguir el permiso para visitar Arunachal Pradesh. Pero antes hemos quedado para desayunar con Ainoa y lo primero de todo: cambiar.
Me suelo guardar algo de dinero de un año para otro para coger el taxi pues en mis primeros viajes el cambio en el aeropuerto era un atraco y encima te cobraban la comisión que querían. Quizás haya cambiado la situación pero sigo haciendo lo mismo: no cambiar hasta estar en Delhi y si puede ser en “mi” barrio mejor.
Y ya con el primer desayuno entramos en nuestra rutina alimenticia: una tortilla francesa con “plain toasts” y té. Eso siempre que sea posible pues en áreas muy sagradas para los hindúes los huevos están prohibidos. ¡Las religiones siempre tan comprensivas! (Con las gallinas).
Con rupias y desayunados nos vamos al “Home Affairs Ministry”, incluyendo a Ainoa en el tour pues quiere conocer Delhi, aunque nuestro recorrido no será nada turístico.

Con unos pequeños problemas llegamos al ministerio. ¿Por qué ese organismo? Pues porque el año pasado después de varias vicisitudes llegamos al Arunachal Bawan, una especie de consulado de ese estado en Calcuta y donde nos mostraron el documento oficial donde decía que ese permiso solo se podía obtener en el ministerio del interior y en una especie de embajada de ese estado en Delhi. La embajada no sé donde está así que vamos al ministerio. “Que queremos sacar el permiso para visitar Arunachal Pradesh”. El funcionario, sin decirme una palabra, me entrega un papelito escrito a máquina que pone ”Foreign Division Minsitry of Home Affairs” y una dirección. Una buena señal que no nos hayan dicho que no. Todos los controles con policías muy amables y sonrientes. Uno casi salta de alegría cuando a su típica pregunta en este país de “First time in India?”, le contesto que no, que “many times”.
Con un taxi a la nueva oficina. El primer control nos lo hace una joven uniformada que se llama Bala. Le explico el significado de su nombre en español y le hace mucha gracia. Además tenía una cara muy graciosa aunque por su estructura más que una bala era como un perdigón. Eso no se lo expliqué. Tampoco sé como se dice esa palabra en inglés.
Pasamos a la primera oficina. Resulta ser solamente un control para saber a qué sección enviarte. Pero “el personal al que debe visitar está en su ‘lunch time’”. Que volvamos dentro de 45 minutos. Lluvia fuerte y corta. Aprovechamos para ir a la cercana oficina de turismo. De los estados del nordeste, y son siete, solo tienen un folleto de 3 páginas. Sí conseguimos el mapa de Delhi y aprovecho para explicar a mi joven alumna como navegar en las procelosas aguas de Connaught Place, en adelante CP, “Sipi” como la llaman los delhilitas. Y Ainoa machaca a un resabiado empleado de la oficina de turismo. Si algún día vuelve a esa oficina seguro que desaparece en los lavabos.
Volvemos al Ministerio del Interior, División de Extranjeros. Es un bonito y moderno edificio e imagino que estará en su interior acorde con esa (falsa) apariencia.
Toman todos mis datos personales y me entregan una hoja impresa donde dice que tengo permiso para entrar y visitar al señor Parida. Parece que en este ministerio saben elegir los nombres. Pienso que en España este probo funcionario estaría bien jodido.
Me mandan al segundo piso. Entro en aquel edificio que tiene un hall magnífico pero se te cae el alma a los pies: una estructura moderna, llena de funcionarios que deben ser eficaces para manejar toda la organización del país, colocados en unas habitaciones con unos separadores que los dejan casi enjaulados con montañas de papeles por todos los lados, que a veces van del suelo al techo. Y por supuesto con un ordenador personal en cada mesa. Lástima que solo me dejaron entrar a mí pues Marisa y Ainoa se quedaron sin ver todo aquel universo kafkiano. Pues bien, el Sr. Parida, con despacho propio y un buen rótulo en la puerta, no estaba. Me dicen que me siente en uno de aquellos receptáculos. Yo sigo lleno de optimismo pues hasta entonces nadie me ha dicho que no me lo podían dar. Al fin aparece y le explico mi deseo: “¿A qué parte de Arunachal quiere ir?” “Al monasterio de Tawang”. “Pues para eso necesita el PAP”. Eso ya lo sabía yo y a por ese papel venía, le contesto. “¿Cuándo quiere presentar el formulario de petición?” “Pues si puede ser ahora, ahora mismo. Por cierto, ¿cuántos días tardan en concederlo?” “Por lo menos 45 días”. Que le hice repetir varias veces lo de “at least” porque pensaba que lo entendía mal, porque yo iba a estar solo 37 días en la India. Y se me ocurre un atajo: “Sr. Parida, ¿y si no voy a Tawang y solo quiero entrar en Arunachal?” Porque una vez allí pienso que quizás sea más fácil conseguir el permiso. “Para eso necesita el RAP”. Y menos mal que estoy familiarizado con las siglas de los formularios: “Restricted Area Permit”. “¿Y el RAP dónde se consigue?”. Me mira con cara de pensar que soy tonto, esa de “¡que no te enteras!”, y me dice que en la división para extranjeros. Al final logro sacarle que la famosa división está en el primer piso. Bajo al primero y me meto por la primera puerta que encuentro: otra sala llena de laboriosos funcionarios pero con más espacio y menos papeles. Y tengo la gran suerte de que al primero que vi y pregunté es un joven amable y dispuesto que tras explicarle mi peregrinar me dice que le acompañe. Le sigo y me inquieta bastante pues anda rápido pero lo hace como deslizándose, que me recuerda a Gary Oldman como Drácula en la peli de Coppola. Vaya, que se desplazaba igual. Menos mal que en vez de llevarme a un sitio oscuro lleno de vampiros me conduce al segundo piso de nuevo al lado del territorio del Sr. Parida. Me indica un cubículo vacío y me dice que me siente allí, que el señor al que pertenece llegará enseguida y que es el que se encarga de los RAP. Allí me siento y espero y espero. El Sr. Parida pasa por allí varias veces y a pesar de lo exótico de mi presencia no se digna ni mirarme. Debe ser la técnica del avestruz: ignorarme para quitarse de encima el problema. Como si fuese normal que a un extranjero que has enviado a otro departamento vuelva a aparecer por el tuyo y encima se siente en la mesa de uno de tus empleados. Que además estoy en el ministerio del interior. Porque lo normal, digo yo, es que al verme hubiese dicho: “Hombre señor español, ¿qué hace usted aquí si yo le he dicho que se fuera al primer piso?”. Porque una de las veces ha estado más de 15 minutos sentado a mi lado buscando con dos mozos de almacén en unos legajos. No me ha dicho ni mú. Un cenizo. Que no se ahogue en el Brahmaputra y que tenga que salvarlo yo de las aguas, que aparecerá en el golfo de Bengala.
Después de mucho esperar aparece el funcionario que para mí que se había escaqueado y parecía que iba a venir enseguida, que hasta las gafas se había dejado. Aunque quizás es que algún colega le había advertido de mi presencia y esperaba que yo abandonase por aburrimiento. Si llego a ver por allí encima el formulario del RAP me lo relleno yo mismo.
Le vuelvo a explicar de nuevo todo el rollo, que si el PAP, que si el RAP, que si…Que no, que no es allí, que vaya al primer piso. Le digo: “muy bien, me lo creo, pero dime cómo te llamas porque ahora voy al primer piso y les digo que tú me has dicho que es allí”. Y es que yo me sentía el idiota mayor del mundo. Que solo faltaba que me hubiese dado un papelito en hindi donde dijese que “y diles que me cago en el correo que va y que viene”, como hacíamos en los juegos infantiles hasta que caías que el correo eras tú.
Así que el hombre se resistía pero no yo me iba de allí sin su nombre. Al final lo escribe pero en un papel muy pequeñito, como si le diese vergüenza: “Bhami”. Que tendré que investigar si ese nombre significa algo inmundo o insultante. Así que con el papel vuelvo hasta donde está el joven que-anda-deslizándose y le vuelvo a explicar todo de nuevo. Me dice que “follow me” y volvemos al Sr. Bhami. Hablan un rato en hindi, volvemos el joven y yo al primer piso. Atravesamos salas llenas de funcionarios dentro de receptáculos. Llegamos a un despacho donde el joven le explica, imagino, el problema del RAP a otro. “Se necesita un mes por lo menos”. Insisto en hacerle repetir lo de “at least”, pero no baja de los 30 días. Así que “nasty de plasty” para utilizar una expresión de los 60 que creo que ahora no se utiliza mucho. O sea que el único camino es a través de una agencia de viajes como ya advierten las guías y los foros de internet. En el camino oficial te ponen unos plazos que lo hacen inviable para un turista como yo.
Me despido del joven amable y transilvano dándole las gracias muchas veces pero diciéndole que no he podido conseguir ni el PAP ni el RAP y entonces me dice: “¿Por qué no prueba con el ‘Joint Secretary’ que está en la planta baja?” Y ya con la derrota absoluta llego al control de salida y les digo que quiero ver al susodicho “Joint Secretary”, que lo escribo y pronuncio así y sé qué significa “porro” pero que quizás debí hacerle escribir el nombre exacto para evitar nuevas equivocaciones. Pero me entienden y me llevan a un despacho, este de mucha más categoría que los anteriores con tres señores también como de más nivel. Y vuelvo a explicarles todos mis pasos de un despacho a otro y de que lo que quiero es solo un PAP o por lo menos un RAP. Y no entiendo porqué pero muestran un gran interés por mí. Que espere en una sala adjunta. Entonces me percato que hace casi dos horas que he dejado a Marisa y Ainoa en la recepción y que quizás estén preocupadas. Y sin comer. Y con la frase de “my wife is waiting for me” logro recuperar el permiso que me ha permitido moverme por allí y que tienen los funcionarios que están hablando por teléfono con aquella hoja y diciendo los datos que hay allí. Deduzco que están moscas por como he llegado hasta aquel despacho. Y es que estamos en el ministerio del interior de un país como la India. Al salir lo mismo, se quieren quedar el papel y yo con “my wife is waiting for me” como un mantra, y creo que incomprensible para los controles, salgo del edificio sin entregarlo. Creo que es una excusa tan estrambótica que me dejan salir sin más a pesar de que las normas dicen claramente que debo mostrarlo en la entrada y entregarlo a la salida.
Allí está Marisa paciente con Miss Bala. Ainoa desfallecida ha ido en busca de comida.
Vuelvo a entrar y les digo que ya no quiero ver al “Mr Joint Secretary”. Me rindo. No se lo he dicho aunque lo pensaba, que si se lo digo a aquel montón de policías igual no entienden la figura retórica, dado mi nivel de inglés y creen que es de verdad.
Así acabó toda una aventura kafkiana con un resultado nulo. Aunque he aprendido más de la maquinaria administrativa india en una mañana que en un master.
Sabiendo que aquí no podemos conseguir el permiso nos vamos a sacar el billete de ferrocarril para Guwahati, para ver si desde allí y a través de alguna agencia de viajes lo podemos obtener.
Siempre escribo que los dos lugares con más ganchos de la India y por tanto a los que más cuesta llegar son Janpath 88, donde está la oficina del turismo de la India, la única oficial, y la oficina de venta anticipada de billetes para extranjeros en la estación de ferrocarril de Nueva Delhi, “Intenational Tourist Bureau”, primera planta de la estación, lado noroeste, o sea lado de Paharganj a la izquierda entrando (te lo detallo por si vas). Pues los ganchos más astutos de Delhi se sitúan en la parte derecha al entrar e intentan llevarte por ese lado y si ven que conoces el sitio exacto te dicen que lo acaban de cambiar allí. Pero en esta ocasión además de los más astutos hemos encontrado al más violento, porque además era grandote y no nos dejaba pasar. Y eso ya dentro del edificio de la estación y al lado de un puesto de policía. Que llegué a pensar que podía ser verdad y que quizás lo habían movido de sitio. Pero el tío al final va y me dice que donde quería ir yo ahora solo vendían billetes de avión. O sea que no era astuto y taimado, solo era un bruto. “Es que voy a comprar un billete de avión”. Más discusión pero logramos pasar. Y la policía allí mismo como si nada. Raro, ¿no? Tanto fue el forcejeo que un señor va y me dice: “usted sabe realmente adonde va”.
Conseguimos billetes para ir a Guwahati pasado mañana en el mejor tren del recorrido: un Rajdhani. Saldremos a las 2 de la tarde y llegaremos a las 5 y 20: 27 horas y 20 minutos, si no hay retrasos. Y en esta oficina otro feliz encuentro: Dolors y Jordi una pareja que está dando la vuelta al mundo. Ainoa machaca al empleado de información sobre viajes a sus destinos. Le van a coger miedo en Delhi. Quedamos para cenar los cinco juntos y nos contamos las historietas del viaje con gran atención por parte de Ainoa, que está encantada. Yo también.
NB Si eres un ciudadano indio y me está leyendo, no temas que el dinero de tus impuestos se derroche en despachos suntuosos para los funcionarios del ministerio del interior: son gente austera y de poco gasto.
Etiquetas: Delhi
13/02/2014 a las 23:52
La verdad es que me he tronchado leyendo tus andaduras por el ministerio, solo te faltó haber visto al elefante indio de la peli del Guateque.
Yo recuerdo haber estado en esa oficina de la primera planta por lo menos dos de las tres veces que estuve en Delhi, y no me dió sensación de que fuera difícil. Siempre ha sido así??
18/02/2014 a las 21:00
No, Joséluis, lo que pasa es que los «ganchos» no paran de discurrir nuevos métodos para que no llegues allí.