La última vez que subí a un avión en Barajas tenía una tranquilidad poco habitual en estas ocasiones. Ocurrió que el vigilante encargado de ordenarme que me quitase el cinturón y los zapatos, dejase todo lo que no fuese textil en una bandeja de plástico, lo pasase todo por un aparato de rayos X, lo recogiese y fuese tambaleante e incómodo hasta una pequeña mesa en la que depositar los objetos y rehacer lo deshecho, además de tener la amabilidad de no cachearme por mi aspecto, tenía a su vez un aspecto algo patibulario y un aire tal que una persona algo xenófoba y prejuiciada hubiera pensado que podía ser de Al Qaeda o similar. Si se lo imaginaba uno con barba de tres meses daba el pego. Así que dije para mí, «en mi avión éste no sube que está trabajando». Es lo que tiene la maldición de las subcontratas. Con tu buena voluntad, y quizá algo de presión de algún «lobby» amigo contratas a la empresa de seguridad de Chuck Porris y en el turno de tarde te envían a alguien que podría pasar por pastún, que quizá cobra menos que los «wasp» de toda la vida.
Esto me ha venido a la cabeza leyendo lo del chaval nigeriano, hijo de banquero y formado en Londres que quería volar un avión con 80 gramos de pentrita que llevaba atados al muslo y que lo hubiera conseguido de no ser por un holandés observador y valiente, que de todo hay. Y aquí se me ha acabado para siempre la tranquilidad.
Como no quiero ser un simple quejica, uno de esos ciudadanos que hablan mal de nuestros representantes gubernamentales, parlamentarios, nacionales, autonómicos y edilicios y luego no hacen nada y ni siquiera saben quien es el representante de su distrito ni van a su oficina electoral a protestar y a decirle que en las próximas elecciones le va a votar su señora madre, afirmo que ninguna medida que nuestros políticos puedan tomar podrá evitar que alguien, dispuesto a morir en el intento, armado de un explosivo de un peso equivalente a cinco lonchas de jamón de york (que caben perfectamente en cualquier orificio humano hecho de serie o adrede para la ocasión) provoque un gran desastre. Por tanto les libero de toda responsabilidad en el tema. Por cierto, parece ser que los responsables de las políticas europeas de seguridad conocían bien el efecto de la pentrita y el poco peso de la cantidad necesaria para abrir un boquete en el fuselaje, a pesar de lo cual han estado años insistiendo en los fluídos de higiene corporal y el agua de beber y es que hay que reconocer que molestar impunemente a millones de personas con motivos justificables es una tentación que los homos y los heteros sapiens no pueden resistir.
Dicho lo anterior y con humildad, voy a proponer un plan para reducir la inseguridad en los vuelos en avión por motivos terroristas y que la inseguridad se limite a otros medios de transporte. Además mi plan traerá unos ingresos adicionales a los aeropuertos que bien los necesitan en vista de la voracidad autonómica por quedarse con su gestión lo que va a crear una mayor cercanía a los ciudadanos (esta razón siempre se esgrime y no sé porqué) y unos déficits de aquí te espero.
Propuesta de plan de seguridad.
Los viajeros acudirán 48 horas antes de su vuelo. Los aeropuertos crearán instalaciones balnearias anexas en las que se alojarán los viajeros hasta la hora de embarque y desde las que serán llevados desnudos y en bata hasta los «fingers» directamente para no vulnerar su intimidad. Las instalaciones balnearias estarán vigiladas por personal de las empresas gestoras aeroportuarias que tendran autoridad para cachear en todo momento. La dieta en estos días será ligera y vigilada y habrá ingesta de evacuol o similares para impedir acumulaciones intestinales de explosivos. En esas 48 horas se consultarán todas las bases de datos necesarias para establecer la rectitud y las intenciones de los pasajeros y se cruzarán sus datos que parece que ahora no se cruzan lo bastante. Los datos faltantes tendrán que ser aportados por el viajero. El coste de este nuevo servicio se cargará en los billetes de los vuelos y no será muy gravoso, teniendo en cuenta que lo que es volar, volar, ya casi tiene un coste cero y no queda más que pagar los costes dela gestión que el propio viajero realiza.
13/01/2010 a las 10:39
El plan que tú propones es muy ingenioso y quizás te parece irrealizable, pero no creas que vaya a quedar en saco roto. Los responsables mundiales de seguridad están escudriñando todo lo que aparece en internet sobre este tema y cualquier día se te presentan en tu residencia un par de señores vestidos de oscuro y con «rayban» y te llevan a una oficina que no existe oficialmente para que les hagas una presentación formal de tus ideas sobre los balnearios laxantes.
Otra ventaja adicional es que adelgazaríamos un par de kilos por viaje.
Además si en el metro de Delhi pueden cachear a todos los viajeros ¿por qué no hacer lo mismo con tus intestinos en los aeropuertos?