31. De Estambul a Madrid.

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17 de abril del 2011.
Definitivamente esto se acaba. Y también estas crónicas que tendrán las habituales notas finales con mis pensamientos sobre el viaje, la vida y la muerte.
Hoy vuelve a amanecer nublado y además fresco, aunque como regresamos ya no me he preocupado de mirar la previsión meteorológica. Sí que he visto lo que nos espera en España: o mejor, no lo he visto. Resulta que en este hotel se ve TVE 24 Horas y la Internacional con los telediarios y parece que la previsión para la Semana Santa, que empieza hoy, no es muy buena y los “hombres y mujeres del tiempo” tienen miedo a publicarlo, quizás porque hace años hicieron unas previsiones muy malas y no se cumplieron y las organizaciones hosteleras se les echaron encima. Y ahora no se atreven y solo dan lo más inmediato. E incluso me parece que dulcificado.
Una desventaja de ver nuestra TVE es que vuelves a encontrarte con nuestros políticos “en campaña”. Bueno, algunos desde que pierden “entran en en campaña” y son agotadores. ¿Es que sus consejeros no se los dicen?
Y también me he enterado que hay un futbolista que se llama “Manolito”. Así, sin apellido. No sé si será bueno y famoso pero me he quedado con su nombre porque seguro que en mi próximo viaje a Turquía me preguntan por él.
Empezamos las despedidas con la del desayuno, que en este hotel ha sido muy bueno aunque no hayamos tenido las vistas que teníamos en el que acostumbrábamos a venir en los viajes anteriores. En este había unas bonitas vistas sobre el mar de Mármara pero la meteorología nos ha sido adversa.Desayuno
La segunda despedida ha sido de la habitación: muy mala. Además de que estaba en la planta semisótano con un ventanuco, para acabar de estropearla la taza del retrete está a una altura increíble: a unos 80 cm del suelo; o sea que cuando te sientas estás con los pies en el aire. Me he olvidado de preguntar el motivo. En realidad lo que nos ha pasado es que hemos estado tres días en una habitación normal pero para esta noche no había libre más que la oscura. Desde luego otra vez buscaré otra alternativa: mi consejo es que no aceptes y busques otra opción aunque hoy por ser la primera noche de las vacaciones de Pascua la cosa está complicada.
Una ventaja de este hotel (y quizás de otros): puedes pagar en una mezcla de euros y liras y así te puedes desprender de todo tu dinero turco. En el no-turístico este de Turquía los precios de las habitaciones te los dan siempre en liras pero en Estambul acostumbran a hacerlo en euros.
Iglesia de la Santa Sabiduría de Dios (Santa Sofía)
Llegamos al aeropuerto y para entrar en él ya pasas un control de equipajes. Hace años en este control me hicieron deshacer una mochila cuidadosamente organizada pues vieron a través de los rayos un objeto metálico sospechoso pues aunque era de ferretería pensaron que podía ser una antigüedad, cosa que entonces vigilaban mucho. Pues hoy me vuelven a llevar el equipaje hacia adelante y atrás de la cinta transportadora y al final me hacen abrir la bolsa donde había metido el reloj. ¿Qué les debía parecer? Claro que es un reloj estupendo (del que hablo en todos los viajes), pero no he comprendido el motivo de la alarma.
De todas maneras la mejor estampa del día era un grupo de media docena de policías que cacheaba a otro grupo similar también de policías, situados todos al lado del primer control. Primero parecía que fuera como en las pelis: “asuntos internos” (femeninos) investiga a un grupo de agentes (femeninos, que estamos en un país musulmán). Pero como me han tenido un ratito por lo del reloj, he podido comprobar que estaban más bien confraternizando. Lo gracioso es que aquello tenía casi tintes lésbicos tanto tocarse y tocarse. Claro que si estaban de prácticas, que eso debía ser, imagino que sería algo así como “hemos escondido una navaja en el cuerpo de una de las “sospechosas” y hay que encontrarlo. Si pasa el control con la navaja todas suspendidas”. Pero lo dicho: mucho manoseo.
Información práctica: en la máquina de bebidas del aeropuerto un refresco en lata cuesta 5,75 TL y una botella de medio litro de agua 2,5. O sea carísimo. Como en todos los aeropuertos del mundo.
Embarcamos y nos dice el capitán que en 3 horas y 50 minutos estaremos en Madrid, que con la hora de diferencia serán 2,50. O sea que hoy vamos a vivir una hora más. ¡Qué importante podría ser una hora más de vida en ciertas circunstancias y que poco lo valoramos hoy!
Introducimos hoy una novedad que esperamos que sea una mejora: el mapa con el recorrido. Éste es el enlace al mapa de Google Maps con el recorrido.Una advertencia: en algunos navegadores puede tardar un poquito la carga del mapa.
Viaja cerca de nosotros una pareja joven muy elegantes ambos, con 4 niños, todos españoles aunque se expresan a veces en inglés: uno casi adolescente, un par de niñas pequeñas y otro niño más pequeño. Y una niñera asiática. La niña pequeña mayor, Natalia, 8 años, se sienta a mi lado. La pobre está muerta de sueño y se duerme al instante. Cuando se despierta charlo con ella. Es guapa e inteligente. Me explica que toca el piano y ha compuesto una obra titulada “Los monstruos están viniendo”. Echa en falta el jamón. Bonito dilema: que vivas en Ankara y que te guste mucho el jamón. Pero me dice que en Madrid le está esperando un gran bocadillo. Y viendo a su hermana preguntarme cosas, la otra pequeña, Ximena, también se lanza. ¡Qué niñas tan encantadoras!
Pelayo, el más pequeño, 3 años, al aterrizar define el avión primero como “anybody home” y luego como “everybody home”. ¡Increíble!
Y en el viaje una experiencia nueva, o mejor una excentricidad: cuando después de comer pasa la azafata preguntando si queremos té o café, el pasajero que está sentado detrás de mí le pide una mezcla de ambos. Que me parece tan increíble que le pregunto por señas a la azafata y me dice que sí. Le digo que es la primera vez que veo algo así y ella, con una sonrisa cómplice, me dice que también es la primera vez para ella.
Y con un cielo nublado y sin grandes vistas llegamos a Madrid en un Domingo de Ramos donde como siempre nos espera nuestro hijo.
Hemos pasado del casi invierno de Estambul al casi verano de Madrid.

PD.
Pamuk en su libro sobre Estambul escribe acerca del viaje de Flaubert a esta ciudad de la que dijo: “ En Estambul uno debería quedarse seis meses”. Pero Flaubert se queda solo cinco semanas. Así que, contando todos mis viajes, he estado más tiempo que él y además sin ninguna ETS como Flaubert: “Je soupçonne une Maronite de m’avoir fait ce cadeau, mais c’est peut-être une petite Turque. Est-ce la Turque ou la Chrétienne, qui des deux ?”. Es lo que se llama “el dilema flaubertiano”.
Y no lo traduzco por si me lee la pequeña Natalia.
Mañana la crónica final.
20110417

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3 comentarios to “31. De Estambul a Madrid.”

  1. otra Marisa Says:

    Se agradece, e impresiona, el mapa del recorrido.

  2. Carmen Says:

    Yo también alabo la inclusión del mapa con la ruta y las fechas del viaje.

  3. Al de Turquía Says:

    Muchas gracias, es que vamos aprendiendo esto de la internet.

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