27. Estambul, primer día.

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13 de abril del 2011.
Llegamos a la gran “otogar” de Estambul y allí nos coge un “servis” que nos lleva hasta una parada de tranvía; diríamos que “nos acerca al centro”.
Nota explicativa: los “servis” son servicios de las compañías de transporte que te llevan desde la “otogar” al centro de la ciudad, generalmente a la oficina principal de esa compañía o en el caso de Estambul a alguna parada de tranvía pues el metro está en la misma “otogar”. Y por supuesto al revés. Los prestan con furgonetas o pequeños autobuses y son gratuitos.
Con el tranvía llegamos hasta la parada de Sultanahmet, centro turístico de la ciudad no solamente por tener la mayor concentración de los principales monumentos, sino también la mayor concentración de los hoteles del tipo del que nos solemos alojar.
Siempre hemos ido al mismo hotel pero este año hemos decidido probar en otro. En las ciudades que me gustan y a las que regreso, intento buscar un hotel de referencia donde me encuentre tan a gusto que vuelva allí cada vez. Y el de siempre no lo era. No nos gustaba mucho pero tenía una terraza para tomar el desayuno que daba directamente sobre los tejados de la Mezquita Azul y yo creo que abusaban de esta circunstancia. Así que hemos cambiado. El nuevo dice en su web que está a 10 minutos andando desde Sultanahmet. Pues puede que sea verdad pero eso será cuando conoces el camino pues en esta primera ocasión me ha tocado preguntar bastantes veces y dar alguna vuelta. Pero el hotel tiene encanto y muy buena pinta. Y la habitación está muy bien, el problema es que el último día, ya con vacaciones escolares en muchos países de Europa, o sea el sábado anterior al domingo de Ramos, ya solo tenían libre una habitación en la planta baja pero como lo buscamos todo al final, la cosa está bastante difícil en todos los hoteles que he investigado.
Y ya estamos de turistas en Estambul encontrándonos en una Turquía que no tiene nada que ver no ya con el extremo oriente, como Erzurum, sino ni tan siquiera con la más próxima Amasya: está llena de turistas. Pero llena, llena. Y también de tulipanes. Los jardines alrededor de Sultanahmet son una maravilla y es que en este mes de abril se celebra el festival del tulipán, que es la flor nacional. En mi viaje del 2006 hubo una explicación del editor sobre el nombre de esta flor y un ingenioso comentario de un lector del que deducía por una especie de silogismo que la margarina se llamaría ahora “Lale” si no hubiese mediado la equivocación de un embajador occidental.
Tulipanes y pensamientos
Voy a la oficina de información turística, es verdad que con muy poca esperanza, y me vuelvo a encontrar a un empleado no tan borde como el de otros años pero con una indolencia que suplía su falta de bordez: ¡qué diferencia con el de Van! ¿Es que las autoridades turísticas estambulíes no quieren promocionar el turismo de tanto que tienen? O mejor, quizás lo quieran espantar. O es que solo son bienvenidos los grupos y los cruceros. Que esos no necesitan preguntar nada. Lo dicho: bordes, indolentes e inútiles.
Decidimos visitar unas cuantas mezquitas que están situadas al oeste y norte del Gran Bazar. Empezamos por la más alejada la de Fatih, la mezquita del Conquistador. Fue la primera gran mezquita construida en Estambul y es que la hizo levantar Mehmet en 1470, que es conocido en la historia turca como “el Conquistador”,Fatih, pues tomó Constantinopla en 1453. Y está enterrado allí. Pero como media Turquía está en restauración. Eso sí, el edificio es impresionante. Y como la guía advierte que el miércoles, o sea hoy, se celebra el mejor mercado a cielo abierto de la ciudad en las proximidades de la mezquita nos vamos a dar una vuelta. Pero aunque sea el más importante es un mercado más para comprar que para ver por lo menos en lo que hemos paseado nosotros, pues es enorme.
Mercado de los miércoles de Fatih
Camino de la próxima mezquita pasamos por el acueducto de Valens, Bozdoğan Kemeri. Construido durante el corto reinado del emperador Flavius Julius Valens fue una obra notable del suministro de agua a la ciudad. Un sistema con más de 400 kilómetros de canales, 30 puentes y 100 cisternas por toda la ciudad. Así que no pienses en comparaciones patrias. Que no hay nada como viajar. Lo que ocurre que los restos, que todavía son impresionantes, están incluidos entres las calles y edificios de la ciudad moderna. Y los turistas lo solemos ver únicamente al paso de un autobús. Una obra impresionante.
La siguiente parada la mezquita del Príncipe Mehmet, Şehzade Mehmet Camii. Solo por su historia merece la pena acercarse a visitarla: fue ordenada su construcción por Soleimán el Magnífico a Sinán en memoria de su hijo Mehmet, muerto de viruela a los 22 años. Pues aunque parezca mentira no estaba en restauración, o mejor solo lo estaba en algunas partes de su exterior pero llegamos a la hora del rezo del mediodía y tuvimos que dejar la visita para otro momento aunque el patio era precioso.
Mezquita del Príncipe Mehmet.
Y así como hasta ahora no tenía un hotel de referencia sí tengo un pequeño restaurante al que acudo siempre que estoy por la zona de Sultanahmet. No tiene nada de especial solo que es tranquilo, comida normal y donde me tratan como a un cliente habitual (aunque solo vaya media docena de veces al año, el año en que viajo a Turquía). Y allí fuimos. Y no sólo se acuerdan de mí sino que hasta el camarero recordaba mi postre favorito: “kazan dibi”. Para mí era un postre dulce a base de leche. Marisa lo prueba y me pregunta que qué son unos hilillos como fibras muy delgaditas que hay en la masa. Ni idea. Le pregunto al camarero: pechuga de pollo. Pero me insiste que es pollo fresco, no congelado. Como si yo fuese capaz de distinguirlo y más en ese postre. Pero a mí me encanta.
Realmente este “restaurante de referencia” solo lo es para cuando estoy por Sultanahmet, que cuando estoy por Eminönü tengo otro.
Tras tomar posesión de la habitación del hotel, pues cuando llegamos era demasiado pronto, nos vamos a dar una vuelta por el cercano paseo marítimo. Paseo KennedyEs lo que se llama “calle Kennedy” y es un largo paseo que va junto al mar de Mármara y llega hasta Sirkeci. Si la meteorología acompaña es uno de los paseos más agradables que puedes darte en esta ciudad. Y como tú se pasean algunos turistas extranjeros y bastantes estambuliotas. Algunos pescan, otros “festejan” pero sin achucharse, algunos corren o trotan y la mayoría paseamos sin más. Y de nuevo en ese paseo unas filas de tulipanes preciosas. En el lado contrario al mar restos de la antigua Constantinopla. De esos que te dejan atisbar lo importante y poderosa que debió ser esa ciudad. Y la pena que solo quede eso de ella. Claro que también queda el acueducto Valens y alguna cisterna y alguna iglesia y sobre todo Santa Sofía. Pero da pena.
Y así llegamos hasta la estación de tren de Sirkeci, ahora apenas una estación de cercanías, que por lo menos cuando fuimos nosotros casi no tenía movimiento. Es un edificio de finales de XIX donde finalizaba el famoso “Orient Express”. Pregunto por los horarios desde Estambul a Kars para un posible próximo viaje y me dicen un descorazonador “tarda 36 horas”.
De allí vamos a Eminönü, el famoso paseo al lado del puente Gálata desde donde salen muchos de los transbordadores que van al otro lado del “Cuerno Dorado” o a la orilla asiática de Estambul. Aquello es un hervidero de gente y no solo despreocupados turistas sino del personal que vuelve a su casa después del trabajo.Bocadillos de pescado en Eminönü Y en aquel paseo me vuelvo a encontrar a señoras con el niqab. Y pienso en el intento del alcalde de Lérida de prohibir su uso en dependencias municipales hace un año y de cómo el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ha suspendido el acuerdo. Ya sé que me repito pero no logro entender a los que defienden esa prenda o el burka desde posiciones de libertad de la mujer. A mí me producen un rechazo visceral. Que no puedo. Sobre todo cuando el marido va delante o a su lado vestido como tú o como yo.
En la zona de Eminönü había un local de los que se llaman “Simit algo” donde hay “simit”, “rosquillas”, por supuesto, y algunas pastas dulces y saladas y té y café. Este lugar para mí era de referencia pues por lo que te costaba ir a un lavabo (también se dice así en turco) público allí podías además tomarte un té. Pues ha desaparecido “tragado” por una hamburguesería de franquicia.
Este hotel como muchos en Turquía tiene “barra libre” de té e infusiones que en este caso se materializa en una máquina de agua caliente y sobrecitos diversos. Me tomo una infusión nueva para mí: “ıhlamur” en turco y “linden tea” en inglés. Luego descubro que es la humilde “tila”. Ha perdido todo el encanto de lo desconocido.
PD
Lord Byron cuando estuvo en Estambul escribió: “…de Constantinopla ha leído usted, por supuesto, cincuenta descripciones a cargo de diferentes viajeros, que en general son tan correctas que nada tengo que añadir yo al asunto”.

Enlace al álbum de las fotografías del día.
20110413

Una respuesta to “27. Estambul, primer día.”

  1. Carmen Says:

    Mudo se habría quedado Lord Byron ante las fotos de Marisa.
    Ver unas flores tan cuidadas en un espacio público, llena mis ojos de lágrimas, recordando como era el parque de El Retiro en mi infancia, más 50 años ha, y en qué lo han convertido nuestro alcalde y futuro ministro Gallardón y Botella la ilustre concejal de medio ambiente y futura alcaldesa de Madrid, ayudados de los ciudadanos de esta ciudad que pretenden que lo público está ahí para que ellos puedan destrozarlo a su antojo.

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