21. Petra, tercer día, 1 de 2.

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Colores de Petra.Ya he encontrado el nombre del grupo de españoles: MIJE, por sus iniciales.  Después  de haber hecho todas las combinaciones posibles ésta es la que mejor suena. Pues el caso es que nos despedimos de ellos: siguen otro camino pero irán mañana a Ammán al mismo hotel que nosotros así que es posible que nos veamos de nuevo.
Ayer decidimos modificar el viaje previsto en un principio e iremos a ver a  la ‘Pequeña Petra’. Bueno, no sé si es la adecuada traducción de ‘Little Petra’.  Porque dicho así ‘voy a ver a la pequeña Petra’, Petrita,  parece que vas a ver a una niña de padres crueles: por el nombre. Que el nombre que se le pone a un hijo puede influenciarle mucho. Hay padres que son unos inconscientes y deja marcado al vástago de por vida. Yo conocía a uno que se llamaba Gil de primer y segundo apellido y le pusieron de nombre también Gil.
Vuelvo a los planes de mañana: iremos a ‘little Petra’ en taxi pues no hay transporte público y luego a las 4 de la tarde sale un autobús, de los buenos y parece que el único, para ir a Ammán y además lo hace al lado de nuestro hotel. Por si vienes: sí hay más transporte de aquí a la capital, pero parece que son autobusillos que salen del centro del pueblo. En resumen que llegaremos dos días antes de lo previsto, lo que aprovecharemos para ir desde Ammán a visitar algún lugar cercano o quizás a los castillos del desierto, que mi amigo Joséluis, tan guerrero él, me ha recomendado en uno de los comentarios de este viaje.
También queríamos ir a Wadi Rum pero es aún más difícil, así que lo dejamos.
Nada más salir del hotel se nos acerca un taxista: que si queremos ir a Aqaba o a Ammán. Allí no, pero sí ajustamos el precio para ir a ‘little Petra’ mañana a las 8. Y nos dirigimos de nuevo a visitar Petra: ‘the big Petra’.
La primera caseta de policía, la de la entrada del Siq, está vacía.  Si hubiésemos querido habríamos podido coger uno de los ‘caminos prohibidos’. Y es que estos funcionarios no madrugan demasiado. El Siq a estas horas está medio vacío y puedes fotografiarlo a placer. Sí empiezan a circular las primeras carretas que con su traqueteo –aunque llevan ruedas de goma- rompen el silencio del lugar. Es que aunque el suelo tiene a trechos un firme regular, a otros tiene parte de la calzada romana que pasaba por aquí, o sea losas de piedra. ¡Qué constructores los romanos! Hacen una carretera o un puente y les dura 2000 años.
Cuando las carretas pasan por esas losas se bambolean muchísimo y los abuelitos que van en ellas se cogen con fuerza al conductor.
Un italiano mayor –más de 60- al llegar a la plaza del Tesoro, donde se acaba el recorrido de las carretas, baja y dice con un fuerte suspiro a sus amigos que ya están allí: ‘sono contento che siamo arrivato vivo’. O algo así. Y es que si ves las caras de los abuelos algunos pasan miedo de verdad.
Mientras tanto Marisa vuelve a quedarse atascada a unos 50 metros del final del desfiladero buscando esa luz que no logra encontrar y que además cuando lo consigue que no haya nadie delante. Lo dicho, un atasco. Y además he comprobado que cuando ella se para también se forma un atasco a su alrededor entre la gente muy sensible que no sabe si pasar o no para no estropearle la foto y otros que al verla tan aplicada piensan que también es un lugar estupendo para tomar su foto y se quedan allí.
Mientras tanto yo estoy esperándola sentado enfrente del Tesoro contemplando esa maravilla  y también las reacciones del personal que llega allí. Esta mañana tengo sentadas al lado a tres ancianas de Málaga que forman parte de un grupo de españoles y mientras el guía se desgañita –los guías de los grupos españoles suelen llamarlos ‘familia’ y gritan bastante- intentando explicar la grandeza de la civilización nabatea, aquellas tres están dándole gusto al afán consumista. Cuando yo veía a los jordanos ofreciendo baratijas siempre me preguntaba que quienes podrían comprarlas: pues las señoras del Inserso de Malága. La verdad es que están bastante atabaladas y al final no saben ni lo que han comprado ni cuánto han pagado, pero creo que unas 4 ó 5 veces lo que piden habitualmente. Y se reintegran al grupo.
Compruebo que se dejan una bolsa de lona y se lo digo: ‘no es nuestra’. Yo desde la época de  las bombas y amenazas de tales en el metro de Londres, cuando el IRA, donde  había constantes avisos del peligro que suponían los paquetes abandonados (‘unattended’), siempre me dan mala espina así que me levanto y busco un policía, pero deben estar todos tomando el té en la caseta de la entrada, que el otro día había más de 20 y parecía un montaje fotográfico. Observo la bolsa de una prudencial distancia y al rato otro del Inserso se aparta del grupo y va a recogerla.
Me vuelvo a sentar en uno de los tres bancos que hay frente al Tesoro. Están muy solicitados por los visitantes, sobre todo por los mayores que han llegado hasta aquí andando.   Al poco llega Marisa, me levanto y rápidamente tres policías de la ‘Tourist Police’ –que ya han llegado pues son las 9:30 y abren a las 6- se lanzan a por mi sitio. Compruebo que uno de ellos lleva una de esas ‘galletas’ –creo que se llama así en la jerga militar- que indica que tiene varias medallas en su haber. Pero ¿cómo un ‘tourist police’ puede conseguir una medalla?
Visto su proceder se me ocurren varias posibilidades:
-que sea una medalla a la puntualidad, como hacían antes los colegios con los tiernos niños.   Por ejemplo, todos llegan a las  9.30 –insisto que abren a las 6- y él llega una semana entera a las 9:25. Medalla.
-que en lugar de pasear exclusivamente por la parte asfaltada del sitio en grupos de 8 lo haga en grupos de solo 4. Medalla a la eficacia en la utilización de los recursos humanos.
-lo mismo de arriba pero que el grupo de 8 se salga de lo asfaltado. Medalla a la valentía.
-que una vez vio a uno tirando una bolsa de plástico y le dijo que la recogiera.  O mejor: de todas las veces que vio al personal tirando bolsas al suelo, una vez le dijo al vándalo que la recogiera. Medalla a la eficacia.
-mejor que la anterior: una vez paseando por la zona asfaltada después de las 9:30 y antes de las 16:00 vio una bolsa de plástico y la recogió él personalmente en persona. Medalla como el supuesto anterior pero con distintivo oro.
Pues éstas y otras situaciones parecidas  podrían ser motivo de concesión de medalla dada la forma de actuar de la ‘tourist police’ de Petra. Y se me ocurre otra que me ha pasado: te acercas a la casita donde hay seis policías fumando y hablando medio largos; realmente están sentados pero como no hay camas sino solo sillas se alargan como los personajes de Forges. Pues entonces tú, turista extranjero, abres la puerta y tímidamente preguntas por donde se va a determinado sitio. Uno de ellos, sin mover una pestaña pero sí un trozo de una mano dice con gesto ambiguo que ‘por allí’.
Imagina que en lugar de eso se levanta, te sonríe –eso es opcional, pero se agradece-, se acerca a la puerta y te señala la dirección a seguir.  Pues medalla. Aunque eso puede crear mal ambiente entre los otros cinco ‘tourist polices’ que están desparramados en las sillas.
Pero pensándolo bien y dada la celeridad con que han ido a por el sitio libre del banco, no se los fuese a coger algún jubilado occidental, quizás les den medallas por ser el primero en ‘pillar banco’. Medalla a la celeridad.
Luego pasamos por el ‘Siq exterior’ y llegamos al teatro. Por fin lo vemos. Enfrente están las grandes tumbas reales. Son realmente espectaculares. Y allí mirándolas, pero con otros ojos, hay un grupo de acuarelistas. Todas señoras, sentadas frente a las piedras. ¡Qué envidia me dieron! Porque no solo me gustaría saber pintar como ellas sino también saber ver el mundo con sus ojos. Con los ojos de un acuarelista.
Vemos primero la tumba de la urna y empieza a lloviznar. Nos quedamos solos. La lluvia sigue y decidimos esperar allí y de paso comernos el bocata del mediodía.  Un lugar maravilloso para estar sentados en la puerta viendo el paisaje y el agua. Una lluvia suave que no hace daño. En un momento dado viene un grupo de turistas, unos 20, que parecen dirigidos por otro gordito. Debe ser una cosa de tipo parroquial y aquél el cura del pueblo por la forma que dirige la grey. Y quizás porque esa tumba tiene un interior grandioso y fue utilizada como catedral por los bizantinos en el siglo V, pues el párroco se ponme a cantar “Salve Regina” y lo hace muy bien.
Fue el colofón perfecto a esta visita.
Cuando nos vamos Marisa ve una posible foto de las columnas que están a la izquierda pero sobresale una botella de plástico de una joven pareja que se ha sentado allí a comer. Me acerco y les pido si pueden retirar un poquito la botella. Como no me entienden mientras se lo vuelvo a repetir se la aparto un poquito. Me parece que creían que me la iba a beber porque pusieron los ojos como platos.
Vemos otras tumbas cercanas  y luego  nos vamos a hacer una excursión de la que hemos visto algún resultado: fotografías del Tesoro pero tomadas desde algún punto superior enfrente de él.

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