Filtraciones.

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La lectura de lo que se va conociendo de Wikileaks me conduce a varias opiniones:

1) Casi nada es para tanto; lo no sabido era esperable.

2) Para ser de diplomáticos, representantes «ávidos» de intereses, la mayoría de sus opiniones son bastante sensatas.

3) El defender intereses propios de manera directa, no es muy censurable. El ceder a intereses ajenos de manera oculta o, peor aún, intentando salvar la cara, es lo que repugna.

4) Los «hackers» no son tan dañinos como los traidores.  Hay que ver la que ha armado el soldadito que ha transferido a Assange todos los terabytes que tenía a su alcance. Y ni siquiera sabremos porqué. Así que como saben muy bien los dictadores, la lealtad es lo primero.

5) El mundo digital, con su capacidad ilimitada y de reproducción fácil, es a veces una bendición y otras una maldición. Eso no exime a los profesionales de definir bien los «perfiles» de los usuarios.

6) Puede ser perjudicial, pero algunos saldrán bien librados. Ahí es nada que el Dpto. de Estado de los EE.UU. diga de tí que eres «encantador».

7) No estaría mal que hubiera «leaks» de otro tipo. Lo que dicen los congresistas, lo que dicen los senadores, lo que dicen los concejales, lo que dicen todos los cargos electos, evidentemente  en ejercicio de su cargo.

Definitivamente, como se decía siempre de Suiza, las democracias son aburridas. ¡Que interesante sería conocer las opiniones equivalentes de  la diplomacia cubana, rusa, iraní…! Si es que los diplomáticos de esos paises procuran transmitir su verdad a sus superiores, como sí parecen hacerlo los estadounidenses.