Haití no tiene un Vicepresidente comunicador que sepa explicar muy bien lo que se hace mal. A falta de explicaciones las teorías confabulatorias tienen campo abierto y aunque es posible que no sean ciertas, los argumentos que se exponen en ellas deben sopesarse por sí mismos y no por el provecho que obtengan quienes las propalan o las jalean. En medios de izquierda radical se ha traducido y propagado una entrevista de un documentalista haitiano Jean Lavalasse que destila ese sentimiento de confabulación, urdida al parecer para aprovechar la mano de obra barata haitiana y el que dicen inmenso caudal de petróleo sobre el que se asienta el país y que los haitianos no han sido capaces de explotar hasta ahora. No soy capaz de apoyar o rebatir las afirmaciones de Lavalasse, que me suenan excesivas, pero sí hay un aspecto que me ha llamado mucho la atención. Llega a decir que las ONGes han gobernado el país en algunas épocas. Lo que querría significar entre otras cosas que las ONGes están entre los peores «gobernantes» de la Historia o, como suele decirse, que el infierno está empedrado, solado y alicatado con «buenas intenciones». Como tiendo,un poco visceralmente, a estar cerca de esa opinión, he intentado documentarla y en efecto, ya en 2004 operaban en Haití más de 35 de las más potentes ONGes planetarias dicho por la Organización Mundial de la Salud y esa cifra no contempla las que pueden estar actuando hoy porque no incluye ninguna de las netamente españolas. Pueden encontrarse en internet artículos que afirman que en Haití operan «miles de ONGes». La ayuda hasta el momento ha supuesto según estimaciones nada triunfalistas algo más de un tercio del PIB de Haití, en 9 meses, y una parte importante ha sido distribuída por ONGes. Entiendo que la cólera pueda ser una emoción muy extendida en el país, pero si la ayuda y las ONGes han cumplido mínimamente su labor es inadmisible que el cólera cause centenares de muertes. Hay que reconocer sin embargo su eficacia en conseguir que pasen por el país todas las personas que necesitan ver de cerca la desolación, aunque a la desolación no le guste mucho que la contemplen.