Capítulo precios.
Por lo que habéis visto por mis entradas anteriores, Petra (y Wadi Musa) es cara en relación a Jordania. Doble que en Irbid o Ammán los restaurantes y casi un 50% los hoteles. Y lo de internet ni te digo. 25 céntimos la hora en Irbid y un dinar 50 aquí. El agua el doble. Y la entrada al sitio arqueológico un atraco. Porque ese precio no se refleja en los servicios: el ‘clavo’ de los ‘services’ no sirve para nada. Sí, te dan gratis planos y folletos: mentira. Te dan el mismo folleto gratuito de Petra que el que te dan de Gerasa o Mádaba.
Te hacen un recorrido de 3 horas por Petra. ¿Quién quiere estar 3 horas en Petra?
Y la estrella de las ofertas gratuitas gracias al nuevo ‘service’: un recorrido de uno 200 metros en caballo desde la puerta de entrada en el recinto hasta el comienzo del Siq. Eso cuando llegas por la mañana pletórico de fuerzas y cuesta abajo, no cuando regresas cansado y cuesta arriba. Y encima si el caballo no está muy limpio te vas a llevar el “parfum d’equine” en tus pantalones el resto del viaje.
Capitulo ‘tourist police’.
No debe haber un lugar con más policías y que hagan menos. Vaya, que hagan menos por los demás o por el entorno. O bien están desparramados indolentemente en las garitas o bien charlando animadamente en grupos de 6 u 8. En ningún caso prestan atención a los visitantes ni al entorno. Ni a los beduinos que andan por allí. Y desde luego el día del diluvio universal no vi ni a uno. Y se entiende porque aunque llegan cuando el sitio lleva abierto una hora o dos, se van prontito.
Capítulo beduinos.
Ellos están a lo que están: a venderte baratijas o un té.
He visto a jóvenes occidentales tomando un té en alguno de aquellos puestecitos. Quizás piensen que es una gran experiencia compartir la sabiduría milenaria de las gentes del desierto en alguna de aquellas falsas tiendas de nómadas.
Esos llevan viviendo de los turistas desde que nacieron.
La guía habla de uno que es de los últimos residentes de Petra. Y se ha quedado por algo tan poético como el olor a jazmín que hay donde vive. Yo no sé donde ha olido el que ha escrito la guía porque lo que sueles encontrarte no es uno, sino bastantes que han “ocupado” cuevas y tumbas para vivir allí de forma permanente o por lo menos durante el día, que es cuando llegan las abuelitas de Málaga. Y el olor que hay en esos lugares no es de jazmín sino de la mierda que hay en las cuevas cercanas. Porque en algún sitio tienen que ‘aliviarse’ el personal (en la quinta acepción del DRAE: 5. tr. Descargar de superfluidades el cuerpo o sus órganos), seas un cristiano de Francia o un beduino de Petra. Aunque dado el pudor que tenemos los occidentales y la cercanía a los caminos principales y muy transitados de alguno de esos cagaderos me inclino a pensar más que son los beduinos, que encima no pueden esperarse a llegar al hotel para la ‘descarga’.
Capítulo servicios.
Y cuando digo ‘servicios’ no quiero decir lo de los “services” del billete de entrada sino los retretes.
Hay algunos de esos de casita blanca: váteres químicos. Yo creo que vi dos, uno en la plaza del Tesoro y otro frente al teatro, aunque quizás haya alguno más. Y son gratuitos aunque no lo parecen pues hay señoras en las puertas que cobran. ¿Lo podrían evitar los “tourist polices”? No me hagas reír.
Todo el mundo paga. Unos porque creen que hay que pagar y otros para evitarse un problema.
Capítulo niños.
¿Has pensado que mientras compres baratijas a niños de tres años en lugar de a adultos sus padres prefieren tenerlos vendiendo que jugando o en la escuela?
Realmente no estoy seguro de si en caso contrario irían al colegio, pero de esta manera seguro que no.
He visto a una niña que quizás no llegaba a los tres años cómo se hinchaba de vender postales a unos turistas que seguramente habrían rechazado unos 100 intentos anteriores. Pues aquella niña era una mina de oro para sus padres.
Tú que no admites la mendicidad en tu ciudad de residencia, y menos la infantil, no la promuevas de esta manera. Por cierto, que la mendicidad está prohibida en Jordania.
Capítulo final.
Hay que venir a Petra. Esté clasificada o no como una de las maravillas del universo es algo fuera de serie. Merece la pena. Y merece que pases más de un día en ella. Para que puedas gozarla en calma y tranquilidad. Y durmiendo en Wadi Musa para que empieces el recorrido tempranito.
Aunque los del turismo jordano estén haciendo lo imposible por matar la gallina de los huevos de oro subiendo los precios sin mejorar los servicios ni las condiciones del lugar. Es una putada que esté tan abandonada y sucia en cuanto te apartas de los caminos más transitados. Pero es una maravilla.
Corre, ve a Petra antes de que sea demasiado tarde. O antes de que se den cuenta de que pueden pedirte lo que quieran y los suban a 200 JD. ¿Por qué no? tú los pagarás.
NB
Para los famosos robots chinos que me leen: la gallina de los huevos de oro en inglés es una oca: “goose”.