32. Final, primera.

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Johan leyendo un libro de rezos en arameoReleer.
Estos días releo las crónicas de mi viaje anterior por estas ciudades, pues al haber cambiado a última hora el viaje a Japón por éste a Turquía había cosas que no me había preparado.
Es la primera vez que lo hago, lo de releer lo escrito al cabo del tiempo.
De la mayoría de las cosas no me acordaba. Debe ser un problema neurológico o quizás de lo que en la prehistoria de la informática llamábamos “vaciar el buffer”. Os lo explico: trabajábamos con ordenadores con una memoria ridícula. Vaya, ridícula vista desde ahora. Porque recuerdo haber hecho aplicaciones para ordenadores con 12 K. Sí 12 K. No megas, ni gigas: Kas. Y claro, tenías que hacer malabarismos para que aquello funcionase. Entonces tenías un trocito de memoria donde ibas guardando información y como aquello se llenaba enseguida tenías que vaciarlo en otro sitio de donde pudieses recuperarlo en la siguiente operación.
Pues yo creo que lo que me pasa –además del lógico deterioro mental-, es que cuando escribo estas crónicas vacío ese espacio de mi memoria y lo dejo libre para próximas informaciones y vivencias. Y ahora me percato de que no me acuerdo de nada y lo leo como si le hubiese sucedido a otra persona y eso que no son ficción, que todo son cosas que me han ocurrido a mí.
Y otra cosa que descubro al leer “Turquía 2006” y “Turquía 2007” es la gente que me leía y el cariño que me mostraban en los comentarios. Y ahora ya no me leen ni mis hijos. Y mis nietos son todavía demasiado pequeños.

Infiel.
En mis escritos a veces utilizo este término, “infiel”, y pensé que quizás lo hacía indebidamente.
El DRAE dice: “Que no profesa la fe considerada como verdadera”.
Por lo tanto sí que lo utilizo de forma correcta y además me he percatado que soy infiel de todas las religiones.
Johan leyendo un libro de rezos en arameoLos policías televisivos turcos.
Muchas noches cuando escribo el borrador de estas crónicas las escribo en el salón del hotel, a veces en el hall, y aunque suele estar vacío, o casi, siempre hay una televisión en marcha. Y dado el poder hipnótico de ese electrodoméstico –casi tanto como una lavadora cuando centrifuga- a veces le echo un vistazo al programa que emiten.
Por alguna razón que desconozco, a los turcos y sobre todo a los recepcionistas que son quienes controlan el mando del aparato, les gustan mucho las series turcas de policías turcos. Pues bien, me he percatado que siempre hay un par de policías chicas, de buen ver, un policía guapo pero algo atormentado y con aspecto un poco descuidado (algo así como un recién divorciado que lo lleva mal) y el resto suelen ser de aspecto patibulario como los malos –éstos todos patibularios-, de forma que resulta muy difícil saber quienes son los buenos y los malos, excepto cuando se dan golpes porque aquí solo dan caña los policías. Pero caña, caña. Y además no en una pelea normal sino cuando los tienen en la comisaría: les interrogan y les sacuden. Normalmente una mano de hostias y luego patadas. Pero aquí nadie se inmuta por la violencia (televisiva) policial.
Yo me quedé bastante asustado.

Observación lingüística.
Al escribir las palabras en turco no sé qué grafía utilizar. Me explico: el turco además de todas nuestras vocales y consonantes tienen varios signos diacríticos que no tienen semejante en castellano o que no existen en ese lugar. De los primeros tenemos una especie de sombrerete que hay a veces encima de la letra ge y que la transforma a ésta en una letra muda. De los segundos tenemos la diéresis que no solamente se pone encima de la letra u sino también de la o, y en este caso no la puedo escribir con mi teclado. (No me digas que busque la correspondencia ASCII porque eso lo hago con la eñe cuando estoy por el mundo pero mi fervor no llega a buscar y utilizar el resto de caracteres “raros”). Así “Divriği” tiene la ge con ese sombrerete y se pronuncia “Divrii”. Y luego están las letras con cedilla como la ce que gracias al catalán sí que la tenemos en nuestros teclados, pero no la ese que sí se utiliza mucho en turco pero que yo no puedo escribir. Y aquí viene mi duda: ¿escribo “pachá” o “paşa” que se escribe con esa ese con cedilla? En este caso es fácil pues la palabra existe con la primera grafía en castellano pero qué hacer con un nombre propio como “Şehzade”? ¿Y qué hacer con la famosa i sin punto, que tantos problemas me da cuando escribo en Turquía, y cuyo sonido es como una e?

Restorasyon.
Visto la gran cantidad de edificios y otros monumentos que hay en Turquía en proceso de restauración me pregunto si no obedecerá a una especie de “Plan Zapatero” turco para mitigar el paro. Si vuelvo lo comprobaré pues he aprendido que “zapatero” se dice “ayakkabıcı”, con las íes sin punto. Claro que en realidad debería haberse llamado “Plan Rodriguez” y eso en turco es más fácil: “Planı Rodriguez”.

Sobre la estética municipal.
Algunas ciudades turcas además del inevitable monumento a Atatürk, tienen algunos de los monumentos más feos que he visto en mi vida. Recuerdo con horror uno que hay al salir de Urfa. Imagino que estaba dedicado a la granada, pues había una de esas frutas grande, grande, sobre un pedestal y abierta en cuatro trozos. Y digo que “imagino” a pesar de lo obvio del homenaje, porque a la fruta la flanqueaban cuatro grandes delfines en posición vertical. Horrible.
En España solo recuerdo un gusto semejante en el antiguo alcalde de Madrid, Sr. Alvarez, y otro de Barcelona, quizás el Sr. Porcioles, quien salpicó algunos puntos del centro con unos animales horribles, que no sé si seguirán allí.

Los políticos.
En España criticamos la dedicación empresarial de algunos de nuestros ex-presidentes.
En este viaje he leído a qué dedica sus energías y su tiempo (tendría que decir “sus tiempos” por lo que le cunden) el Sr. Blair.
La lista: enviado especial del Cuarteto para Oriente Próximo, una fundación para el deporte infantil, una iniciativa para el buen gobierno de algunos países de Africa, asesoramiento para el cambio climático, la Fundación Tony Blair para la Fe, “Tony Blair Associates” (TBA), y encima va escribir sus memorias. Y por supuesto da conferencias a 100 mil dólares cada una. Pero la parte gorda le viene de asesorar a grandes empresas y gobiernos. Total unos 6 millones de euros al año.
¿Te parecía mucho lo que ganaba el Sr. González? ¿No sabías de dónde sacaba el tiempo el Sr. Aznar para dirigir FAES, trabajar para Mr. Murdoch y darle coscorrones al Sr. Rajoy?
Es que cuando nosotros vamos los británicos ya vuelven. Siempre.

Las alineaciones.
De fútbol, por supuesto, ¿de qué van a ser si no?
Me he percatado que cuando me sueltan una retahíla de nombres y apellidos españoles o parecidos (como el famoso Kaca que en España se lo hubiese cambiado en la escuela primaria) siempre pienso que son futbolistas y me sorprende lo que saben del circo español (menos en mi pueblo que el circo son las carreras de motos). Ahora pensándolo mejor me doy cuenta que dada mi ignorancia en el tema me pueden estar recitando los nombres del equipo de waterpolo del Ploms de Reus y yo creer que son los del Levante CF.

Nueva patología.
En mi crónica 19 de Diyarbakir escribí sobre el comportamiento de un cliente del hotel que no encontraba su teléfono celular. Y ahora me entero que es algo que tiene que ver con una patología ya descrita: “la ansiedad de no estar localizable”. Como seguro que eres uno que la padece te recomiendo este artículo de Fernando Trías de Bes.
Te adelanto que yo tengo la solución y que además nunca la he padecido.

El trabajo infantil.
Hay bastantes niños trabajando, sobre todo adolescentes de 12 a 16 años. No sé si también trabajarán en procesos fabriles o artesanos, que no creo y que además no los ves, pero sí en el mundo de los servicios y sobre todo en trabajos callejeros.
Es algo que, imagino, Turquía tendrá que afrontar si entran en la UE, aunque si se lo toman tan en serio como la prohibición de fumar…

Prohibido fumar.
Cuando estaba en Bitlis esperando el autobús que iba a llevarnos a Midyat, al lado de la oficina de viajes había una tetería y debajo de una gran cartel de prohibido fumar, “Sigara içilmez”, había dos ciudadanos tomando té y fumando sin parar. En este país se fuma mucho y se respeta poco la regla de la prohibición. Claro que ese día leí en el periódico digital que Sabina había hecho lo mismo en Uruguay y que eso le puede costar al hotel donde ocurrió la transgresión siete mil euros.
A mí me suele pasar que a veces confundo la obra de algunos artistas con su vida y entonces me parece que como me gusta su obra, también me debería gustar como son.
Mi primera decepción fue con Cela, hace muchos años, y la última, ésta, con Sabina. Y no por el hecho de fumar sino por la prepotencia con la que se comportó, como si alguien puede quebrantar una regla de conducta solo por ser quien es.

¿Qué quedará de este blog?
El color del paso del tiempo
Seguramente nada. Aunque eso no depende solo del mismo texto sino de los enlaces y citaciones que de él puedan hacerse, además de la neuronas del querido lector pero que también tienen una duración limitada. Pero es que así ha sido siempre.
Una vez leí la introducción de un libro sobre poetas líricos griegos y que estaba traducido entre otros por Menéndez Pelayo, nada menos, pero del que en la memoria colectiva solo queda su nombre en una calle de algunas ciudades y una parada de metro en Madrid. Pues bien, en ese texto se explicaba cómo se habían conservado esos poemas a lo largo de los siglos. Decía más o menos que era un caso fortuito de que le hubiese gustado a un compilador o de que un gramático lo hubiera citado para apoyar una regla sintáctica. O sea que tú eres Baquílides, a quien se consideraba nada menos que a la altura de Píndaro, y lo poco que queda de ti es porque un poema tuyo fue un ejemplo gramatical.

Mañana “Final, segunda parte.”

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Una respuesta to “32. Final, primera.”

  1. otra Marisa Says:

    Te seguimos leyendo, te seguimos queriendo, lo que pasa es que no siempre lo decimos, pero sigue siendo una maravilla viajar con vosotros.

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