26. De Amasya a Estambul.

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12 de abril del 2011.
Hoy vamos a dedicarlo a mezquitas y monumentos varios y aunque ayer tuvimos suerte en la visita matutina a las tumbas y luego acabó el día muy azul, hoy no pinta tan bien.
Comenzamos por el hospital mental, Darüşşifa o Bimarhane, que para unos ojos inexpertos como los míos parece selyúcida pero que en realidad es iljánida. ¿Quiénes eran estos señores (suponiendo que haya escrito bien la palabra)? Pues los sucesores de los mongoles de Genghis Kan que habían derrotado a los selyúcidas. Lo que debió ocurrir es que como eran gente poco versada en las artes fueron copiando las cosas de los lugares por donde pasaban. Pero lo dicho: yo no los distingo. Pues este precioso edificio se utiliza ahora para “exposiciones, conciertos y otros eventos”. Eso dice la guía porque con el tiempo que hace y como es un patio al aire libre no creo que hagan muchas cosas. Por lo menos ahora. Y allí estábamos viendo aquello cuando un amable y muy elegante señor nos dijo (o nos debió decir) algo así como: “¿les gustaría ver una colección de instrumentos de música?”. Porque eso hizo: abrir una puerta y enseñarnos una habitación con las paredes llenas de instrumentos musicales.
InstrumentosTambién nos explicó que allí, en las seis sillas que había se daban clases de música. Vaya eso y más lo deduje de una fotografía que había en la pared donde un grupo de niños tocaba el violín. “¿Cuántos estudiantes hay?”. “Doscientos”. Pensé: “vaya trola”. Porque toda la conversación se desarrollaba por escrito y en plan jeroglífico egipcio pero allí había puesto “200” y no había error posible. Y cuando empezaba a calcular como se podían meter 200 alumnos en una habitación con seis sillas sin echar mano de la aritmética cuántica entonces nos enseñó otra habitación ya de tipo aula con 20 ó 30 sillas. Y también otra dedicada a la enseñanza de algo de los derviches pero no sé si de la música o del baile. Imagino que de la música porque el baile se debe aprender en cinco minutos. Y para acabar nos invitó a un té que encargó a uno que iba detrás de él todo el rato; debía ser un ordenanza. Y yo lo vi tan elegante y tan puesto que deduje que era el director del lugar, algo así como el “psiquiatra jefe iljánida”. Pues no, era solo el contable. Vaya es la traducción de “muhasebe”, contabilidad, que es el letrero que tenía en la puerta de su despacho. Acabamos la “conversación” con información familiar. Se alegró mucho al saber que éramos abuelos. Y eso que no conoce a mis nietos.
Allí estábamos muy a gusto pero teníamos que seguir nuestra vida de turistas a pesar del frío que hacía. Pasamos por delante de unos baños turcos antiguos y el señor de la puerta nos invita a entrar a verlos. Le digo que no, que solo vamos de visita pero él insiste y entramos a verlos. Lo más gracioso es que el señor era mudo. Dentro había otro que no lo era y nos dice que nos los enseña y que podemos estar los dos juntos aunque los baños tienen horas diferentes para hombres y mujeres pero que ahora están vacios. Y Marisa tiene la oportunidad única en su vida de poder fotografiar unos baños turcos: error. Un establecimiento así solo se puede fotografiar si está sin funcionar porque con aquel calor y aquella humedad las lentes de la cámara se cubren de vapor en cuanto entras. Le decimos que volveremos por la tarde, pero es que además de que queremos visitar más lugares si nos quedamos allí y con el frío que hace en la calle ya no saldremos en todo el día. De todas maneras es curioso que para captar clientes pongan un mudo en la calle.
Después llegamos al mezquita del pachá Mehmet, Mehmet Paşa Camii, otomana de finales del siglo XV pero que como no era la hora del rezo estaba cerrada. Seguimos el periplo y llegamos a la del pachá Beyazıt, Beyazıt Paşa Camii, de comienzos del siglo XV. También cerrada pero le pregunto a un fiel que pasa por allí que cuándo abre y nos coge y nos enseña una rareza arquitectónica: todos los arcos exteriores tienen la piedra que cierra el arco hacia abajo, la clave, pero hay uno que está invertida.
Mezquita del pachá Beyazıt. Clave invertida.
Me explico: siempre la clave tiene una forma troncocónica y está colocada con la base mayor en la parte superior, o sea, como invertida, y de esa manera la presión del resto del arco la sujeta. Pues aquí en uno de los arcos estaba al revés y parecía que la presión del arco debía empujarla hacia el suelo. Un misterio que si no llega a ser por aquel amable señor nos quedamos sin ver. Pero nos perdimos el interior.
Y por aquel lado no nos quedaba nada más por ver excepto la madraza del Agá Büyük, Büyük Ağa Medresesi, también de finales del siglo XV, pero de la que dice la guía que no se visita pues se utiliza todavía como seminario para chicos que quieren ser teólogos y que se aprenden el Corán de memoria, “hafiz”.
Madraza del Agá Büyük. Estudiante del Corán
Debe ser parecido a lo que hacen en España con las oposiciones a jueces y notarios. Como pensamos que aunque quizás solo por el exterior podría merecer la pena nos acercamos hasta allí. Efectivamente hay una gran puerta cerrada pero un jovencito que encontramos llama y nos dice que podemos entrar. Ha sido una de las visitas más alucinantes de todo el viaje. La estructura del edifico es la típica de las madrazas: un gran patio rodeado de pequeñas estancias y en una de ellas una pequeña mezquita. Pero todas las que habíamos visitado hasta ahora estaban sin uso o dedicadas a otros menesteres, pero ésta estaba llena de jovencitos estudiantes. Unos estaban sentados en el suelo leyendo el Corán y con movimientos rítmicos del tronco y otros charlando por el patio. Pero al vernos aquello cambió: solo querían estar con nosotros y preguntarnos de dónde éramos y como nos llamábamos. Y que les hiciésemos fotos. A todos. Imagino que cuando sean imanes y se vuelvan serios y adustos no querrán saber nada de fotografías pero aquello fue una locura. Yo imaginaba que en cualquier momento aparecería un venerable alfaquí que les gritaría y les haría volver a los rezos pero aquellos eran chavales de 13 a 18 años con ganas de juerga.
Y a Marisa le pasó como en el baño turco, que podrían haber sido las fotos más excepcionales de todo el viaje pero estuvo tan presionada para hacer fotos a todos que fue imposible.
Y la pregunta de rigor: ¿hay seminarios de niñas? No, a ellos ni se nos ocurrió hacérsela. Es más bien una pregunta retórica por si algún buen musulmán me lee. Y no vale decir que en el mundo católico no hay seminarios femeninos que eso ya lo sé. Que en la religión tampoco vale hacer lo de los políticos de “y tú más”.
Y otra pregunta: ¿hay gitanos en Turquía? En aquel barrio vimos a un grupo de tres mujeres que podrían serlo, pero fueron las primeras de todo el viaje.
De camino al restaurante para la comida pasamos por la mezquita plateada, Gümüşlü Cami, un edificio un poco gafe: construido en 1326, reconstruido en 1491 después de un terremoto, de nuevo en 1612 tras un incendio, de nuevo en 1688 y otra vez en 1903 y finalmente restaurada en 1988. No sé si yo rezaría muy tranquilo allí dentro. Pero tiene una cúpula muy especial.
Después de comer nos vamos a ver el minarete en espiral de la mezquita Burmalı, que así se llama la Burmalı Minare Camii. (Para los que habéis decidido aprender turco leyendo este blog: Burmalı es “retorcido” pero en arquitectura parece que es “espiral”). Pues es que tiene su minarete todo su exterior formando una espiral. ¡Qué mira que hay que ser un arquitecto de minaretes excéntrico! (Decir “retorcido” hubiese sido un mal chiste). Porque tiene que ser jodidamente difícil hacer los planos para una estructura así. Y encima nadie se acuerda de quien fue.
Nos metemos por un barrio antiguo y popular. Nada que ver con el que está al lado del río. Estas son casas hechas de adobe y maderos entrecruzados en sus fachadas y todo cubierto con una capa de yeso. Y cuando esa capa se cae deja toda la estructura al aire.

Nos encontramos con una abuela que habla alemán. Estuvo viviendo allí y sus 4 hijos siguen en Alemania. Incluso se han casado con alemanas. ¿Qué pensarán sus nietos cuando vengan aquí, a la casa de la abuela que, por supuesto, sigue llevando el pañuelo anatolio en la cabeza?
Vemos a otra abuela con un pañuelo blanco como el que llevaban las mujeres en Van. Le pregunto si es kurda. No me entiende pero parece que es que ha sido peregrina a La Meca. Yo sabía que cuando peregrinan, por lo menos los hombres, van todos de blanco, pero desconocía lo de las mujeres y el pañuelo. Necesito viajar con un semiólogo turco.
Nos vamos un rato a pasear y a ver al personal que también lo hace en la orilla sur del río Yeşilırmak .
Observaciones:
1) Los jóvenes varones llevan unos zapatos con unas punteras imposibles. Pienso que si yo llevase unos así parecería el payaso tonto del circo.
2) Los jóvenes varones llevan el pelo cortado a una moda casi tan horrible como las rastas. De la mitad de la cabeza hacia delante muy corto y peinado con flequillo. La otra mitad, la de detrás, con el pelo de punta de 3 a 6 cm. De esta manera logran que los poco agraciados sean horrorosos.
3) Como no era la canción de Los Bravos: “Los chicos con los chicos tiene que estar”. Ni un grupo mixto.
4) Como a los jóvenes españoles a éstos tampoco les gustan los paraguas. Porque se pone a llover, baja la temperatura y vuelve a hacer frío. Y de nuevo cae agua nieve.
Ya expliqué en este blog en mi viaje del 2007 que durante una época del imperio otomano el sultán enviaba a esta ciudad al heredero, como gobernador de Amasya, para que se espabilase. Pues bien, han colocado siete cabezotas de dichos herederos que después de haber pasado por aquí llegaron a ser sultanes y una lista, sin cabezota, de los cinco que no llegaron. Los siete fueron: Murad III, Selim I, Bayezid II, Mehmed II, Murad II, Mehmed I y Bayezid Yıldırım. (Leyendo esto ahora pienso que quizás no los he escrito en orden cronológico). No sé porqué todos tienen un ordinal menos el ultimo que lo de “Yıldırım” significa “relámpago” que parece más bien el nombre para un caballo, pero no para un hijo.
Leyendo las fechas en las que estuvieron aquí pienso que gobernar, gobernar, lo que se dice gobernar, no sé si lo harían pues Murad II, por ejemplo, nació en 1404 y fue gobernador de Amasya desde los 9 años hasta los 15.
Las inclemencias meteorológicas nos llevan a buscar refugio en el chocolate y el té. Y desde allí vemos como sigue lloviendo y nevando cuando de repente desaparece todo el cielo negro y aparece un cielo azul. Creo que es la primera vez que he visto algo así. Es como si esas nubes se hubiesen convertido en agua y nieve, pero toda la nube y no hubiese quedado ni rastro de ella. Claro que ha caído todo sobre Amasya.
Nos damos el último paseo por la orilla del río: la lluvia ha limpiado la atmósfera y ha quedado una luz preciosa.
Buscando un zapatero remendón (¡qué suerte que te ocurra algo en el calzado en un país como éste!) pasamos por una tienda de productos agrícolas y compramos un regalito para mi nieta (por favor, no preguntar en un comentario –que os conozco- que se puede comprar a una niña de menos de un año en un almacén así). Cuando estamos en el zapatero viene el señor de la tienda y nos regala tres dedalas de madera de las que servían (y parece que en este país todavía sirven) para protegerse los dedos cuando segaban con hoz. Extraño regalo y extraña reacción.
Vamos a internet donde nos enteramos que lo de Japón sigue todavía mal y luego a esperar el “servis” que nos llevará a la otogar. De allí a las 21:30 salimos para Estambul.
El autobús supermoderno, lujoso y con la mayor amplitud para las piernas de los que haya viajado. Y además la pantalla individual que lleva el respaldo de cada asiento funciona con todas sus opciones, como la música y ésta tiene para escoger piezas tan delicadas como las “Gymnopédie” de Satie.
Un letrero advierte que puedes ponerte el cinturón. Creo que nadie, excepto nosotros, lo utiliza. Una vez en un viaje nocturno en la India hubo un accidente y hubiese sido mejor llevarlo puesto.
En este autobús el azafato es joven y elegante (incluso lleva pajarita). Al poco de salir nos ofrece una pastita, un té y ya tienes toda la noche por delante. Paramos solo dos veces para el lavabo y estirar las piernas. Las dos estaciones de servicio impresionantes, la segunda con un gran centro comercial en construcción. Y no te fíes de la hora de llegada a Estambul pues cuando te parece que ya estás en tu destino se mete en los atascos y tardas bastante más en llegar.
Atraviesas el puente sobre el Bósforo y te encuentras el letrero de “Bienvenido a Europa”, gemelo del “Bienvenido a Asia”, cuando nos íbamos.
Pero al final llegas a la otogar y ya estás en Estambul de verdad.
Se está acabando el viaje.
Enlace al álbum de las fotografías del día.
20110412

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3 comentarios to “26. De Amasya a Estambul.”

  1. otra Marisa Says:

    Parece mentira ¡con lo listo que eres y lo que sabes! ¿no te has dado cuenta de que el conjunto de tres piezas que forman la clave tienen la base mayor hacia arriba? (W) ¿que la clave, en lugar de ser una única pieza son tres? O ¿es que quieres comprobar que leemos lo que escribes?
    Besos

  2. Otramarisa Says:

    Lo que doy por sentado es que esas tres son en realidad una porque van machihembradas.

  3. Al de Turquía Says:

    Tengo que consultarlo con mi arquitecto de cabecera (otomano).

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