3. De Madrid a Delhi.

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Es domingo y de nuevo mi hijo nos lleva al aeropuerto. Se nota lo temprano de la hora en que apenas hay circulación en la carretera y en que el aeropuerto esta medio vacío, cosa que parece que no ocurre con nuestro vuelo. Lo hacemos de nuevo con la lineas de Qatar y en la cola de facturación una azafata nos pregunta por nuestro destino final. El que va detrás de nosotros, que tiene acento mejicano y que viaja solo, le dice que a Doha: “Señor hay overbooking, ¿querria cambiar su billete por otro vuelo y la compañía le recompensaría con 600 euros?”. “Pues es que tengo que trabajar mañana en Doha (iba con un casco de trabajo debajo del brazo, la primera vez que lo veo) y tengo que llegar hoy”.
Le comento lo fácil que sería ganar 600 euros y me vuelve a contar lo que le ha dicho a la señorita. Pero mi frase parece que le ha hecho recapacitar y la pasta es la pasta, así que la vuelve a llamar y le pregunta: “¿Y cuando llegaría a Doha?” “Si quiere esta noche con un vuelo de las lineas turcas que le llevarían con escala en Estambul”. “¿Y cómo me lo pagan?” “Se lo ingresamos en una cuenta bancaria que usted nos diga”.
Claro, ha sucumbido a los 600 euros.
Os cuento la historieta porque he aprendido que además de toda la información que llevas también hay que apuntar un numero de cuenta bancaria.
Lo curioso es que volviendo una vez desde Japón también oí esta petición y creo que ofrecían 600 dolares,  pero me parecio tanta pasta por retrasar el viaje que pensé que lo habia entendido mal.
La T1 de Barajas esta un poco cochambrosa; nada que ver con la magnificiencia de la T4. Bastantes sillas con el asiento roto, como en los paises pobres del tercer mundo.
En la sala de embarque estoy sentado al lado de un oriental. Me mira de reojo el reloj y se da un buen susto. Seguro que viene de algún sitio lejano y no sabe qué hora es en España: “ Por favor, ¿qué hora es?”  Y es que el reloj solo lo utilizo en estos viajes –no llevo reloj desde el año 1975, o antes- y llevaba la hora de Bangkok. Le he debido parecer un excéntrico.
En el vuelo echo una ojeada a la revista de la compañía aerea. ¡Mira que se gastan pasta y qué poca informacion hay!. Leo un pequeño artículo sobre la primeras máquinas fotográficas de Kodak y acaba con la frase que dejo escrita el señor Eastman, que como todos sabéis, o deberíais, fue el fundador de la compañía, cuando se pego un tiro en el corazón debido a los sufrimientos que le provocaba una enfermedad que padecía: “A mis amigos. Mi trabajo esta hecho, ¿porqué esperar?”.
Aunque hubiese sido el hombre mas bondadoso de su comunidad, que a lo mejor lo era, el purpurado español no lo hubiese promocionado a los altares, pues su doctrina, como la de algún “ministro” de sanidad madrileño es: “Si te duele, te jodes”.
En cuanto despegamos aparece en las pantallas información sobre el viaje y como esta compañía es de un gobierno de un pais musulmán aparece sobre el dibujo del avión una flecha indicando la dirección de la Meca y su distancia, al comienzo mas de 2600 millas. Lo de la direccion lo entiendo, poco mas o menos, pues da por supuesto que los dioses, perdon el Dios, es unidireccional en su percepción, pero la distancia…¿Debe el fiel orar con más fuerza cuanto mas lejano está de la fuente del poder y la gracia? Bueno, es un tema realmente complicado y me temo que ninguno de mis lectores podra darme un poco  de luz sobre él.
El sistema de entretenimiento e información de este Airbus, o sea la pantallita para ver los filmes y las series de Tv no funciona. La azafata me dice que lo restaurará. Al rato aparecen sobre todas las pantallas una serie de mandatos de la aplicación informática y al final un pingüino. ¡Estaba en Linux! Menos mal porque si es del otro no acaba hasta llegar a destino. O como en el famoso chiste de Gates y Ford y nos hacen bajar a todos del avión y subir otra vez.
Nos dan un aperitivo, una comida y nos vamos acercando al destino. Aunque los lugares por los que pasamos son desérticos el cielo está totalmente cubierto y me pierdo el desierto líbico, el famoso de Almasy, el de “El paciente ingles”. Además como volamos hacia el este a las 4 de la tarde hora de Madrid se hace de noche.
Una vez que voy al lavabo veo entre la puerta de éste y la de emergencia, en un rinconcito, a una niña de pie con la cabeza muy cubierta y a una jovencita arrodillada sobre una alfombra rezando. Cuando acaba la serie de movimientos y de rezos se levanta y se arrodilla la niña. Me sorprende el rezo, y más siendo chicas,  y más todavía que a pesar de la información en las pantallas de la dirección a la Meca, ellas estén rezando con una diferencia de 90 grados con respecto a la dirección ortodoxa. Y he pensado que quizás eran de una secta herética: “los que rezan hacia el norte”.  Aunque el islam no se
distingue por ser muy tolerante con sus disidentes.
Y así llegamos al aeropuerto de Doha, un complejo enorme pero sin “fingers” (que si pongo “Sin dedos” creeríais que es una excentricidad mía). Y como parece que les da lo mismo llevarte en autobús 500 metros que a Soria, pues eso, que parece que nos llevan desde Barajas a Medinaceli.
En el aeropuerto el ambiente de sus tiendas es de lujo, pero no así la mayoría del personal que deambula por allí. Mucha gente oscura y eso ya sabéis que no es lujoso.
Y de Doha a un nuevo avión que nos llevara a Delhi.
La primera sorpresa es que el vuelo sale una hora mas tarde de lo que yo sabía y así llegaremos más tarde y la segunda es que la duración del vuelo es sólo de dos horas y media. En España es pronto, en el destino final muy tarde y con una cena de por medio no da tiempo a dormir y así me enfrento a uno de esos extraños vuelos hacia el este.
Llagamos a Delhi y tenemos que pasar  un control de gripe. La de los cerdos mejicanos. Como en el formulario que debemos rellenar dice que España es uno de los países infectados tengo que ponerlo e imagino que nos separarán de la fila y nos haran un chequeo, por lo menos de palabra. Pero estamos en la India, mezcla de lo más nuevo y de lo más antiguo. El medico (¿?) tiene una pantalla enorme donde se nos ve a los viajeros  como un ectoplasma en movimiento . Ni la mira.A lo mejor es que cuando pasa un apestado se pone a gritar. La pantalla. O quizás el funcionario. Pero el tío ni  te echa una ojeada. Debe confiar ciegamente en la técnica.  Te pone un sello en tu documento para que puedas ir a la emigración y echa el duplicado en un montón. ¿Qué harán en la India con todos los formularios que se llenan?
Llegas a la ventanilla de emigración y allí te vuelves a encontrar con la India más profunda: un funcionario que con una mano sostiene tu pasaporte y con  un dedo de la otra va tecleando los datos de tu vida. ¡Con un dedo de una mano! Con la pasta que pagamos por el visado podían darle un cursillo de mecanografía.  O contratar a un consultor japonés que les explicase cómo se hace.
Marisa se queda sorprendida de lo mucho que ha mejorado el aeropuerto en estos años. Pero su equipaje no sale. Cuando paran la cinta acudo a un empleado de esos que sin llevar uniforme exterior se les nota (que lo llevan por dentro, no, no con una camiseta o un sujetador, me refiero al alma). Que antes de reclamar mire al final de la cinta. Pues allí está en el suelo junto con otra docena más.  No se si es que se caen o es que creen que si llegan al final es que no los quiere nadie y no es una cinta sin fin.  Y esto os lo cuento como un detalle práctico para que lo tengais en cuenta si llegais a Delhi.
Así entre que el avión salia una hora mas tarde, que en Delhi nos dejaron casi 20 minutos antes de llegar al “dedo”, el control de sanidad, el exasperante funcionario “teclea-con-un-dedo-y-despacito”, solo nos faltaba lo del equipaje.
Pero la noche no había acabado aunque ya estabamos en Delhi. La India de nuevo.

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