29.Estambul, tercer día.

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15 de abril del 2011.
Pues el pronóstico meteorológico se ha cumplido: al final con sol y un día estupendo. Así que vamos a dedicar la mañana a ver un parque donde nos han dicho que hay tulipanes: Emirgan. Se coge el tranvía hasta el final al lado del Bósforo y luego un autobús que sigue por la orilla europea de este estrecho. Solo el recorrido en autobús ya merece la pena.
Encontramos una construcción en reparación camino del parque en una zona ajardinada: el consulado de Somalia. Eso parecía algo raro, raro. No solo por el país sino por el lugar donde estaba ubicada. Me hubiese encantado investigar sobre ese edificio.
Llegamos al parque y hay bastante control en la entrada pues pueden entrar coches, pero nos parece algo fuera de lo normal. Y una vez allí dentro todavía más fuera de lo normal. Pero muy, muy fuera: miles de tulipanes. En tu vida has visto nada igual. Como dicen los niños: “te lo prometo”. ¿Cuántos tulipanes crees que hay allí plantados? “1. 720.000 tulipanes de 112 especies diferentes”. Sí, lo has leído bien: “un millón setecientos veinte mil”.
Parque Emirgan. Festival del tulipán de Estambul.A pesar de lo espectacular no parece que haya demasiada gente hasta que llegamos a la cima de la suave colina que forma el parque: bastante personal pero además hay también una especie de buffet libre. Y entonces llegan algúnos coches que parecen oficiales y 30 ó 40 cámaras de televisión. Le pregunto a uno de ellos: es el alcalde de Estambul. O sea una personalidad. Hay discursos y al final sacan una tarta enorme de la que los más importantes se comen un trocito y luego el populacho, entre ellos Marisa y yo, acaban con el resto. Yo creía que estas tartas tan espectaculares eran puro bizcocho y crema de supermercado pero ésta era buenísima, claro que era la misma de la que había comido nada menos que Mr. Kadir Topbas, que por cierto es del mismo partido que Mr. Recep Tayyip Erdogan, el AKP, el que tiene una bombilla como logo.
Parque Emirgan. Festival del tulipán de Estambul
Por allí había artistas sentados pintando cuadros de tulipanes. Parecía como un concurso de pintura al aire libre. Entre todos hubo dos que me sorprendieron: un joven que estaba pintando unos tulipanes con unas gafas de sol de cristales verdes oscuros. Lo curioso es que lo que pintaba no era de ese color aunque lo que veía debía ser todo verde. Otro fue uno que pintaba sobre el agua. Este tenía un gran éxito popular y desde luego lo que hacía era muy bonito y muy extraño.
Parque Emirgan. Festival del tulipán de EstambulY todo el parque con sus tulipanes una maravilla. Fue una preciosa mañana.
Al regresar al centro no fuimos a Taksim: otro mundo; otra Turquía. Si alguien que viene a este país va directo de la otogar de Estambul a Erzurum, como hemos hecho nosotros en este viaje, y luego recala aquí no se puede creer que no haya atravesado una frontera no solo de un país vecino, sino de otro sitio mucho más lejano. Esta zona es como estar en Barcelona, por ejemplo. Pero sin negros, que en Turquía no los hay.
Visitamos una exposición de fotografías en el Instituto Francés, en la famosa calle Istiklal. Un lugar que parece un trocito de Francia, pero eso es normal. Además ésa es la zona con mayor influencia francesa. Así en la confitería que siempre visito, y donde vamos a continuación, hablan un perfecto francés pero muy poquito inglés. Nos dan a probar un mazapán fuera de serie pero me parece una traición comprar ese producto en este país. Allí nos aprovisionamos de los mejores “lokum” y de alguna memorable mermelada. En la misma calle algunas tiendas venden mojamas y otras maravillas marinas desecadas. Y por allí deambulan señores mayores muy elegantes que podrían estar en cualquier ciudad europea si no fuese por su aspecto ligeramente demodé.
La calle Istiklal es un hervidero de gente y nadie diría aquí que es viernes por la tarde en un país musulmán. Por el centro de la calle sigue circulando el tranvía que creo que se ha transformado en una atracción turística pero no creo que nadie lo coja como medio de transporte. Además es muy agradable pasear por allí.
Volvemos a nuestro barrio e intentamos entrar en la mezquita azul: es el momento del rezo y está prohibido para los infieles.
Mezquita azulCuando los curas musulmanes ponen en marcha la megafonía para recordar que hay que ir a rezar se produce una algarabía impresionante. En aquel momento me viene a la mente un dicho popular: “el que más chifla capador”. Y también en el daño que le ha hecho esa tecnología al libre pensamiento pues si tuviesen que hacerlo a pulmón libre y desde lo alto del minarete seguro que eran más moderados y quizás no subían todos los días y cinco veces al día. Y esto es más sorprendente cuando piensas que las religiones en general (y algunas en particular) están en contra de todos los adelantos tecnológicos y científicos.
Mañana nuestro último día en esta ciudad maravillosa y sorprendente.

Enlace al álbum de las fotografías del día.

20110415

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