28. Ahmedabad,día 1.

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El ashram Sabarmati creado por Ghandi.Cuando llegas a una ciudad de madrugada y tras una noche de viaje en autobús tus facultades no están al completo, más bien están mermadas o muy mermadas.
Cogemos un rickshaw y le pedimos que nos lleve al hotel que nos recomendaron los galeses que conocimos en Mandu. Al llegar allí una desagradable sorpresa: está lleno. Hoy y mañana. Y peor todavía cuando nos dicen  que es que hay un congreso médico en esta ciudad. No entendí si había dos mil o veinte mil doctores pero es que a mí a partir de un cierto número de médicos me da lo mismo que haya 20 mil que 200 mil. Así la situación es que previsiblemente vamos a encontrarnos con problemas de alojamiento. Y así fue.
Cuando voy a buscar hotel de forma motorizada le digo al transporte que espere hasta no tener comprometida la habitación, así que con el mismo rickshaw recorrimos media docena de hoteles y todos llenos. Al final elijo uno que la guía define como “overpriced” y aunque está bien, el recepcionista se cree que está en uno de 5 estrellas. Pero no hay más opciones y nos quedamos allí.
A pesar de las circunstancias aprovecho para pedir una rebaja en el precio de la habitación pero no estoy seguro si me la darán o no pues la he pedido en el supuesto de que estemos varios días. Pero lo del hotel no fue nuestro mayor  problema. Marisa no puede andar. Parece que la subida de Girnar después de la de Palitana le ha dejado averiada una rodilla. Así que tendremos que dedicar el día al reposo.
Ella confía ciegamente en unas pastillas que toma en casos de fuertes dolores articulares y que le solucionan los problemas en poco tiempo, pero es que nunca le ha dado tan fuerte. Si no se le pasa tendremos que llamar a nuestro seguro de viaje.  Si nos hacen un seguimiento nos preguntarán qué tienen las piernas de Marisa pues el año pasado acabamos en un hospital de Bangkok por un golpe que se dio en la espinilla en Bagán.
Aprovecho la inactividad para irme solo a buscar otro hotel.  Recorro varios de los que recomienda la guía y alguno más pero ninguno se puede comparar al primero que elegimos así que vuelvo a él. La primera vez me dijeron que estaba lleno hasta dentro de dos días pero la obstinación tiene a veces premio y en mi segundo intento me dicen que sí que me pueden dar habitación para mañana pero a partir de las 7 de la tarde. Me la enseñan  y entiendo por qué está lleno: es bastante mejor que todos los que he visto de ese precio e incluso que el que estamos ahora –excepto la ampulosa recepción, pero en la recepción no
se duerme- que es bastante más caro.
Por la noche Marisa ya se puede empezar a mover y nos vamos, cojeando, a cenar a un restaurante que descubrí en mi viaje anterior y que tanto me sorprendió: dentro del local y entre las mesas hay varias tumbas musulmanas muy bien cuidadas.
Vamos también al mismo sitio de internet que hace años. Es el lugar más malo de la India. Lo era hace 4 años –entonces no encontré otro- y ahora tiene la mugre acumulada en este periodo. Y con los mismos ordenadores que entonces ya daban pena. El que tengo yo, que está encima de la mesa,  cuando le das a una tecla que obliga a leer del disco hace temblar todo el puesto. Y encima tienes dos tarifas: línea lenta y rápida. No te puedes ni imaginar el lugar aquel.
Y andando despacito volvemos al hotel.

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