28.Estambul, segundo día.

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17 de abril del 2011.
Al levantarnos el cielo de Estambul está todo nublado y a punto de llover. ¡Otra vez!
Uno de los inconvenientes de este hotel es que podemos ver la televisión española y me vuelvo a encontrar con la vida política nacional. Quizás la turca sea igual o peor pero como no entiendes nada… Así vuelvo a ver al Sr. Rajoy que como prueba de que una actuación suya de hace unos años fue la correcta pone como argumento de autoridad unos papeles encontrados a ETA. En qué quedamos, ¿valen o no valen las declaraciones de ETA? Y luego el Sr. Más: su presencia física no muestra los signos de duda del anterior pero su incoherencia en el discurso es del mismo nivel. Hacen un plebiscito popular que no sirve para nada y vota a favor de la independencia de su región. Luego llevan la votación al parlamento regional y allí se abstiene, que dada la correlación de fuerzas era como votar en contra. Y la misma pregunta que antes: en qué quedamos, ¿somos independentistas o no?
¡Qué fácil que estos dos líderes se hagan amigos!
Pero en Estambul llueve ligeramente y nos vamos a ver unas mezquitas pero aquello se complica y cambiamos el rumbo (¡como los políticos!) y decidimos meternos en el Museo de Artes Turcas e Islámicas, “Türk ve Islam Eserleri Müzesi”, un museo muy bien situado pero muy poco visitado. Menos hoy: debe haber más gente que entre todo el año. Seguro que los vigilantes cuando lleguen a casa le dirán a su mujer: “Eş (esposa en turco) me voy al hamam que estoy agotado”.
Este museo tiene una concepción más moderna que otros pues en lugar de optar por el amontonamiento de las piezas lo ha hecho por su selección y clara exposición. Y con mucha información y paneles explicativos.
Alfombra de Azrebaiyán. Siglo XVIII. . Museo de las Artes Turcas e Islámicas
Hay una muy buena selección de alfombras y allí descubro un par de cosas muy interesantes y sorprendentes. Hay un tipo de alfombras otomanas llamadas tipo “Holbein”. ¿Las hizo ese señor de nombre tan poco otomano? Pues no. Entonces quizás las diseñó él. Pues tampoco. ¿Fue él quien las introdujo en el comercio europeo? Que no. Resulta que este “Holbein” de las alfombras es nada menos que “Hans Holbein el Joven” y que pintó el cuadro llamado “Retrato del comerciante Gizce” y allí aparece una alfombra con ese diseño. Así que luego no me sorprende que otro tipo de alfombras lo llamen “Lotto” y que sea por otro cuadro de Lorenzo Lotto.
Y como en cualquier museo donde haya “arte islámico” en Turquía aquí también hay bellos ejemplares de “tugrasi”. Esos caligramas con el nombre del sultán. Recordé la pequeña y amable discusión con un turco en una tumba de Mardin sobre el cambio del alfabeto árabe al latino que impuso Atatürk: efectivamente esos “tugraf” son bellísimos pero no hay Dios que los lea.
Caligrama. Museo de las Artes Turcas e Islámicas
Este museo está situado en un palacio precioso y una de sus maravillas es el patio con el jardín y las vistas sobre el Hipódromo, donde está situado.
Mezquita azul desde el Museo de las Artes Turcas e Islámicas
Pero hoy sigue lloviendo bastante y debes atravesar el patio a la carrera sin poder echarle más que un vistazo apresurado. Por cierto que este palacio tiene una historia curiosa. En mi viaje del 2007 en este post, el editor de ESE escribió sobre la vida de Roxelana, la mujer del sultán y como influyó en el desdichado Ibrahim.
Un resumen:
El pachá Ibrahim fue capturado por los turcos en Grecia siendo un niño, vendido como esclavo a la casa imperial trabajó allí como paje donde se hizo amiguito de Suleimán, entonces un niño como él. Cuando el príncipe se convirtió en sultán, Ibrahim tuvo varios cargos importantes hasta llegar a gran visir. Incluso le concedió (o como fuese la costumbre otomana) la mano de su hermana Hadice así como este gran palacio. Y así debería haber acabado la historieta: fueron felices y comieron perdices (“keklikler” en turco).
Pero llegaron las intrigas derivadas de la envidia, sobre todo de la bella Roxelana y la cosa acabó mal, fatal. El sultán lo estranguló. Parece que éste luego se arrepintió pero….

¿Y qué mejor que escribir estos borradores en una terraza frente al mar de Mármara mientras llueve, hace un día de perros y en el reproductor de música suenan las suites de violonchelo de Bach? Creo que ya lo he explicado pero yo esas suites y su intérprete, Lluis Claret, las descubrí gracias a García Márquez. En una entrevista (que no concedió) le preguntaron que qué se llevaría a una isla desierta. Contestó que la Enciclopedia Británica y ese disco.
Esta noche hace fresquito en Estambul pero veo en el pronóstico que en Erzurum harán 6 bajo cero. Resulta que el recepcionista del hotel hizo la mili en esa ciudad y aprovecho para hablar con él del servicio militar que en Turquía es obligatorio: 18 meses que en el caso de los universitarios se reduce a 6, que es los que hizo él. También me entero de que te puede tocar no solo en el ejército sino también en la gendarmería, la “Jandarma”. Yo creía que esos, como la guardia civil, eran profesionales y resulta que no. O sea que más cuidado todavía con ellos.
Fiesta de la policía en Sivas
Información práctica sobre los transportes en Estambul.
Aquí puedes coger autobuses urbanos, tranvía (solo hay uno), metro (uno y medio) y transbordadores. Antes había casetas donde te vendían lo billetes pero ahora, yo por lo menos, no he encontrado ninguna. Debes sacar el billete (Jetton) en máquinas y son bastante complicadas. Y es que todo el personal lleva unos artilugios que se llaman “akbil”. Es como una pila de esas del tamaño de un euro pero doble gruesa. En definitiva es un monedero electrónico que recargas y utilizas para los transportes urbanos. Pero a pesar de algunas informaciones que dicen que sí, el “akbil” ya no se vende. Lo han sustituido por unas tarjetas, “Istanbulcard”, que hacen la misma función. El problema es que hay bastantes sitios donde recargar las tarjetas, normalmente quioscos de prensa que se caracterizan porque tienen una cola de gente precisamente comprando la recarga, pero muy pocos donde te venden las tarjetas. Lo más práctico es preguntar en una de ellas. Como serás un turista normal estarás cerca de Cemberlitas, pues en la acera opuesta a la columna hay un quiosco que las venden. Por cierto que las tarjetas tienen una especie de exoesqueleto de plástico que no hay que quitar. Aunque tardas bastantes viajes en amortizarla es tan cómoda que merece la pena comprarla y más si vas más de uno pues no es personal.
Esperemos que mañana, como asegura el pronóstico meteorológico, no llueva.
Enlace al álbum de las fotografías del día
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20110414

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