Los tramposos.

by

A veces me pregunto si me interesan en especial los personajes transgresores o tramposos, porque me encuentro con frecuencia a su favor o en su defensa. Siempre me respondo que no. Lo que ocurre es que difiero de las autoridades en cuanto a quién colgar la etiqueta de tramposo. En especial en los delitos sin víctima que siempre están entre los favoritos de los políticos con poco quehacer.

Viene esto a cuento del posible dopaje de Paquillo, el marchador, y de las consecuencias que puedan acarrearle. Si Paquillo se larga 20 kilómetros y cree que lo puede hacer mejor con inyecciones o transfusiones vigiladas por galenos más o menos competentes y desaprensivos, el resultado para él puede ser una idiotez pero no me parece una trampa salvo que se verifique que los demás no lo hacen y se verifique con el mismo rigor mostrado con él con sus competidores peruanos, rusos y uzbekos.

El argumento, no obstante, no es que él pueda hacerlo porque todos o muchos probablemente lo hacen y no son descubiertos sino que la utilización de un producto mejorante que esté al alcance de todos puede ser tachado de trampa con la misma razón con la que podría serlo el hecho de que unos puedan entrenar en centros de alto rendimiento y otros no y unos atletas tengan sueldos que les permitan vivir dedicados al deporte y otros no.

La obsesión fundamental de las autoridades deportivas por mostrar el deporte con un halo de blancura es incomprensible para quien lee la prensa. Todos los deportes tienen practicantes que se drogan y nadie cree que hayan conseguido ser mejores gracias a lo que se toman.

Además en los delitos sin víctima, las autoridades son cada vez más arbitrarias a la hora de buscar culpables. En el caso de los deportistas de elite se acusa y se enjuicia normalmente a «su entorno» es decir no a la demanda sino a la oferta, como en el caso general del consumo de drogas en España, en  el que los consumidores no son penalizables. En otros ámbitos, sin embargo, se quiere penalizar a los clientes, a la demanda y no a la oferta. Y es que al no haber víctima, la única víctima posible es la «moral pública» y sus detentadores pueden ser tan volubles como quieran sabiendo que son los únicos guardianes.

Por esas razones, lo de Paquillo y casos similares me pueden parecer una estupidez, pero no una trampa. Trampa es tener un amigo juez que no se aparta a la hora de juzgarte cuando estás de porquería hasta las corvas. Trampa es gastarse millones de euros en convencer a un grupo de personas de dudosa trayectoria de que una ciudad debe ser elegida sede olímpica cuando se sabe que ese año no toca. Trampa es ser elegido por tu partido gran mandamás deportivo por el bagaje de haberle dado seis patadas a un bote. Trampa es que estos comportamientos queden siempre impunes.

Tomarse toda la mierda del mundo para intentar hacer mejor los 20 Km. marcha porque algún idiota ha sabido convencerte de que lo necesitas no es trampa porque no sacas provecho, la norma que se te aplica es como poco arbitraria y porque según los mentideros esa prueba se debería hacer a todo el mundo incluyendo a todos los dirigentes de las entidades financieras que han permitido la situación en la que nos encontramos.

Una respuesta to “Los tramposos.”

  1. Avatar de Carmen Carmen Says:

    A mí lo que me parece tramposo es que el deporte de competición se ponga metas cada vez más imposibles de conseguir si no se droga uno o se transmuta, que se quiera vender el deporte como algo sano y solidario cuando, para conseguir el éxito los deportistas de élite deben dejar sus vidas en ello y cuando se convierte en un negocio que mueve millones de euros o de lo que sea y, por lo tanto, genera negocios sucios, navajazos y corrupción, y sueldos millonarios para los ganadores.
    También me parece tramposo que los únicos modelos que se potencien sean los correspondientes a los deportistas de élite…

Los comentarios están cerrados.