22. De Diu a Junagadh.

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Un shadu Naga.Pensábamos ir de Diu a Dwarka pero hemos visto que Junagadh lo tenemos a tiro y hemos decidido hacer una escala intermedia entre ambas. Como el autobús sale a las dos y media queremos ir a ver un museo de conchas que ha montado un particular y que está camino y cerca de Vanakbara. Afortunadamente en la estación de autobuses encontramos a una joven que además de hablar inglés sabe que la familia propietaria no está y que por lo tanto el museo está cerrado. Así que nos vamos a un mercado de pescado que está al lado. Precioso. Me pregunto por qué a pesar de esas maravillas de piezas cuando pides pescado en un restaurante te ponen tan poquito. Creo que no es una cuestión de precios sino de hábitos alimenticios. Y en este mercado, como en otros, ni una báscula: todo en montoncitos.
Nos vamos a dar una vuelta por una parte de Diu por donde todavía no hemos pasado. Es la zona alrededor de la puerta de Zampa. Esa puerta y la muralla sería una maravilla arquitectónica en cualquier ciudad europea. Y el barrio estaría en todas las guías. Vemos un puestecillo de té con un grupo de parroquianos, a uno se lo ha servido directamente en un plato, sin taza. Y se lo toma así según la costumbre de Gujarat. En la misma placita hay una tienda de fritos y parece que de gran éxito por la cantidad de clientes que tiene y la cantidad de cajas que cargan. Un operario está sentado en el exterior, en la calle, haciendo unos dulces fritos y pringosos y es una delicia verle trabajar con tanta destreza. Y en una pared la virgen de Oporto.
Después de estar un rato sentados viendo la vida del personal seguimos nuestro paseo. Las casas tienen unos falsos capiteles en las puertas. Es la primera vez que los veo y me intrigan. Buscamos una casa en concreto y pregunto a un señor con aspecto respetable: “¿Habla usted inglés?”.”No, pero falo portugués”. Y no solamente lo hablaba sino que lo era. Cuando los portugueses se fueron les dieron la nacionalidad no sé si a los que quisieron o con condiciones. Pero aquel señor era portugués aunque nunca había estado en Portugal. Extraña circunstancia.
Al final encontramos el edifico buscado, un “haveli” precioso. Delante de él nos topamos con otro señor que visto su aspecto y la experiencia anterior deduzco rápidamente que también es portugués. Pues no, es indio y nos explica que ahora es un desastre por la corrupción y la falta de eficacia pero que antes cuando estaba el gobernador portugués daba gusto. Y no logro entender porqué pero me explica que ahora si tienes 5 millones de rupias (unos 75 mil euros) eres un pobre. Y además me lo repite tres veces. Ganas me daban de preguntarle: ¿es que usted tiene esos 5 millones? También me ha explicado que ahora los jóvenes emigran de Diu porque no se conforman con lo que tienen y aquello se está quedando abandonado. Así que a nosotros nos parece un paraíso pero a los jóvenes diuanos no tanto. Claro que lo mismo se podría decir de los pueblos castellanos o aragoneses casi abandonados que a ti, a mí, nos parecen una maravilla pero donde no queda ni Dios. Bueno, por lo menos en Diu tienen a los nepalíes para trabajar de camareros. (Y nosotros tenemos a los rumanos).
El haveli es un edificio impresionante por lo menos en su exterior. Le pregunto al vecino de los 5 millones si se puede subir a una galería abierta en el primer piso. Nos dice que no, que lo han comprado unos de Bombay y que tienen prohibido su acceso. Pero veo una puerta abierta y una escalera que sube al primer piso. Le pregunto a uno que está sentado allí y me responde con ese movimiento de cabeza de los indios que no sabes si te dicen que sí o que no, así que subimos. Y allí estuvimos haciendo fotos de los estucos aunque nos dijo que no hiciésemos del interior, cosa difícil pues las puertas estaban cerradas. No hay fiarse de la primera información.
Te dan ganas de comprarte un palacete de aquellos y quedarte a vivir en Diu. En nuestro paseo por este barrio nos topamos con otra boda india. Vaya, con el cortejo que rodea al novio. Allí nos quedamos media hora viendo los bailes, el jolgorio y haciendo fotos al novio caballista. Fue muy interesante ver aquel cortejo de 60 u 80 personas casi todas muy elegantes rodeando a aquel guapo joven y bailando sin parar. ¡Lástima que no hayamos visto ninguna novia!
Con tanto paseo se nos echó encima la hora de ir al autobús y no nos queda tiempo para comer: solo unos plátanos en el mercado, tras un fuerte regateo y un helado de lo mejor del viaje. En la estación de autobús un tiempo ideal, sobre todo pensando que estamos en diciembre. Y de nuevo la sensación allí de que estás en un paraíso. De esos pensamientos nos sacan una pareja de shadús-peregrinos, muy viejos, sobre todo él que casi no puede andar y ella casi tampoco. Es curioso pero creo que es la primera vez que veo gente así formado una pareja pues generalmente son hombres solos o grupos de tres o cuatro. El va con muletas y ella con un bastón-garrote. Les acompaña una niña, que por su tamaño podría tener 6 ó 7 años, aunque quizás tenga 10, llevando dos grandes bolsas. A pesar de que hay una gran marquesina con bancos se sientan en el suelo donde están aparcados algunos autobuses. Me preocupa porque si alguno echa marcha atrás los arrollará. El se tiende en el suelo, como si no pudiese más, o como si hubiese decidido morirse allí mismo. Y la niña le da masajes en las piernas. ¿Quién será esa niña y qué tipo de vida se ve obligada a llevar? Porque ellos han decidido vivir así pero ¿y la niña?
Ayer preguntamos y nos dijeron que había un autobús directo desde aquí a Junagadh a las 14:30. Pero nuestro transporte se va retrasando y entonces llega uno que va a Una, la ciudad importante más cercana. De casualidad nos enteramos que nuestro autobús ha sido cancelado y que tendremos que coger ese recién llegado y desde Una otro a nuestro destino. La suerte ha sido que había estado hablando con una familia que también estaba esperando el mismo autobús y nos ha explicado la nueva situación porque si no nos quedamos en Diu.
Llegamos a Una y allí cogemos el nuevo autobús. ¿Cogemos? ¡Asaltamos! Y nosotros llevamos tres mochilas y además con nuestra edad no podemos competir con los ágiles jóvenes indios. Ágiles y bien entrenados. Afortunadamente hago valer mis derechos de los asientos reservados que tenía para el otro autobús y nos dejan sentar porque va lleno hasta los topes. Y como en los otros autobuses mejor no ver la carretera. Una ventaja de ir en un transporte tan lleno.
El atardecer nos sorprendió con una puesta de sol preciosa. Y al final llegamos a Junagadh y como siempre sin tener muy claro si el hotel está al lado de la estación de autobuses y se puede ir andando o es necesario coger un autorickshaw. Y también como siempre unos nos dicen que está al lado y otros que está lejísimos. Vamos andando.
El hotel tiene una página en internet que lo muestra como si fuera de lujo. Pues como los que ligan por internet poniendo fotos retocadas. Es básico tirando a muy básico. Además llegamos de noche y solo tienen una habitación libre que da a la calle, a la muy bulliciosa calle. La ventaja es que este tipo de establecimientos recomendados por la guía es que están muy céntricos y que la información que te proporcionan compensa las otras carencias. Así nos recomienda el de la recepción que mañana salgamos de 5 y media a 6 de la mañana. Y que además mañana nos cambiarán de habitación.
La guía dice que ese hotel tiene un “fabulous restaurant”. Quería comprobar que entienden por “fabulous” pero ahora está cerrado por falta de visitantes así que nos recomienda otro.
Cena estupenda y a dormir que mañana hay que madrugar.