35. De Kalimpong a Delhi, primera parte.

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Esta crónica podría llevar como subtítulo: “Y consejos de un viaje ferroviario”.

Tempranito llegamos a la estación de autobuses de Kalimpong. Es una plaza cuadrada donde en un lado están aparcados todos los jeeps y en otra todos los autobuses. Es una cosa increíble ver cómo pueden moverse con tan poco sitio y tan juntitos que están todos. Y también ver cómo van, como vamos,  tan apretaditos los pasajeros.

Es curioso que siendo una ciudad relativamente pequeña haya tantos mendigos, por lo menos en esta estación. Y no puedes ni mirarlos a la cara porque se te rompería el corazón.                                                 

Hemos tenido suerte porque nuestro “jeep” va medio vacío y ése es otro misterio de este país: cuando compramos el billete  anteayer  solo quedaban libres los tres asientos delanteros y hoy vamos solo la mitad.  Y por fortuna no va nadie más delante, así que vamos Marisa y yo con el chófer. Va a ser el recorrido más cómodo de todo el viaje.

Al salir de Kalimpong vemos muchas niñas uniformadas que van al colegio, parece que a pesar de ser sábado, aquí por lo menos,  tienen clase.

Al pasar por delante de una iglesia el chófer se santigua,  o algo semejante.  Le pregunto sorprendido si es cristiano pues lleva en el salpicadero la típica parafernalia budista (que por cierto suele ser mucho más discreta que la hindú) o sea Buda y la fotografía o pegatina del Dalai Lama siempre sonriente. Pues no, es budista. Me dice que es que Dios es el mismo para todos.  No me extraña que se lleven tan mal los budistas con los musulmanes.

Monasterio de Tongsa.

Paramos a desayunar en un barecito de la carretera y nos atrevemos con unos momos que están deliciosos, los últimos del viaje, imagino.  El chófer se sienta con nosotros pero se toma una tortilla francesa: “¿No comes momos?”. “No me gustan”. Y a mí que me parecía que este personal se alimentaba solamente de momos…Siempre aprendes algo.

Y ya no estamos en Sikkim, que esto es Bengala, y el conductor corre todo lo que permite la carretera, bastante mala los dos tercios primeros y luego mejor.  O sea que a pasar miedo.  

Volvemos a cruzar el río Testa una vez más. Hay grandes bancos de arena y gente que carga pesados sacos hasta la carretera. Otra vez trabajos que suponen grandes esfuerzos y  que imagino mal pagados.  Lo mismo que las carreteras que nunca se acaban de reparar. Ves a las mujeres acarreando piedras y haciendo así, piedra a piedra, muros de contención.

Pasamos por un pueblo y vemos los primeros rickshaws todo el  viaje. Te parece que es un vehículo consustancial con este país  y te percatas que hemos pasado casi un mes sin verlos. 

Y de repente se produce una parada. Pero larga. Es un paso a nivel. Y algo obvio (consejo cero): que los viajes tienes que tomártelos con calma pero sobre todo cuando tienes que conectar con otro viaje, como es nuestro caso, que también preveas mucho tiempo. Porque nuestro  recorrido  que era de dos horas y media se ha transformado en casi en tres horas y media. 

Paramos a echar combustible y aprovecho para saber el precio: 41,8 rupias el litro, aproximadamente 70 céntimos de euro. En el surtidor, al lado del precio, aparece otro dato  que para mí es nuevo: la densidad medida en kilos por metro cúbico. ¿Será importante? Y más todavía: ¿el personal  hará caso de esa información?

Pasamos Siliguri por un lado de la ciudad  y llegamos a la estación de ferrocarril de NJP. En la entrada un grupo de jóvenes le piden dinero al conductor pero, para mí, de una manera un tanto forzada.  No les da nada y le pregunto: “Es para la “puja” de Kali”.  En este país se pasan la vida ofreciendo “pujas” pero  lo malo de este caso es quieren que los demás también “pujemos”. Yo pensaba que iba a decirles que era budista  y que Kali no era lo suyo pero en cambio les enseña un boleto como si ya hubiese pagado otro día.

Y ya estamos en la famosa estación de New Jalpaiguri, NJP, en la que va a ser nuestro último viaje indio.

Primer consejo: en las estaciones grandes hay dos salas de espera.  Bueno,  tres,  pero no creo que la de VIP sirva para mis lectores. La primera que encuentras en ésta es la “Segunda Clase” y como tú quizás lleves el billete de “2A” pues piensas que ésta es la tuya. Error. La segunda clase en la India es la peor  de todas. Tú, con tu billete de “2A”, tienes que ir a a la “Upper Class” donde un  portero te controla la entrada y te hace inscribir en un libro.  A veces a los extranjeros les deben suponer que son siempre “upper class”   y no les dicen nada. Esta sala es más confortable y sobre todo tiene lavabos  que están mucho mejor que los de la estación.  O que deberían estar.

En la estación de NJP hay muchos uniformados  que van  de sus destinos a sus hogares. Ya he explicado en alguna ocasión que en los trenes siempre encuentras a policías, militares y funcionarios.    Y es que dejan a sus familias en su ciudad de origen  y ellos van y vienen  de sus destinos que además en muchos casos son cambiantes.

En NJP se mueven tantos militares que hasta tienen una parte del hall dedicada solo a ellos.

En la estación descubro otra policía con nuevas siglas: RPF, Railway Protection Force.  ¿Alguien sabrá cuántos cuerpos diferentes  de policía hay en este país?

Ya hemos dejado las grandes montañas y nos encontramos con la India cotidiana y el sentido de lo “público” del indio. O de su falta de sentido.

Por ejemplo: en los lavabos hay también duchas y en una de ellas sale un chorro enorme de agua pues no hay alcachofa ni grifo para cerrarla. Además del derroche del agua, aquello se ha transformado en un lago. ¿Cuántos días o meses hará que aquello funciona así?  

Otro: en un lavabo (y de la “upper class”) un masticador de betel ha escupido/vomitado lo que llevaba en la boca. Mucho más higiénico, desde luego, que hacerlo en el suelo pero luego no se ha preocupado de abrir el grifo para limpiar el lavabo.

Siempre he visto que muchos militares indios se trasladan con una colchoneta. Para mí es un misterio  y una gran incomodidad, a no ser que seas un escrupuloso (aquí te  mueres si lo eres) y no quieras dormir donde lo han hecho otros. 

Hay un pequeño restaurante muy moderno en la estación. Intentamos comer algo que no sea muy picante pero sin éxito.  A pesar de que te suministran una pequeña cucharilla de plástico todo el personal prefiere comer con las manos, lo que no era habitual ni en Sikkim ni en Darjeling. Como la comida es una buena ración de arroz y un poco de sopa de lentejas los comensales echan el arroz dentro de la sopa y lo comen así. Con las manos. Es una cosa cultural pero sigue sorprendiéndome.

NB.

Me doy cuenta de que hablo con frecuencia de la “puja”. Os proporciono una descripción en de un glosario de “pali”.

Pūjā = Honor, homenaje, ofrenda, veneración.

NB de la NB.

¿Y “pali”?

Del DRAE:

1. adj. Se dice de una lengua hermana de la sánscrita, pero menos antigua, que empezó a usarse en la provincia de Magada.

Yo me he “encontrado” con el “pali” como lengua exclusivamente de uso litúrgico en las ceremonias budistas de algunos países del sudeste asiático.

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