6. Amritsar, 1/2.

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Kanga, Kara y Kirpan, peine, brazalete y daga sijs.Ayer al llegar al hotel subimos a la terraza a comprobar si la vista era como decía la guía. Realmente lo era pero cuando lo hemos comprobado de verdad ha sido esta mañana: maravillosa, aunque empañada por la suciedad de la polución atmosférica.
Los curas sijs del templo empiezan a rezar  antes de las seis de la mañana, pero para despertarme hubiese hecho falta que lo hicieran en mi habitación, sentados a los pies de mi cama. ¡Qué gusto da dormir cuando tienes tanto sueño!
Un ligero desayuno (“complimentary breakfast”) y nos vamos al templo.
Amritsar es una ciudad de algo más de un millón de habitantes. O sea que en Europa una gran capital, pero aquí una mariconada. Es famosa porque tiene el santuario mas sagrado de la religión sij, el Templo Dorado. Fue fundado en 1577, saqueado y destruido por un emperador mogol en 1761 y reconstruido en 1764. Mas tarde, en 1984 volvió a la fama internacional cuando el ejercito indio atacó  y desalojó a un grupo independentista que había ocupado el recinto sagrado. Esto le costo la vida a Indira Gandhi pues fue asesinada por dos sijs de su escolta personal como venganza por ese ataque. En la ciudad también hay un memorial, Jallianwala Bagh, dedicado a conmemorar una masacre ejecutada por el ejército británico contra un grupo de indios en 1918.
Y como estamos en la India, además de sijs también hay hindúes y por tanto un puñado de templos para ellos, algunos muy interesantes, como el dedicado a Durga. También debe haber musulmanes pero no he visto ni una mezquita aunque me temo que no deben ser muy queridos aquí después de las matanzas de sijs cuando la famosa “partición”. Y estando en el Punjab se habla y escribe en punjabí. Pero aquí se viene a ver el templo dorado y hacia allí nos dirigimos.
Vamos primero a una oficina de bienvenida donde un viejecito, al que parece que no le gustamos mucho los extranjeros, me dice que podemos hacer fotos alrededor del templo (esta rodeado por un estanque) pero no utilizar trípode. Me debe ver un insurrecto porque me enseña en un folleto en ingles la lista de prohibiciones. Y a eso le llaman “oficina de bienvenida”. No me dijo ni una palabra de lo que podíamos hacer o visitar. Solo de lo que no podíamos.
Como todas las religiones antiguas orientales (aunque sea moderna de creación es una mezcla de hinduismo e islamismo) hay que ir descalzos por todos los sitios que huelen a religión. La diferencia con algunos otros lugares es que aquí todo esta muy limpio. No dejan entrar perros, ni vacas, ni monos y  limpian mucho.  Además debes pasar por un pediluvio antes de entrar. Por supuesto que tampoco puedes llevar calcetines. Y la cabeza cubierta. Así que nos llevamos nuestros sombreros. En la entrada uno de los vigilantes nos dice que los sombreros no valen aunque sean de tela, debemos ponernos uno de los trapos que hay en una cesta.  ¡Qué dios o dioses tenemos que vigilan esas diferencias!  Claro que las españolas cuando visitan al Papa deben llevar mantilla pero a él nadie le dice cuando visita un país sensato y elegante que debería quitarse el ridículo gorrito que lleva. Pero eso es una de las características de las religiones: sus mandatarios obligan a los demás a hacer lo que ellos quieren pero que a ellos no les diga nada nadie.
Marisa se pone un pañuelo grande que lleva siempre en estos viajes que igual le sirve para el frío de las salas de espera de los aeropuertos que para simular una falda si la religión del lugar prohíbe los pantalones a las mujeres y aquí para taparse la cabeza. Yo tengo que coger un trapo de la cesta, pero todo sea por la maravilla del templo y el espectáculo de sus fieles. Así una de las cosas mas curiosas es el  baño de los hombres en el estanque sagrado que rodea al templo. Los sijs no se quitan el turbante, ni los mas piadosos (?) dejan el puñal que todo buen sij lleva siempre consigo.  Tampoco los calzoncillos. Así se meten en el agua con el puñalito cogido con el turbante. Y al salir con una gran habilidad, delante del personal, se quitan el calzoncillo mojado y se ponen uno seco. Pero sin que se les vea las vergüenzas. Las señoras no sé si llevan puñal, o quizás unas tijeras,  ni cómo lo hacen pues se bañan en sitios cerrados fuera de la vista.
Un señor recién bañado, de unos 70 años, nos saluda y nos dice que si queremos que nos haga una foto con un guardia  del complejo.  Es de Canadá, el señor. El guardia no lo  sé. Además de los guardias, vestidos con un guardapolvo amarillo y con una lanza, también pasan a veces algunos con un turbante y vestido azul y portando una gran espada o una lanza. Me parecen que son peregrinos sijs. Uno de ellos es uno de los tipos más estrambóticos que he visto en la India, solo comparable a algunos sadus del Himalaya. Además de su vestimenta azul y de una espada enorme, lleva encima de la cabeza un turbante de unos 80 centímetros de alto y casi otros tantos de ancho. Y eso que es un tipo menudito y microcéfalo. Imagino que debajo llevaba el pelo sin cortar de toda la vida. No cortarse  el pelo es uno de los cinco símbolos externos de los sijs bautizados. Incluso los indios le miraban extrañados y le hacían fotografías. Marisa también. Y yo pensaba que Dios no me dejaba entrar en ese recinto sin sombrero o con uno ridículo de tela azul de 30 centímetros de ala y aquel pájaro podía llevar aquella masa encima y le parecía bien. A Dios y a sus guardianes.  Solo por eso no me haría sij.
Y me surgieron un montón de preguntas sobre el llevar una espada en el mundo actual,  sobre los que iban vestidos de azul, sobre el del turbante inmenso, sobre las diferencias de formas permitidas o prohibidas en los tocados,  sobre el porqué todos los que leen el libro sagrado en el complejo del templo son hombres, lo mismo que los que cantan o tocan algún instrumento musical y porqué no hay ninguna mujer. Vaya, como en la iglesia católica, aunque allí sí dejan cantar a las mujeres  sobre todo porque no hay apenas hombres en sus servicios religiosos. Pero no me atreví a ir a preguntárselo al de las “prohibiciones de bienvenida”. Y me he quedado con las dudas.
Salimos del templo y hay medio centenar de coches oficiales y mucha gente armada de diferentes colores. Quiero decir “colores de uniformes”. Varios tonos de caqui, unos cuantos de azules, algunos con armas largas pero sin uniforme…Estos días que se cumple el aniversario del ataque de Bombay, célebre en España porque cogió a la señora Esperanza con calcetines y entonces sí que habló aunque llevaba zapatos planos, pues no me extraña el follón que armaron media docena de terroristas. ¿Cómo se puede ser eficaz con gente tan diversa?
Debe haber gente muy importante visitando el lugar. Enfrente de la entrada principal parece que han echado abajo un gran edificio y están limpiando el terreno. Dos jóvenes con martillos están rompiendo una de las estructuras de hormigón de los cimientos. ¡Un bloque de hormigón a base de picos! ¿Como no se le habrá ocurrido al Sr. Rodríguez algo así para acabar con el paro? Prohíbes todos los martillos neumáticos, las machacadoras de piedra, las cintas transportadoras y la evasión fiscal y se acaba el paro. O por lo menos das trabajo a los 5 o 6 millones de indios que serian necesarios para realizar esos trabajos.

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Una respuesta to “6. Amritsar, 1/2.”

  1. Carmen Says:

    Nunca he podido entender que la gente adore a dioses que ocupan su precioso tiempo en dictar absurdas y rigurosas normas. ¿Puede alguien pensar que un ser así sea omnipotente? Por cierto que no conozco ninguna religión que no disponga de un amplio repertorio de esa clase de normas.

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