65. India 2012. Final 4.

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Escultura al aire libre en Paseo
del Prado. Madrid

   Consejos para juntas de accionistas.

Parece que es un consejo elitista pero puedes ser accionista de una gran empresa por muy poco dinero. Así para asistir a la junta de accionistas de Prisa te exigen un mínimo de 60 acciones, que al cambio del día de la reunión (30 de junio de 2012: una acción costaba 0,39€) eran 23,40€. ¿Quién de vosotros no lo puede invertir? Insisto, que no es un gasto suntuario y frívolo, que es una inversión.

No sé en las otras juntas pero en ésta, quizás por el carácter mediático de la empresa y de algunos de los comparecientes, los fotógrafos no paraban de  inmortalizar el evento. Pero no solo cuando se ponía delante del atril el orador, sino durante toda su intervención.  Y ninguno de ellos era Kim Novak, o para los más jóvenes Robin Wright Penn.

El consejo: siéntate en el lugar opuesto al atril porque los disparos continuos suenan como una ametralladora y es bastante incómodo.

Otro consejo: (éste para los de la empresa del evento): permitan solo cámaras sin espejo a los reporteros que se empeñan en disparar durante todo el acto.

Más consejos: una vez siendo muy joven me regalaron una entrada para asistir a una representación de Ethel Rojo, vedette  que actuaba en  un teatro del Paralelo de Barcelona. Creo que era  “Del rojo al verde”. La entrada era para actuar de claque. Era mi primera experiencia, y también la última. Pues bien, había por allí un tío malhumorado que decía “¡aplaudir, ahora, aplaudir!”. No nos dejó tranquilos ni un momento y eso que hubiésemos aplaudido de todas las maneras pues era una señora estupenda que lo hacía muy bien.

¿Por qué no hacen lo mismo en las juntas de accionistas? Pues no lo sé pero a la que asistí se aplaudía muy poco. Casi nada.

Una pregunta: ¿qué interés tiene hacerle dos mil fotografías a Don Fernando Abril-Martorell, aunque sea el “Consejero delegado adjunto y Director general financiero (CFO)” del grupo Prisa?

Final triste: cuando escribí esta información busqué el nombre de la artista y comprobé que acababa de fallecer. Una pena.

Pareja mayor.

Un conocido escritor de viajes en su también conocido blog escribe un post sobre lo que observa en sus viajes cuando come en un restaurante. Me impresionó mucho la descripción siguiente: “La pareja mayor que pasa toda la velada sin hablarse ni mirarse. A lo sumo un “Pásame la sal”. Supongo que una década de matrimonio hace mella…” No copio el resto porque no es interesante para mi reflexión.

La negrita de “pareja mayor” es del autor del post pero mi sorpresa es que defina así a alguien tras “una década de matrimonio”. Yo me casé a los 26 años y Marisa a los 23. Si el “conocido escritor de viajes” nos hubiese  visto cenar a los 36 y 33 años respectivamente, ¿nos hubiese calificado como una “pareja mayor”? Claro que no busqué el “perfil” del autor del blog y quizás tuviese 15 años pero me parece excesivo el tratamiento.

Las moscas y el amor.

De una noticia de  El País del mes de marzo del 2012.
«Las moscas se dan al alcohol cuando no pueden aparearse».

Hacen un experimento con «moscas del vinagre (Drosophila melanogaster) y lo que han encontrado es un mecanismo molecular directamente implicado en la reacción del cerebro a la gratificación o su ausencia. Los machos del ensayo de laboratorio, cuando son rechazados por las hembras, se dan al alcohol, mientras que los  sexualmente satisfechos, se abstienen. »

…..

«En el experimento se forman dos grupos moscas macho para ser sometidas a dos experiencias sexuales distintas, explican los científicos. Unos machos pasan sesiones de una hora de duración de rechazo por parte de hembras que ya se han apareado, tres veces al día durante cuatro días. “Esto suprime el comportamiento de cortejo de los machos incluso ante hembras receptivas”, escriben Shohat-Ophir y sus colegas en su artículo. Los del otro grupo “experimentan sesiones de seis horas de apareamiento con múltiples hembras vírgenes receptivas, en una proporción de uno a cinco, durante cuatro días”. En el siguiente paso, los machos no satisfechos sexualmente se ponen en un nuevo recipiente en el que pueden elegir entre alimento normal y alimento al que se ha añadido un 15% de alcohol, y esas moscas que no se han podido aparear eligen preferentemente el segundo, mientras que los machos satisfechos, ante la misma elección, rechazan el alimento con etanol. «.

Y de ello deducen que «tal vez sea una pista para, en el futuro, poder tratar mediante este mecanismo los problemas de las adicciones.»

Y tú podrías pensar que si esa es la forma de acabar con el alcoholismo pues que te vas a declarar «alcohólico total»: .»sesiones de seis horas de apareamiento con múltiples hembras vírgenes receptivas».

Pero no: «Según han descubierto, una pequeña molécula (denominada neuropéptido F) en el cerebro de las moscas, o más bien el nivel de esas moléculas, gobierna las diferentes conductas. El neuropéptido en cuestión es un regulador de la búsqueda de gratificación. Así, los machos que logran aparearse con éxito tienen gran cantidad de esa molécula en el cerebro, mientras que los rechazados tienen niveles inferiores y buscan una gratificación alternativa consumiendo alcohol hasta la intoxicación. » Y de ello deducen que » Cuando aumenta la producción de esa molécula en el cerebro de machos que no se han apareado, actúan como si estuvieran satisfechos sexualmente y rechazan voluntariamente el alcohol». O sea que no te van a dejar fornicar libremente sino que te van a hacer como una mosca trasgénica y modificar ese neuropéptido.

Pero lo mejor sería la aplicación de lo que también han descubierto: «cuando el nivel del neuropéptido es bajo, los machos, aunque estén satisfechos sexualmente, actúan como si hubieran sido rechazados por las hembras y se dan a la bebida». O sea sexo y alcohol. ¡Cuánto saben los científicos de la University of California, San Francisco (UCSF) !

¡Y más las moscas!

Los humanos y el amor. 

Marisa me dice en una ocasión: «El cariño se hace por el trote». Yo siempre había oído lo del “trato” pero pensé que tenía razón y también el “trote” une a las parejas. Y sin neuropéptidos.